Monedas extrañas: el verdadero valor del dinero

Ya sé que estos días que apenas hay noticias algunas cosas corren como la pólvora y muchos lectores habrán leído sobre las monedas extrañas en muchos blogs y medios. Prometo no hablar mucho del tema, pero es que al verlo me han venido a la cabeza unas cuantas reflexiones sobre el verdadero valor del dinero.

Para los que no sepan de qué hablo, se publicó en un blog una entrada sobre monedas de curso legal en varios países. Estas monedas tienen cosas que no estamos acostumbrados a ver: no son planas, no tienen forma redonda, tienen más relieve del normal, colores extraños, etc. Algunas incluso parecen chapas o pines bastante cutres, de esos que regalan las empresas en las ferias. ¿De qué depende que la gente de un valor a estas “monedas”?

El valor que tiene el dinero es simplemente una convención. Es decir, da igual que miremos una moneda de euro o una moneda con forma de búfalo en Somalia: a no ser que algo extraño pase en la economía del país emisor, el coste de crear la moneda más los materiales que la componen es inferior al valor nominal de la moneda. Y no digamos de los billetes. Cuando vemos monedas tan extrañas, tan raras, nos da la impresión que seguir esas convenciones es algo ridículo. ¿Cómo voy a usar como moneda de cambio un cacho de metal que no sirve para nada? Es más, ¿cómo permito que me paguen mi trabajo en este tipo de materiales?

Como digo, cuando algo es una convención y todo el mundo lo acepta, las cosas, por más ridículas que sean, pasan a tener un valor. Y la emisión de monedas está respaldada por la economía de un Estado (o grupo de Estados). Por ejemplo, el billete de 500 euros al final es papel y pigmentos. Pero sabemos que un gran número de Estados en Europa lo usa como vehículo de sus transacciones comerciales, y nos permite comprar desde alimentos básicos hasta artículos de lujo. Los Estados garantizan que nadie más pueda crear dichos papeles y todo el mundo contento.

Es curioso que la historia haya logrado que aceptemos de una forma tan sencilla una convención que a mi por lo menos me parece algo ridícula cuando veo esta colección de monedas extrañas. Cambio muchas horas de mi trabajo por unas piezas y papeles que valen poco, pero lo hago porque todo el mundo acepta que ese es su valor. Y aunque cada vez hay más dinero electrónico y esto que estoy contando puede estar un poco desfasado, qué no decir de unos números en una base de datos…

Vía | Finance Blog
En El Blog Salmón | Las consecuencias del Facebook-credit; la moneda virtual de Facebook
Imagen | John Shlabotnik

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