El plan de Trump puede no funcionar: repatriar producción tal vez no cree tantos puestos de trabajo

Todos recordamos aquel "Make America Great Again" que fue el slogan de la campaña electoral del presidente Trump. Con él, Trump abanderó una política económica cuya prioridad declaró públicamente que era un "America first, America first, America first". Entre muchas otras cosas, estas dos consignas son traducidas por el magnate en la intención de repatriar a los Estados Unidos muchos puestos de trabajo de empresas del país de las barras y estrellas, incluídos los de manufacturas y plantas de producción, que salieron con la globalización a la caza de costes laborales un orden de magnitud por debajo de los existentes en los países desarrollados.

Y a estas alturas de la nueva legislatura del presidente Trump, creo que a nadie bien informado le quedará la más mínima duda de que el magnate va a cumplir la inmensa mayoría de sus dispares promesas electorales, estando más que dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias.

De la crisis asimétrica a la fractura social ciudad-rural

Sin entrar en el debate de si esto es ético, lícito, fiel a los valores de una economía abierta y de libre mercado tradicionales en aquel país, o de si simplemente si tiene futuro, así como de todas las derivadas que se les puedan ocurrir al respecto, en el post de hoy nos vamos a limitar a tratar de ver si las medidas que propone el presidente acabarán trayendo el resultado deseado, o si por el contrario pueden traer algún otro resultado indeseado.

Ya les hemos hablado en artículos anteriores de la coincidencia geopolítica entre los graneros de votantes de Trump y las zonas donde la deslocalización y la competencia de productos de China han tenido mayor incidencia, según les documentamos y analizamos en el artículo "Trump y el posible paso atrás de la globalización". Es precisamente en esos pueblos y ciudades del Midwest norteamericano donde el mensaje electoral de Trump ha calado más hondo, y donde siguen respaldando incondicionalmente al ahora ya presidente, incluso tras la manifiesta puesta en marcha una miríada de políticas de toda índole que están desatando tormentas por (casi) todo el planeta. Y recordarán que también les he escrito sobre cómo tras el vuelco electoral que ha dado la victoria a Trump están los cristales de un American Dream que está roto: "El American Dream está roto y por eso los americanos votan a Trump: "Es la economía, estúpido"". Lo que analizaremos hoy son los desafíos y los riesgos a los que se enfrenta la supuesta receta de Trump para reconstruir este American Dream.

Ello ha traído además una fractura social en la primera potencia económica del mundo, con una sima que se abre entre las grandes metrópolis y los polos de actividad económica, que está ideológicamente enfrentado principalmente con el entorno menos cosmopolita del país. Pueden leer sobre los detalles y las cifras que hay detrás de la afirmación de que existe esta profunda brecha social ciudad-rural en Estados Unidos, que se amplía día tras día según relatan en el interesante artículo de The Guardian "A divided empire: what the urban-rural split means for the future of America", y simplemente les expongo aquí que puede acabar trayendo importantes consecuencias socioeconómicas en la potencia norteamericana.

Tratando de repoblar el Midwest americano de empleos

Volvamos a la cuestión de si la política de repatriar industria manufacturera y plantas de producción a suelo estadounidense conseguiría repoblar el Midwest de puestos de trabajo, y volver a hacer del American Dream algo tangible de nuevo para los ciudadanos de aquellas longitudes (más que latitudes). Respecto a este tema, les enlazo el excelente artículo cuya lectura me ayudó a acabar de decidirme a escribirles a su vez este artículo a ustedes. Es un artículo nada más y nada menos que del mismísimo MIT (Massachusetts Institute of Technology), y lleva por título el incendiario "Los trabajos manufactureros no van a volver".

La tesis de base sobre las que se fundamenta el artículo anterior son básicamente dos. En primer lugar, describe la realidad económica estadounidense como afectada gravemente por un progresivo deterioro de la actividad manufacturera, que lleva décadas en contínuo e imparable descenso. Ello ha acabado por impactar en la fuerza laboral, que a la vez son también votantes, y ha acabado por traer un descontento popular que ha visto en Trump la única y proteccionista salida. El autor del artículo anterior, Mark Muro, coincide con un modesto servidor en que, tras estos factores, se esconde probablemente una de las principales causas de la victoria de Trump.

Por ponerles en antecedentes, y además para poder proyectar el futuro que el artículo requiere, hay que exponer también aquí los datos que arroja el tejido productivo estadounidense. Estos datos muestran un profundo declive manufacturero, con una tendencia fuertemente bajista que tiene su origen hace tres décadas, en aquellos ya lejanos años 80. Dicha tendencia ha llevado a la contundente pérdida de más de un tercio de los puestos de trabajo manufactureros que estaban radicados en EEUU, lo cual se traduce en más de seis millones de puestos de trabajo volatilizados, que se han quedado sin las barras y estrellas con las que hasta unos años antes les pintaban el American Dream a la estadounidenses, y que ahora buscan en Trump. Una parte importante de ese descenso de empleo manufacturero se cebó en el Midwest y en los estados del denominado "Rust Belt" (o "Cinturón de óxido", apodo que hace referencia a su carácter industrial), un polo manufacturero que abarca(ba) además del Midwest también al conocido como Midatlantic.

Baltimore: máximo exponente de la precariedad socioeconómica tras la deslocalización

Como extremo más oriental, les diré que el Midatlantic acaba en Baltimore, ciudad costera que se caracterizó en su día por ser uno de los puertos más importantes de la costa este. Como pueden leer en este artículo del National Observer, hasta la década de los 80, Baltimore era una próspera ciudad que disfrutaba de una amplia clase acomodada, y donde los ingresos medios por hogar superaban en un 7% a la media nacional. El número de familias de clase media superaba en una quinta parte a la proporción del resto del país, y el número de ciudadanos en situación de pobreza era inferior a la media estadounidense también en una quinta parte. En el apogeo de su boom económico, tres cuartas partes de los trabajadores de la ciudad pertenecían al sector de la industria manufacturera o al sector portuario. Su puerto no sólo se beneficiaba de la pujante industria local, sino que era la vía de salida natural al mar de las mercancías producidas en el importante cinturón industrial del "Rust Belt", que se extendía por el este hacia el Midwest americano.

Por que se hagan idea de hasta dónde puede llegar el insospechado drama del sueño americano roto, pueden leer en este artículo de ABC News, que lleva el representativo título de "Baltimore es la capital estadounidense de la heroína", y que revela cómo en una ciudad de poco más de 600.000 almas, hay una impactante cifra de 60.000 heroinómanos: ni más ni menos un 10% de la población consume este potente, adictivo, y peligroso estupefaciente. Además, el declive económico también ha llevado a un importante descontento social. Éste estalló en una cruda ola de violencia que saltó hace unos trimestres a los titulares de todos los telediarios del mundo, según pueden leer en esta noticia del momento publicada en la CNBC.

Y no cometan el error de pretender atribuir estos recientes episodios violentos en esta ciudad meramente a la violencia racial. La verdad es que, en Baltimore y en otras localizaciones, es el hombre blanco de clase media el que más fielmente representa el perfil del descontento popular. El reflejo de esta afirmación viene refrendado por el hecho de que un indicador tan representativo de la salud, el bienesar y la calidad de vida como es la mortalidad, se está disparando en este segmento de la población. Sí, como leen, aunque podría parecer a priori lo contrario, los hombres blancos de clase media estadounidenses están muriendo literalmente, según pueden leer en esta noticia de The Atlantic. Les pido que presten especial atención al gráfico y al gap de mortalidad que muestra: corta la respiración.

De la deslocalización al intento de relocalización bajo la sombra de la automatización

Pero por otro lado, el artículo del MIT también apunta a un segundo factor clave para explicar el futuro que puede haber tras las políticas del nuevo inquilino de la Casa Blanca. Se trata ni más ni menos de un problema del que un servidor hace tiempo que les hablar recurrentemente, y que es la evidente pérdida de puestos de trabajo que supone la automatización y robotización de la industria manufacturera, así como de las plantas de producción en general. La reciente revitalización de estos sectores de hecho ha abrazado la automatización y robotización de los medios productivos, y en este proceso de tecnificación el autor del MIT basa su argumentación para justificar que la medida estrella de repatriar producción a EEUU no va a generar ni de lejos tantos puestos de trabajo como muchos auguran, con más esperanza que como predicción.

Otro factor a tener muy en cuenta en este sentido es el que apuntan de que la actividad manufacturera en Estados Unidos de hecho ha recuperado la senda alcista desde 2010, poniendo fin al declive que caracterizó a la década pasada. Pero el hecho determinante es que esa tendencia positiva no se ha traducido en una creación acorde de puestos de trabajos en este sector productivo, cuyo número se ha mantenido cerca de los mínimos desde 1980. Para que se puedan formar una imagen de la realidad disruptora que hay tras el gap entre la producción manufacturera y su necesidad de mano de obra, les reproducirmos tambien aquí que, desde los 80, dicha producción ha mantenido mayormente una tendencia alcista que le ha llevado a incrementarse en un 150%. La otra cara del a moneda es que, en el mismo espacio de tiempo, el número de trabajadores que dicha industria emplea se ha reducido drásticamente, en una proporción que llega al 35% de disminución.

Más allá del análisis del MIT otro aspecto del futuro del mercado laboral de USA

Por si estos datos no arrojasen suficiente luz sobre la cuestión central de este post, añadiremos además que hay un problema que no han analizado en el artículo del MIT, y que paso a exponerles a continuación por su relevancia. Efectivamente, esta realidad de deterioro económico del Midwest y del Midatlantic tiene lugar con unas cifras de macroeconómicas que apuntan casi a una situación de pleno empleo en Estados Unidos, como pueden leer en este artículo de la CNN. La cifra lógicamente tiene truco (culinario, para variar), porque los números revelan que efectivamente hay poco desempleo en conjunto, pero lo que ocultan es que el empleo de calidad y bien retribuído ha dado paso a un empleo más precario, tanto en condiciones como en unos salarios que, en el mejor de los casos, crecen muy modestamente si no se han estancado.

Como se publicó en este artículo también de la CNN, el declive económico ha dejado a nada más y nada menos que 6 millones de trabajadores estadounidenses que trabajan a tiempo parcial, pero que en realidad están buscando un trabajo a tiempo completo que no llega, teniendo incluso a tener que recurrir a compaginar varios trabajos simultáneos para llegar a fin de mes. La mayoría de los americanos de case media ha pasado de la próspera situación de décadas atrás, a ver cómo el American Dream se alejaba por mar a toda máquina, según algunos supuestamente rumbo al Pacífico.

Pero la gravedad de la situación no queda aquí. Aún en el supuesto de que la automatización no acabase por malograr la política de repatriación de producción de Trump, lo cual ya es mucho suponer, si efectivamente acabase creando un número importante de puestos de trabajo de calidad, es más que probable que el proclamado "America first" de Trump haría que sean americanos los que la administración tenga como público-objetivo para ocupar esos puestos recién repatriados. Esos trabajadores, ahora en empleos mal retribuidos o a tiempo parcial, dejarían sus aborrecidos trabajos actuales, que no obstante deberían pasar a ser ocupados alguien, pues siguen siendo puestos que es necesario cubrir económicamente.

En una situación de pleno empleo técnico, y cerrando drásticamente las puertas a la mano de obra inmigrante, ¿Cómo pretende la nueva administración estadounidense cubrir esa rotación en los puestos de trabajo de menor cualificación y condiciones? Un servidor no logra encontrar una solución para esta incógnita. Sinceramente espero que haya algún término de la ecuación que el presidente Trump tenga en mente, porque en caso contrario el mercado laboral estadounidense puede sufrir peligrosas e inesperadas tensiones que dañarían el naciente y el antiguo tejido productivo, y por extensión a toda la economía nacional y... mundial. Con Trump o sin él, Estados Unidos es la primera potencia económica del planeta, y ya saben aquello de que cuando Estados Unidos estornuda, otros se resfrían.

Destrucción de riqueza de clase media a nivel global y medidas para su sostenibilidad en USA

Pero además hay otro factor importante muy a tener en cuenta en el mundo (por ahora todavía) globalizado de hoy en día, en el cual un país se desahoga adoptando unas medidas que inicialmente parece que sólo perjudican a terceros, y que finalmente, ¡O casualidades de la globalización hiperconectada!, le acaban volviendo como un Boomerang.

La repatriación de industria manufacturera que pretende ejecutar la administración Trump obviamente va a suponer una destrucción importante de tejido productivo en países emergentes como China o India. Habrá cierre de fábricas, pérdida de puestos de trabajo, disminución de poder adquisitivo, y en resumen: declive y potencial inestabilidad social. Pero no voy a abordar los riesgos geoestratégicos de una potencial inestabilidad político-social en países tan populosos como China o India, por más obvios que puedan parecer. Por supuesto también está el aspecto social del drama en el que se puede ver inmersa la incipiente clase media que se ha creado en estos países al calor de la deslocalización. En este post nos vamos a atener a la mera ecuación económica global por la que, en conjunto, se va a destruir riqueza de clase media, la que más estabilidad y más capacidad de progreso otorga a las economías y sistemas. Les digo esto porque literalmente se van a destruir puestos de trabajo en países emergentes, pero además sin que ello se vaya a traducir en una proporción comparable de creación de puestos de trabajo en EEUU.

Y no se equivoquen en ver este artículo como tendencioso, no lo es, ni hacia la deslocalización, ni hacia la relocalización. Nos estamos limitando a analizar la efectividad y últimas consecuencias de unas medidas que toman otros, y que son ustedes los que se deben sentir libres para juzgar subjetivamente. Con franqueza, yo no me siento capaz de decirles si, una vez llegados a este punto de sinsentido, es preferible seguir alimentando la terrible cifra de heroinómanos en ciudades como Baltimore, o forzar a millones de chinos a volver a cultivar campos de arroz en el medio rural bajo condiciones de miseria.

Ya no hay solución buena para una ecuación que los promotores de la globalización se han planteado demasiado tarde. Como ya les he comentado otras veces, un servidor viene advirtiendo de la poca planificación y los desequilibrios con los que la globalización se estaba implementando, y ello ha creado unas terribles asimetrías cuyas consecuencias algunos sólo están viendo ahora, una vez que son evidentes, tangibles e... inevitables. Si aún no lo han hecho en los links que les he incluido en otros posts, pueden leer lo que publiqué hace años al respecto, "El capitalismo contiene la semilla de su propia autodestrucción", apuntando entonces ya a temas que han acabado demostrando ser clave en los terribles problemas que sufrimos a día de hoy. Es por asuntos así por lo que en los análisis que les traemos siempre tratamos de anticiparnos a amenazas socioeconómicas: la mejor solución es siempre aquella del problema que no llega a ocurrir.

Como apuntaba el MIT, si la industria a repatriar apuesta por la automatización y la robotización como ha venido haciendo en las últimas décadas, el cómputo global económico es negativo en términos generales. Y ahora la pregunta siempre perspicaz que espero esté dibujándose en sus mentes: tras un panorama tan potencialmente sombrío, ¿DerBlaueMond no nos trae ninguna propuesta para evitar (o paliar) el desastre? Pues ya saben que siempre me esfuerzo por intentar no defraudarles, y partiendo de la premisa de que Trump parece decidido a repatriar industria sí o sí, la solución que les traigo permitiría acometer este proceso de relocalización con algo más de garantías en lo que se refiere a la sostenibilidad económica, al menos para el sistema estadounidense. Desgraciadamente aún no tengo una idea feliz sobre cómo China o India pueden capear esta potencial fuga de empresas, más allá del poco original y eternamente visto como milagroso bálsamo del tigre (nunca mejor dicho) en temas económicos: fomentar el consumo interno. No es ninguna idea especialmente creativa, soy consciente de ello, pero no debemos olvidar de que el consumo interno se trata de una fuerza económica potencialmente muy relevante en naciones donde los consumidores se cuentan por cientos de millones.

Una propuesta de futuro (inelubible)

La solución que les decía que les traigo para el caso estadounidense es una solución que ya les he propuesto en el pasado también, más concretamente para la ecuación de la insostenibilidad de los sistemas de pensiones europeos. A los asiduos de mis posts puede sonarles a conocida por ello. La solución es la única solución de futuro que se me ocurre para afrontar los desafíos de la ecuación que suma tecnología y economía. La propuesta se basa en legislar para que los robots deban aportar cotizaciones sociales, y se la expuse detalladamente en el post "La robotización de la economía y la sostenibilidad de las pensiones pueden ser compatibles". He de reconocerles que me resulta gratificante haber visto que, con posterioridad a la publicación de mi propuesta como podrán comprobar ustedes mismos en las fechas de ambos artículos, ha sido hecho público por parte de las instituciones europeas que ya estaban trabajando internamente en una propuesta idéntica, según pueden leer en esta noticia. No se pueden ustedes quejar en cuanto a la calidad, creatividad, y anticipación de nuestros análisis. Les tratamos como lectores del más alto nivel, lo cual es realmente lo que son ustedes para nosotros.

Cuando Trump relocalice tejido productivo se va a encontrar en una encrucijada. La economía estadounidense ha sido pionera en abrazar nuevas tecnologías de automatización y robotización, y el haberlo hecho ahora le lleva a la necesidad ineludible de que deben abrazar también la innovación socioeconómica para poder cimentar una sociedad del futuro sostenible. En ese plano, Europa les ha demostrado que también es capaz de concebir el futuro desde otra perspectiva, y de dar forma a sistemas por venir (o a una constructiva evolución del sistema actual) con decidida innovación; de hecho, socioeconómicamente, como han podido leer, en este tema concreto les hemos tomado la delantera. Esperemos por el bien de todos que los estadounidenses sepan ver el desafío a tiempo. Nosotros ya les hemos mostrado cuál es el único camino que hoy por hoy parece viable para asegurar el futuro de nuestros sistemas socioeconómicos. Deben darse cuenta de que no es sostenible económicamente ni socioeconómicamente tener a millones de robots produciendo para unos ciudadanos a los cuales se les ha privado de los medios laborales para que puedan seguir siendo consumidores, y además pretender que sean precisamente estos ciudadanos empobrecidos los que se hagan cargo del sistema haciéndolo sostenible con sus cotizaciones sociales.

El futuro es difícil de inventar, pero fácil de elegir una vez que lo han inventado otros. A los europeos no nos importa que nos sigan en nuestras iniciativas si ello asegura la estabilidad de otros países y, por extensión, del sistema global en su conjunto. Como decía Steve Jobs: "La mejor forma de predecir el futuro es inventarlo". Inventémoslo pues entre todos. Tenemos una cita ineludible con el futuro, y la obligación de entregar un sistema sostenible a nuestros hijos. El vértigo hay que tenerlo sólo ante la inacción, o ante la adopción de políticas sin visión de futuro. Desde estas líneas, por nosotros (y por ustedes) que no quede.

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