China, el gigante también sufre

Si China decidiera vender sólo una parte de sus reservas en dólares, que hoy llegan a los dos billones, provocaría el desplome de la divisa, y la Reserva Federal se vería obligada a subir la tasa de interés a niveles que paralizarían a ese país. Esto aceleraría la contracción y al mismo tiempo frenaría en seco la maquina exportadora china, con un fuerte impacto recesivo. Esto es lo que se conoce como el equilibrio de terror financiero.

Desde mediados de los año 90 que se viene advirtiendo sobre el peligro de lo que implica que EEUU se dedique a comprar y China a vender. En cierta medida este funcionamiento a dos motores, con los Estados Unidos consumiendo y China produciendo, impulsó a la economía mundial durante los 90 y parte de esta década. Hasta se pensó en el desacople de las economías emergentes de la dependencia de la economía estadounidense. El aspecto que quedó fuera de los cálculos fue el enorme déficit que acumularía Estados Unidos en aventuras no vinculadas al comercio internacional. Sólo las pérdidas de la guerra de Irak acumularon en los últimos cinco años un nivel de tres billones de dólares (un tercio de su déficit).

De ahí la importancia que tenga la economía China en virtud a su capacidad de “tomar el relevo” del motor económico frente a la actual crisis. El dragón asiático ha crecido a tasas superiores al 11% durante los últimos 20 años, lo que ha significado triplicar el ingreso per cápita de un país que en los años 50 tenía más del 80% de población rural. El silencioso desborde urbano le ha significado una inyección de 100 habitantes por minuto a las grandes ciudades en la última década, lo que la llevará a tener una población urbana del 50% el año 2012.

Parte del rapido crecimiento en sus manufacturas, que representan el 40% del PIB, es producto de la abundante oferta de mano de obra. La producción de bienes de consumo, así como la industria automotriz y la construcción, fueron el motor de esta economía. Por ello una caída de un punto porcentual en su tasa de crecimiento (bajar del 11% al 10%) sea relevante para un país de 1.300 millones de habitantes. Más aún si su crecimiento se ralentiza a niveles del 5% a 6%. China necesita una tasa de crecimiento mínima del 8% para ser capaz de absorber a los 25 millones de habitantes que se suman a la fuerza da trabajo cada año. Por ello es que una caída en el crecimiento del 11% al 6% seria el equivalente a una recesión, lo que significaría un aterrizaje forzoso para el gigante asiático.

El dato relevante es que las exportaciones chinas representan el 35% de su PIB, del cual su mayor porcentaje estaba destinado a los Estados Unidos (15%). La caída en el consumo estadounidense será la mayor en dos décadas y esto hace pensar en una temporada navideña compleja. La Federación China de Logística y Compras ha señalado que la crisis ha erosionado las exportaciones con una caída en el índice de producción industrial de 44,3 puntos en octubre versus los 54,6 de septiembre. Una cifra bajo los 50 puntos es una señal de alerta.

Agotados los recursos de la política monetaria con las bajas sostenidas en la tasa de interés y la fuerte flexibilización de los créditos, al gobierno chino no le queda más que incrementar el gasto en infraestructura para contrarrestar la demanda externa. Del éxito que tengan estas políticas puede depender el curso que tome la crisis mundial el año que viene.

Imagen | cogdogblog

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