Sentencias, laudos, y evasión fiscal

Hace un mes dedicaba, dentro de mi tour alrededor de las herramientas habituales de fraude fiscal, blanqueo y evasión de capitales, una entrada al mundo del arte. Alguno se podría sentir indignado. Ya está IC manchando este maravilloso mundo espiritual con el sucio dinero. Pues almas sensibles, el mundo es así, no lo he inventado yo. Y es tan curiosa nuestra sociedad, que tal que si fuese un medicamento homeopático, la Justicia, el Poder Judicial, que sería la ultima ratio a la hora de perseguir estas conductas, puede convertirse en ocasiones en la mejor de sus coartadas. Las sentencias como medio de blanqueo, tiene su gracia.

A estas alturas de la serie, quien no tenía ni dea ya es consciente de que todo esto va, como si fuese un truco de magia, de usar un señuelo, una coartada, un negocio ficticio, que encubre el trasiego del dinero, el flujo del mismo, enmascarando la naturaleza de las autenticas relaciones jurídicas y comerciales. Nada es lo que parece. Y puestos a buscar coberturas que mejor que un documento público, que una sentencia. Un excelente pasaporte para transitar por la ilegalidad.

¿Cómo? Inicialmente es sencillo. Pongamos que se quiere mover dinero de un país a otro. Se usan sociedades en ambos países, con actividad, obviamente, y del mismo sector. Formalizan un contrato para llevar a cabo, por ejemplo, el desarrollo de una master franquicia, una expansión comercial o vete a saber qué. Y digo que da igual ya que, y es evidente, no se busca cumplir dicho contrato. Todo lo contrario, lo que se busca es incumplirlo, que la sociedad que debe ser receptora de la suma demande a la otra, que gane el juicio, y así quede justificado, mediante la resolución judicial la transferencia de fondos bajo el supuesto de incumplimiento comercial, por ejemplo. Es evidente que dicho mecanismo puede ser usado también dentro del mismo territorio nacional.

Debemos ser conscientes de que aparentemente es fácil pero se ha de ser cuidadoso. Como dije, los profesionales han de observar que las sociedades tengan actividad, que el montaje sea creíble, y que el juicio no huela demasiado. Por no hablar de que las empresas se queman fiscalmente y no pueden usarse reiteradamente como factura-pleitos.

Evidentemente, uno de los grandes problemas de la justicia, en muchos países del globo, es su lentitud. Si uno desea un servicio de transferencia express deberá someter el contrato a arbitraje, que el costo será generalmente similar y andarán algo más ágiles. Seguramente se obtenga el laudo mucho antes que la sentencia equivalente.

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