Y las crisis económicas se producen más cuando gobierna...

Hay una pregunta recurrente en los medios durante cada nuevo periodo electoral. Pero no por manida y recurrente hemos de restarle la más mínima importancia; de hecho es una pregunta clave para definir el futuro económico del país durante la siguiente legislatura. Y la pregunta no sólo es recurrente en los medios, también lo es en las mentes de los ciudadanos que se preocupan por su economía, y que incluyen en su ecuación de decisión electoral la eterna pregunta: ¿Las crisis ocurren más frecuentemente durante periodos de gobiernos de izquierdas o de derechas?

La respuesta a esta intrigante pregunta es sin duda algo a tener en cuenta a la hora de votar, puesto que el discurso económico nunca falta en las campañas electorales. Ya les adelanto que no esperen que les demos desde aquí una interpretación subjetiva o una pauta lejos de nuestra intención. Ya saben que la tónica habitual de estas páginas es darles a ustedes datos meramente objetivos para que sean ustedes los que se formen su propia opinión, tan válida como la nuestra siempre que se hayan informado debidamente y hayan usado de forma diligente su capacidad de razonamiento.

El origen de la cuestión

Se preguntarán ustedes, ¿Pero por qué DerBlaueMond se pregunta precisamente ahora por una cuestión tan antigua como las campañas electorales? Pues simplemente porque hace unas semanas leí este artículo de PIMCO sobre el tema, tomando obviamente como escenario político el de Estados Unidos, y tratando de dilucidar si los responsables de las crisis son los demócratas o los republicanos. Y lógicamente me pregunté sobre cuál sería la respuesta a la pregunta anterior en el caso concreto de España. Intentaré dar una respuesta española a esta difícil cuestión, esperando que sepan apreciar el esfuerzo por mantener el rigor y evitar cualquier traza de subjetividad.

Tampoco les puedo negar que abordamos hoy esta cuestión por el compromiso que sentimos que tenemos para con la economía, algo que no sólo viene por el color salmón de nuestras páginas, sino también porque ya saben que siempre les digo que en el fondo de la economía depende todo. Sin dinero lamentablemente no hay sanidad, ni educación, ni cultura, ni ninguna de esas variables socioeconómicas de las que a menudo les hablo y que contribuyen decisivamente a definir nuestro bienestar y nuestro progreso como socioeconomía, además de la sostenibilidad de nuestros sistemas políticos.

El caso de Estados Unidos

Tras la lectura del link del artículo anterior, podrán ustedes ver como el autor aborda el tema con un sesgo que el mismo reconoce como abiertamente pro-demócrata (o de izquierdas según los estándares políticos existentes en el país norteamericano). Hago mención especial de este hecho para que tengan en cuenta que en las próximas líneas, en las que voy a resumir los detalles del caso estadounidense, no estamos haciéndoles un juicio de valor propio, sino tan sólo exponiéndoles el juicio de valor del autor del blog de PIMCO. No nos vamos a apartar de las premisas de objetividad que ya hemos declarado antes.

Empezando con datos objetivos, el autor del blog de PIMCO aporta la información relevante de que 9 de las 10 últimas recesiones que ha sufrido Estados Unidos han tenido lugar durante la presidencia de un presidente republicano. Además, otro dato significativo es que todos y cada uno de los 6 presidentes republicanos que ha tenido Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial han ejercido su presidencia teniendo que afrontar en algún momento de su legislatura una recesión económica.

Nuestro autor, Joachim Fels, reconoce abiertamente que estas conclusiones entran en evidente contradicción con la percepción general de que el desempeño económico del país norteamericano es exactamente al revés, y que la mayoría de los cuidadanos piensan que los asuntos económicos están mejor dirigidos cuando es un republicano el que está a cargo de las riendas del país. Probablemente esta percepción sea debida al hecho de que Estados Unidos es la meca del capitalismo popular, y por lo tanto la revalorización cierta de Wall Street, la cual sí que ha tenido mejor desempeño durante presidencias republicanas, podría ser lo que ha influido en el proceso de formación de opinión de los estadounidenses sobre la cuestión que tratamos.

En lo que se refiere al caso de Estados Unidos, también les exponemos a continuación algunos razonamientos que tiñen el debate político en el país de las barras y estrellas. Lo hacemos con el objetivo deber de exponerles los argumentos tanto a favor como en contra de la respuesta más obvia, a la vista de los datos que revelan la respuesta de que las crisis ocurren durante legislaturas republicanas.

Pro-republicanos y pro-demócratas hacen interpretaciones opuestas de los datos

El principal argumento a favor de la gestión económica de los republicanos que exponen los analistas políticos de aquel país es que, durante las legislaturas de corte derechista, lo que ocurre es que los presidentes conservadores se encuentran con las consecuencias de los desmanes económicos de las anteriores legislaturas demócratas. Para poder purgar los excesos económicos de los dirigentes de izquierdas, los analistas indican que los republicanos deben llevar a cabo impopulares e inevitables medidas de ajuste económico que devuelvan al país a la senda de la ortodoxia económica y financiera.

Por el contrario, el argumentario de corte izquierdista aduce que prima la evidencia de que las crisis son cosa de legislaturas republicanas. Los motivos por los que los pro-demócratas explican los datos anteriores van desde que los presidentes republicanos son incompetentes, hasta que no se preocupan por el destino económico de ciudadano común de clase media, puesto que sus bases no sufren con la misma intensidad el deterioro del empleo que inevitablemente acompaña a las crisis económicas.

Pero más allá del argumentario más superficial sobre el tema, el autor indica que nunca hay que menopreciar la capacidad de un presidente de crear una recesión de la nada, e incluso que un economista podría sospechar también que los presidentes republicanos tienen un mayor conocimiento de la teoría del economista William Bill Nordhaus de la Universidad de Yale, que fue dada a conocer en 1975 con la publicación del paper con título "The Political Business Cycle” en el journal "The Review of Economic Studies", y cuyo preview pueden leer en este link (lamentablemente la versión completa es de pago). Dicha teoría afirma que, para un presidente recién elegido, tiene bastante sentido diseñar una crisis económica al principio de su mandato, para posteriormente abanderar la recuperación posterior del empleo en tiempo clave para la re-elección.

También es cierto que varios de los presidentes iconos del Partido Republicano deberían haber sido conscientes de esta teoría antes incluso de que fuese publicada a mediados de la década de los 70. Si bien este punto no es tampoco descartable dada la lógica electoral de la teoría en cuestión, algo para lo cual los políticos son especialmente perspicaces porque, entre otras cosas, el puesto les va literalmente en ello. Para finalizar, el autor cierra la parte menos predictiva del artículo apuntando al hecho de que, aunque varias de las recesiones acontecidas bajo mandato republicano se debieron en gran parte a una coincidencia temporal con eventos exógenos como la guerra de Corea o shocks petrolíferos, la Reserva Federal jugó un papel muy relevante a la hora de permitir o frenar estas recesiones.

Y hasta aquí la exposición de los puntos más importantes del artículo del blog de PIMCO y de la casuística particular del caso estadounidense. Pasemos a analizar el caso español que, al fin y al cabo, es en lo que verdaderamente este artículo trata de aportar valor añadido.

El caso de las recesiones que ha sufrido España

El tema es que trasladar las premisas (y las conclusiones) del análisis político-económico estadounidense al escenario español no resulta nada fácil. Para empezar, nos encontramos con la clara desventaja de que el periodo de muestra del caso español es sensiblemente inferior al de Estados Unidos. Ello es debido a que, tras el fin del régimen franquista, queda poco margen de periodo democrático en el cual izquierdas y derechas han podido sucederse en el poder para que nosotros podamos sacar conclusiones económicas al respecto. Por otro lado, al escaso periodo de muestra de tiempo democrático tras la transición, se añade adicionalmente el hecho de que, una vez cerrada la transición, España apenas ha estado en recesión.

Efectivamente, dentro del periodo democrático, debemos tomar como punto de partida el cierre de la transición española, pues durante este periodo la complicada y convulsa situación política y social hacen que el desempeño económico no sea atribuíble al color del gobierno en el poder, y por lo tanto no supongan una muestra significativa para nuestro análisis. Y el hecho es que además, tras entrar España en la CEE, la economía española ha disfrutado de un largo periodo de expansión económica sin precedentes en la historia económica reciente del país. Desde 1985, y hasta la llegada de la Gran Recesión de 2007, que en el caso español algunos no dudan en calificar de auténtica depresión, España sólo ha experimentado una recesión en periodo 1992-1993.

Es cierto que el estallido de ambas recesiones democráticas ha tenido lugar con los socialistas ostentando el poder, pero no es menos cierto que el valor de una serie compuesta por dos eventos es despreciable en términos estadísticos. No se puede dudar de que el caso estadounidense deja un margen mucho más amplio para la interpretación y para poder sacar conclusiones significativas. En todo caso, y salvando las grandes distancias en millas naúticas que nos separan de Estados Unidos, tenemos al menos el análisis anterior al respecto.

Por otro lado, lo cierto es que, incluso aunque tuviésemos un periodo de muestra con más eventos estadísticos, hay que tener en cuenta que la fecha de suceso de las diferentes crisis en el caso español es mucho menos significativa en clave política nacional que en el caso estadounidense. Ello es simplemente debido a que la capacidad de contagio de una crisis económica de Estados Unidos a España es infinitamente mayor que en el caso contrario. Pero ello no quita que efectivamente haya otros condicionantes nacionales que puedan potenciar o mitigar las crisis internacionales que acaban siendo contagiadas a la economía española. También es cierto que por ejemplo en la terrible crisis inmobiliaria española iniciada en 2007, aunque fue una crisis que tuvo su origen en Estados Unidos, el burbujeante panorama español hizo de catastrófico multiplicador al denominar la Gran Recesión en pesetas (digo euros). De hecho, si la crisis subprime no hubiese explotado al otro lado del Atlántico, es seguro que nuestra burbuja habría acabado pinchando por sí sola.

E insisto especialmente en que tomen el ejemplo anterior como un mero ejemplo de intensificación de los perversos efectos de una crisis internacional: no hay verdadera intencionalidad de un sesgo político concreto a pesar del color del gobierno durante el cual se desencadenó esta crisis. De hecho, para ser ecuánimes, debemos hacernos aquí también eco de las opiniones que afirman que la burbuja inmobiliaria es en realidad una responsabilidad compartida entre socialistas y populares, puesto que argumentan que su gestación y su pinchazo ocurrieron en un intervalo temporal que abarca legislaturas de ambos partidos.

Cerraremos este artículo simplemente aportando el juicio de valor propio de que un servidor cree que un factor clave, que se ha pasado por alto en este tema a ambos lados el Atlántico, es que es también es muy importante la racionalidad y el buen hacer personal de un dirigente concreto, sea del color que fuere, y es muy arriegado caer en la despersonalización que puede suponer valorarlo tan sólo como parte del colectivo de su partido político. Y ahora les dejo con sus propias reflexiones internas, y tan sólo les aconsejo que traten de no caer en la trampa que nos tienden demasiadas formaciones políticas de que votemos colores en vez de personas, o lo que es lo mismo, de que votemos con el corazón en vez de con la cabeza. Votar pasionamente es votar de forma mucho menos reflexiva y objetiva, y supone un voto casi siempre incondicional para el partido de turno, algo que obviamente está entre sus intereses más inmediatos.

En su formación de opinión, no se dejen llevar por tener clara previamente una conclusión-objetivo a la que llegar. Es mucho más sano y preferible para todos que lo que tenga usted claro, más que el objetivo, sea la objetividad con la que tiene que realizar sus razonamientos. De ello depende su decisión y su bienestar, y por extensión, la salud de nuestro sistema político y el bienestar de todos nosotros.

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