La maldición de los bancos zombi


Pese a que fue propuesta como la medida más favorable, la palabra “nacionalización” tiene tal efecto aterrador que el gobierno de Obama y la Fed aún dudan en aplicar la medida. Y aunque el Citigroup ha recibido ayudas cuantiosas, se quiere evitar este proceso de estatización que para muchos recuerda una operación bolchevique.

Sin embargo, sólo Ben Bernanke señala que en EEUU “no existe tal cosa como un banco zombi”. Para el resto del mundo, los bancos zombi existen (el término tiene incluso su propia entrada en Wikipedia) y están ahí mostrando sus heridas de unas valoraciones en picado, con pérdidas de 99% (ver la tabla).

Un banco zombi es una institución financiera cuyos pasivos superan largamente a los activos, por lo que el patrimonio neto es menor que cero, y requiere para su funcionamiento la ayuda implícita o explícita del gobierno. Es el caso en el cual se encuentran la mayoría de los bancos de EEUU que se sobreexpusieron y se sobreapalancaron, entre ellos, dos de los tres bancos más grandes de ese país: el Citigroup y el Bank of America. Cada uno de ellos ha recibido más de 45.000 millones de dólares, mucho más de lo que vale el propio banco.



Una aproximación a la idea de zombi la constituyen las películas de George A. Romero, con un par de obras memorables del cine fantástico: La noche de los muertos vivos (1969) y El amanecer de los muertos (1979). En esta última, la frase inicial daba la clave: “cuando no haya más espacio en el infierno, los muertos caminarán sobre la tierra”. Dicho y hecho: muerto que se moría comenzaba a deambular por la ciudad con los brazos extendidos, como caminando a ciegas. Tan genial era Romero en sus relatos, que estos seres se guiaban por impulsos mecánicos, casi un reflejo condicionado, y así era como todos se dirigían a los templos del último cuarto de siglo XX: los Mall. De esa manera Romero aprovechaba la fábula fantástica para hacer una fuerte crítica a la sociedad de consumo.

El término de banco zombi proviene de Japón, en su década perdida de los años 90, después de la burbuja inmobiliaria de los años 80. Esta burbuja fue muy similar a la iniciada a mediados de los 90 en EEUU. En ella, los jardines del Palacio Imperial de Tokio llegaron a tener un valor superior a todo el Estado de Washington. ¿Cómo pudo permitirse? ¿Quien podía creer que esos valores fueran de mercado? Ahora, los bancos zombi deambulan a ciegas, buscando un calido refugio en las inyecciones de capital de los gobiernos.

Sin embargo, y dado que estamos sobre un campo minado las solución a esta crisis no se ve tan simple. Más aún cuando cada acción presenta numerosos efectos colaterales; las medidas resolutivas han tardado demasiado, y no existe claridad para enfocar una salida hacia el mediano y el largo plazo. La crisis de los bancos zombi, le ha jugado una dura maldición a la economía mundial.

Imagen | Flickr: rockcc histcoll

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