Vivir solo en España ya no es una decisión personal, sino también económica. Al menos, mucho más de lo que lo fue en el pasado reciente y no tan reciente.
Según un análisis elaborado por Raisin, el gasto medio por persona es un 86 % mayor cuando se vive solo que cuando se comparte hogar en pareja. El porcentaje, que casi duplica el gasto medio para los solteros, se sitúa en unos 932 euros extra al mes (unos 11.000 euros por año) para mantener un nivel de vida equivalente con alguien que convive y reparte los gastos.
La prima económica por vivir solo
El cálculo parte de una realidad sencilla: muchos gastos no se duplican cuando se vive en pareja. El alquiler, la hipoteca, la conexión a internet o ciertos suministros son costes prácticamente fijos. Compartirlos reduce drásticamente el coste per cápita.
Por descontado, hay muchos modos de vida o fórmulas de convivencia que permiten repartir gastos y ahorrar. Sin embargo, en la práctica, estas alternativas suelen estar más asociadas a etapas concretas, como la juventud, la precariedad inicial o la transición hacia el mercado laboral (o solía ser así), y chocan con factores como la edad, la estabilidad profesional o el modelo mayoritario de independencia residencial.
A medida que se avanza en el ciclo vital, la expectativa social y económica tiende a desplazarse hacia hogares unipersonales o familiares, donde la posibilidad de compartir costes fuera del ámbito de la pareja se reduce considerablemente.
Lejos de ser un fenómeno minoritario, los hogares unipersonales representan una parte creciente de la estructura social española. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), cerca del 28 % de los hogares en España están formados por una sola persona, lo que supone más de cinco millones de viviendas.
Además, las proyecciones demográficas del propio INE apuntan a que esta proporción seguirá aumentando en las próximas décadas, lo que convierte el coste de vivir solo en una cuestión estructural y no anecdótica.
Los datos oficiales ayudan a entender la magnitud del fenómeno. Según la Encuesta de Presupuestos Familiares del INE, el gasto medio por hogar en España alcanzó los 34.044 euros anuales en 2024, mientras que el gasto medio por persona fue de 13.626 euros.
La vivienda es la partida más pesada dentro del presupuesto doméstico, lo que explica que no repartirla tenga un impacto desproporcionado. El informe de Raisin estima que para mantener un nivel de vida comparable al de una pareja en la que cada miembro gana 32.000 euros anuales, un soltero necesitaría ingresar casi 60.000 euros al año.
El problema: el salario medio está muy lejos
Ese umbral contrasta con el mercado laboral real. Las estadísticas laborales europeas sitúan el salario medio bruto anual en España en el entorno de los 28.000 euros, dependiendo de la fuente y metodología.
En este sentido, el nivel de ingresos que permitiría a un soltero aplicar con holgura la regla presupuestaria 50/30/20 (o sea, destinar un 50 % de los ingresos a las necesidades básicas, un 30 % a consumo y el 20 % restante al ahorro) queda muy por encima de lo que percibe el trabajador medio.
En pocas palabras, desde el punto de vista estructural, esto implica que el sistema económico está diseñado, de facto, para hogares compartidos. Además, el acceso a la vivienda multiplica este problema.
La brecha se amplifica en el mercado inmobiliario. El análisis de Raisin fija en 1.176 euros mensuales el coste medio del alquiler de una vivienda de 80 metros cuadrados en España. Para una persona sola, con un salario en la media, esto puede representar más de la mitad de sus ingresos netos.
Por supuesto, estas cifras están muy, muy lejos también del SMI de los asalariados y de lo que cobran un alto porcentaje de trabajadores autónomos en el país.
Mientras un soltero destinaría en torno a 2.016 euros mensuales a alquiler y facturas, una pareja necesitaría 2.167 euros entre ambos (1.083 euros por persona), lo que deja un margen adicional de más de 900 euros al mes frente a quien vive solo.
Asimismo, este efecto es acumulativo: menor capacidad de ahorro, mayor dependencia del alquiler y mayores dificultades para acceder a la compra.
Cuando la economía condiciona la vida sentimental
El impacto no es solo financiero. Según las mismas fuentes, el 37 % de los españoles afirma que sigue en su relación actual o está abierto a conocer a alguien por motivos económicos, un 25 % reconoce que comparte vivienda, principalmente, para ahorrar dinero.
No obstante, lo más destacado es que un 21 % cree que su relación cambiaría si mejorara su situación financiera y un 11 % afirma que, en esa situación, terminaría con su pareja. Unidos por la precariedad… hasta que la solvencia económica, si llega, nos separe.
Los datos no prueban, en absoluto, que el dinero sea el único factor en las relaciones sentimentales, pero sí sugieren que la vivienda y el coste de vida funcionan como un estabilizador económico capaz de retrasar rupturas o fomentar convivencias no planificadas.
Desde el punto de vista económico, se percibe claramente un problema de economías de escala domésticas, donde la fiscalidad, la vivienda y los costes fijos favorecen la convivencia.
De acuerdo, quizá España no “odia” a los solteros en un sentido literal, pero las políticas de mercado y las decisiones políticas asociadas hacen que vivir solo implique pagar una prima considerable. Así, en un contexto donde los salarios medios son los que son, y los alquileres siguen subiendo, vivir solos navega entre el lujo financiero y la elección imposible.
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