No importa lo que diga el ministro Carlos Cuerpo, el sueldo medio en España baja si ajustamos a la inflación

Javier J Navarro


 

Nuestro flamante ministro de economía ha empezado afirmando en televisión que el salario medio ha subido gracias al crecimiento del salario mínimo interprofesional y a una economía de mayor valor añadido.  Sin embargo, cuando se analizan los datos con rigor y, sobre todo, cuando se ajustan a la inflación y a los impuestos, la conclusión es mucho menos optimista: el poder adquisitivo de los trabajadores sigue deteriorándose.

El argumento no es muy sencillo pero sí muy contundente. Aunque los costes laborales están aumentando en términos nominales, lo hacen a un ritmo inferior al del IPC. Es decir, los salarios suben, sí, pero los precios suben igual o más rápido. Esto lo podemos ver cualquiera en la web del INE, es muy fácil comparar como el IPC publicado por la propia fuente oficial del gobierno, sube más que el coste de los salarios publicado en la Encuesta Trimestral de Coste Laboral. Sin importar lo que pueda afirmar el ministro.

Los datos están disponibles y son claros para quien quiera analizarlos con honestidad. El propio Instituto Nacional de Estadística pública tanto la evolución de los salarios como del IPC.


Los impuestos, cada vez más altos en proporción


A esta pérdida de poder adquisitivo se suma un factor menos visible pero igual de determinante: la fiscalidad. Adicionalmente a esto, los tramos del IRPF llevan sin tocarse desde 2017. Eso hace, que sí los salarios suben, pero también el coste de vida y los impuestos relativos a los ingresos del trabajo.

En España, el IRPF no se ha ajustado de manera generalizada a la inflación. Esto significa que, a medida que los salarios nominales crecen, aunque sea por debajo del IPC, muchos contribuyentes pasan a tramos superiores o pagan más impuestos en proporción a su renta real.

El Estado absorbe una mayor parte de esos ingresos a través de impuestos que no han sido actualizados conforme al contexto inflacionario. En otras palabras, cada vez un porcentaje mayor del sueldo de los españoles se destina a Hacienda, incluso sin una mejora real en su bienestar económico.

 

Todo esto se añade a lo que muchos vemos, el estado ocupa cada vez más una proporción más grande de la economía, pero sus servicios son iguales o peores. Ni mejora la educación, ni la sanidad y las infraestructuras están cada vez peor (por no hablar de los escándalos de corrupción recientes).

 

La táctica del avestruz

Lo preocupante no es solo la situación en sí, sino la respuesta institucional ante ella. A pesar de la formación técnica del ministro, no duda en negar o minimizar estos efectos, apoyándose en cifras nominales que, sin el debido contexto, pueden inducir a error. Pero la economía real no se mide en euros corrientes, sino en capacidad de compra.


También el Banco de España ha advertido en varias ocasiones sobre la pérdida de poder adquisitivo derivada de la inflación. Con la guerra en Irán, esta pérdida va a ir aumentando a medida que se dispare la inflación.

Ignorar estas evidencias no es una cuestión menor. Cuando se niega un problema, no solo se desinforma, sino que se bloquea cualquier posibilidad de corregirlo. Si no se reconoce que los salarios reales están cayendo y que la presión fiscal efectiva está aumentando, no se tomarán medidas para aliviar esa carga.

 

Como consecuencia, millones de españoles siguen empobreciéndose en silencio, con menor poder adquisitivo, mientras el discurso oficial insiste en que todo va razonablemente bien. Pero la realidad, como siempre, termina imponiéndose. Negar un problema no hace que desaparezca; simplemente garantiza que empeore.

 

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