El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca el 20 de enero de 2025 vino acompañado de una declaración de amor total hacia el universo de las criptomonedas con la firma de la Ley GENIUS.
Tal y como publicó la propia Casa Blanca en su página oficial, el objetivo era convertir a EEUU en el país líder indiscutible en activos digitales.
Una legislación bautizada como histórica por el propio gobierno y con el fin de allanar el camino hacia una revolución global de las monedas digitales.
De hecho, solo un par de meses más tarde, en marzo de 2025, el mandatario reunió a parte de la élite del sector en una cumbre en la que dejó clara su ambición: defender una narrativa favorable al desarrollo de activos digitales.
Este acontecimiento, para sorpresa de nadie, coincidió también con una deriva patrimonial dentro de la propia familia Trump.
Sus hijos, Eric y Donald Trump Jr., empezaron a liderar una apuesta ambiciosa por el bitcoin. Apoyada tanto en la tendencia alcista previa del mercado como en la previsión de que el nuevo contexto político impulsaría su adopción a gran escala.
Una inversión de 2.400 millones en pleno auge del mercado
Según datos recogidos por Forbes, la inversión total en bitcoin y activos vinculados superó los 2.400 millones de dólares, financiados en parte mediante la retirada de 1.400 millones en acciones de Trump Media & Technology Group y otros 1.000 millones en instrumentos financieros convertibles.
En paralelo, la exposición al grupo mediático se redujo de forma significativa, pasando de una participación superior al 50% a cerca del 40%.
Este movimiento reflejaba una clara apuesta por trasladar parte del patrimonio familiar desde activos tradicionales hacia el mercado cripto.
Pero claro, en ese momento, el entorno acompañaba. El bitcoin llegó a cotizar en torno a los 108.000 dólares en mayo de 2025 y continuó su escalada hasta superar los 119.000 dólares en verano, impulsado por la liquidez global, el interés institucional y la expectativa de regulación favorable.
El papel de la política económica y la regulación
Animado, Trump firmó una orden ejecutiva para crear una reserva nacional de bitcoin y promover un marco regulatorio más flexible para los activos digitales. También, figuras relevantes del sector le respaldaron.
Y con todo ello, la familia Trump volvió a venirse arriba. Ampliando su exposición con inversiones adicionales en tokens como Cronos, vinculados a plataformas como Crypto.com, en un intento por capitalizar el crecimiento del sector.
Giro del mercado y la caída del bitcoin
Sin embargo, el escenario cambió rápidamente en la segunda mitad de 2025. El endurecimiento de las condiciones financieras y el ajuste en los mercados globales, provocaron una rotación hacia activos más conservadores.
Y claro, las criptomonedas, tradicionalmente consideradas inversiones de mayor riesgo, se vieron especialmente afectadas.
A finales de noviembre, el valor de las posiciones en criptomonedas de la familia Trump había caído desde los 2.400 millones iniciales hasta aproximadamente 1.800 millones. Una tendencia que continuó en los meses siguientes.
En enero de 2026, con Jerome Powell manteniendo los tipos de interés elevados, el bitcoin registró descensos significativos, llegando a caer en torno a un 5% en una sola jornada. El valor de la inversión se redujo entonces a unos 1.700 millones de dólares.
En la actualidad, la exposición total se sitúa cerca de los 1.400 millones, lo que implica pérdidas superiores a los 1.000 millones respecto al importe inicial.
El precio del bitcoin ha retrocedido este mismo mes de abril hasta el entorno de los 73.000 dólares, muy lejos de los máximos alcanzados meses atrás.
Una estrategia basada en expectativas de crecimiento
La apuesta de los Trump se sustentaba en una premisa clara: el bitcoin seguiría una trayectoria alcista sostenida, apoyada en factores políticos, regulatorios y de mercado.
Sin embargo, la volatilidad lógica a estos activos ha demostrado, una vez más, que las expectativas pueden cambiar con una rapidez que ni el todopoderoso Trump puede corregir.
Y es que, a diferencia de los mercados tradicionales, donde los fundamentos empresariales o macroeconómicos ofrecen referencias relativamente estables, el comportamiento del bitcoin está más condicionado por factores como la liquidez global, el sentimiento inversor o la regulación. Y aquí Trump no manda.
Imágenes | Pixabay, El Confidencial
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