Niño Becerra, economista, habla claro: “Nos dirigimos hacia un modelo con componentes del feudalismo y elementos de la monarquía absoluta del S. XVII”

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  • Según el economista, el mundo se encamina hacia una estructura social caracterizada por una distribución profundamente desigual del poder y los recursos.

  • Cree que la economía soporta cada vez más una fuerte intervención del Estado y provoca una sociedad profundamente desigual.

Sergio Delgado

El crecimiento económico mundial podría multiplicarse durante las próximas décadas. Pero no, eso no significa que todos los ciudadanos vayan a beneficiarse por igual.

Santiago Niño Becerra ha vuelto a advertir a través de sus redes sociales sobre el riesgo de que la riqueza termine concentrándose en un grupo cada vez más reducido de personas y empresas.

Según el Informe sobre la Desigualdad Mundial 2026, el 10% más rico de la población mundial concentra aproximadamente el 75% de la riqueza, mientras que la mitad más pobre posee apenas el 2%

El economista, archiconocido por sus análisis sobre las crisis económicas y las transformaciones del capitalismo, también vislumbra un escenario en el que los avances tecnológicos podrían agravar las diferencias sociales.

De hecho, fue el propio Fondo Monetario Internacional (FMI) el que ya advirtió de que la IA podría afectar a cerca del 40% del empleo mundial y agravar la desigualdad si no se adoptan medidas adecuadas. De momento, estas ni están ni se las espera.

Una renta mundial de 60.000 dólares que no llegaría a todos

Niño Becerra parte de una previsión que sitúa la renta por habitante del planeta en 60.000 dólares anuales en 2100. Sin embargo, considera que utilizar únicamente este promedio puede ofrecer una imagen engañosa de la prosperidad mundial.

Como referencia, menciona un PIB por habitante de 25.591 dólares internacionales, expresados en paridad de poder adquisitivo.

Y claro, las diferencias entre países son considerables. En las economías más ricas, este indicador ronda los 65.000 dólares, mientras que en las más pobres se reduce hasta los 2.711 dólares.

En determinados territorios con niveles de desarrollo especialmente bajos, las cantidades oscilan entre 380 y 550 dólares. O lo que es lo mismo: un aumento de la riqueza global no implica necesariamente una distribución más equilibrada.

La inteligencia artificial puede ampliar las diferencias económicas

Uno de los principales argumentos del economista está relacionado con el coste del desarrollo tecnológico.

La inteligencia artificial, los centros de datos y los sistemas avanzados de automatización requieren inversiones millonarias. Según McKinsey, la inversión mundial acumulada solo en centros de datos podría alcanzar los 6,7 billones de dólares hasta 2030, impulsada principalmente por el desarrollo de la inteligencia artificial.

Esta circunstancia favorece a las grandes corporaciones, que disponen de financiación y recursos para desarrollar tecnologías que muchas pequeñas empresas no pueden asumir.

Niño Becerra contempla, por tanto, una sociedad dividida en tres grandes grupos.

· Parte superior. Se situaría una minoría con capacidad para controlar grandes cantidades de capital y recursos productivos.

· Parte media. Aparecerían profesionales y trabajadores estrechamente vinculados a esas estructuras empresariales, que podrían disfrutar de una posición económica relativamente favorable.

· Parte baja. Estaría formado por la mayoría de la población, cuya capacidad adquisitiva dependería de las oportunidades laborales y de los ingresos que pudiera obtener.

Niño Becerra compara el futuro económico con el feudalismo

Es en este punto donde el economista introduce una de sus advertencias más contundentes. “Nos dirigimos hacia un modelo con componentes del feudalismo del siglo XI”. Es decir, a una estructura social caracterizada por una distribución profundamente desigual del poder y los recursos.

En el feudalismo medieval, una minoría controlaba buena parte de la tierra y de la riqueza, mientras amplios sectores de la población dependían económicamente de quienes poseían esos recursos.

El experto apunta a que podría producirse una concentración más o menos comparable, aunque adaptada a una economía dominada por grandes empresas tecnológicas y propietarios de capital.

De hecho, la propia referencia a elementos de la monarquía absoluta del siglo XVII, incluida en su tuit, refuerza esa idea.

Durante el siglo XVII, la economía de las monarquías absolutas europeas se caracterizaba por una fuerte intervención del Estado y una sociedad profundamente desigual.

La riqueza se concentraba principalmente en la nobleza, la Corona y determinados sectores privilegiados, mientras campesinos y trabajadores soportaban buena parte de la carga fiscal.

Imagen | Wikimedia Commons

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