Desde una torre de marfil


Normalmente escribimos, opinamos y hablamos. Afirmamos que las cosas han de ser de un modo u otro y nos suele parecer extraño o incluso estúpido que se hagan de otro modo. Pero lo cierto es que nosotros no tomamos la decisión y no nos hacemos responsables de las consecuencias de muchas decisiones.

En la vida económica y empresarial sucede bastante. Por ejemplo estaba muy claro que algunas decisiones tomadas por el gobierno no serían muy efectivas, pero nosotros no fuimos los responsables de no tomarlas y los que sufrirían las consecuencias de tomar decisiones alternativas.

Con las decisiones empresariales sucede algo parecido. En algunos casos algunas empresas estaba claro que tenían que tomar tal o cual decisión revolucionaria. Estaba claro que tendrían que cambiar una serie de cosas, que tomaban tal o cual camino revolucionario o no sobreviviría su negocio. Desde fuera parecía tan claro…

Pero esas decisiones nunca fueron tomadas, se tomaron las otras decisiones erróneas y vino el desastre. Eso nos permitió decir que teníamos razón y como hubiera sido haber tomado tal o cual decisión. Pero siempre desde nuestra torre de marfil.

Porque muchas veces opinamos (incluido yo) desde nuestra torre de marfil. No importa las consecuencias de nuestras decisiones, puesto que nosotros no somos los que tomamos las mismas. Se trata de una torre de marfil de la que no salimos, una torre de marfil en la que permanecemos cómodamente sentados en almohadones de seda intelectuales que nos permiten opinar sin temor. Pero quien toma las decisiones a veces está luchando en el fango mientras que le gritan desde torres de marfil que debe hacer. No estoy diciendo que no debamos opinar, pero siempre recordemos donde estamos nosotros y donde están aquellos que toman y ejecutan decisiones.

Imagen | Flickr

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