Movilidad laboral en Europa

La pasada semana la Comisión Europea volvió a sacar un nuevo plan para fomentar la movilidad laboral, esta vez relacionado con los fondos de pensiones de las empresas y facilitar su "portabilidad" tanto entre empresas como estados miembros. No es la primera medida tomada, ya desde 2002 se vienen probando distintas disposiciones que fomenten un mercado de trabajo más eficiente. Pero hoy por hoy su efectividad es bastante limitada, cuando solo un 1,5 por ciento de los trabajadores de la Unión están contratados en un estado miembro distinto al propio.

Cuando se habla de movilidad laboral siempre se recurre a la comparación con Estados Unidos, un país donde el cambiar de ciudad y estado de residencia es algo relativamente normal. Así, una de los imágenes recurrentes de series y películas que tenemos de ellos son los "garage sales" donde la familia se despoja de todo lo dispensable antes de embarcarse en un viaje que les llevará a la otra punta del país. Allí los estudios son claros, a mayor renta y nivel educativo, mayor movilidad, en una relación que se retroalimenta, ya que las personas que se mueven tienden a tener mayores posibilidades de mejorar en los dos aspectos y volver a cambiar de residencia al de un tiempo. Y no es solo el individuo el que se beneficia del cambio, sino la economía en general al poder disponer de personal especializado allá donde es más necesario y valorado. ¿Qué es lo que pasa en Europa? Cabría destacar que los países mediterráneos tienen menor tendencia a la movilidad y que existe una clara traba al movimiento interno, que es la falta de un idioma común. En España esto llega a extremos, con índices de internacionalización muy bajos, lo que durante un tiempo hizo complicado encontrar empleados dispuestos a ser expatriados, incluso con condiciones económicas muy ventajosas.

Sin embargo a futuro se puede percibir un cambio de tendencia, a medida que las nuevas generaciones se van incorporando al mercado laboral. La juventud comienza a ver Europa como algo menos distante y la idea de vivir en el extranjero para bastantes comienza a ser interesante. Los idiomas han pasado a ser una parte primordial en el sistema educativo y poco a poco, tal vez no tan deprisa como se debiera, la brecha con los países del norte de Europa, en donde el perfecto conocimiento de segundos y terceros idiomas es algo habitual, comienza a reducirse. Cabe destacar varios programas como Erasmus, Da Vinci o las becas de internacionalización de ICEX y de las distintas comunidades autónomas que son, si bien con ciertas deficiencias, un medio que se percibe válido para fomentar este cambio.

Vía | Financial Times (en inglés y €) En el Blog Salmón | Subvencionar el movimiento de trabajadores

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