José Luis, camionero jubilado a los 69 años: "Igual son 3.500 o 4.000 euros para empezar, más el camión, y eso echa para atrás al personal"

Camión
  • La alarmante falta de relevo generacional en el transporte por carretera amenaza con estrangular la logística de mercancías

  • El sector se enfrenta a una crisis de personal silenciosa pero devastadora que va más allá de la pura dureza del oficio

Redacción El Blog Salmón

Editor

Trabajar sobre el asfalto ha dejado de ser atractivo, y eso que existen nichos con una alta remuneración. Aunque segmentos específicos como el de los camiones cisterna o los portacoches que realizan rutas internacionales ofrecen la posibilidad de alcanzar grandes sueldos, la realidad del día a día desincentiva la entrada de nuevos profesionales. No es un problema menor: si no hay conductores, la cadena de suministro se rompe, lo que convierte este déficit en un verdadero desafío macroeconómico.

Un sector envejecido y sin relevo

Un claro reflejo de esta situación es la historia de José Luis Maganto. A sus 69 años, y tras una vida entera al volante recorriendo las carreteras de toda España y rutas internacionales en países como Turquía o Rusia, logró jubilarse el pasado mes de septiembre. Tal y como recogen las declaraciones publicadas originalmente por El Español, la trayectoria de este veterano, que se mantuvo en activo casi hasta los 70 años, contrasta con la realidad actual de un mercado laboral que comparte síntomas con la fontanería o la albañilería: la juventud ya no quiere asumir el testigo.

La dureza del oficio es innegable. Las jornadas interminables, pasar días enteros conduciendo de forma consecutiva, la mala alimentación, el estrés continuo y las esperas eternas en las zonas de carga y descarga, junto a los riesgos de salud y seguridad, dinamitan el atractivo de la profesión.

Pero hay un dato que cambia la lectura y explica por qué incluso quienes tienen interés inicial terminan desistiendo rápido. Para arrancar en el sector, la inversión económica es prohibitiva. “Hay gente que se saca el carnet, porque es algo que le gusta, pero lo dejan y se ponen a otra cosa. También conlleva mucho gasto y eso echa para atrás al personal. Igual son 3.500 o 4.000 euros para empezar, más el camión”, advierte Maganto.

La pérdida de la vocación y el peso del desarraigo

La desconexión familiar es otro de los grandes obstáculos que alejan a las nuevas generaciones del volante. El propio José Luis reconoce la complejidad de gestionar las largas ausencias del hogar: “Es lógico que estar fuera de casa no es fácil. Esto tiene que ser vocacional. Yo he hecho todo tipo de transportes, nacional e internacional, y va según las personas. A mí no me ha afectado nunca, aunque ha habido veces que me hubiera gustado haber estado aquí en casa, pero no se ha podido y no va a pasar nada”.

El problema bajo su perspectiva es la alarmante pérdida de la base vocacional a marchas forzadas por falta de información. “La juventud, generalmente, quiere trabajar, pero esto no le gusta. Cada día hay menos, y, si no se les informa bien, aún habrá bastante menos. Cada vez hay menos vocación, ese es el problema”, sostiene.

Una excepción familiar nacida de la crisis

Curiosamente, la excepción a esta tendencia global la encuentra el protagonista en su propia casa. Su hijo, a pesar de haberse graduado en la carrera de arquitectura, decidió dar un giro radical a su futuro laboral. Durante sus estudios universitarios, compaginaba las clases acompañando a su padre y trabajando a través de una empresa de trabajo temporal. Al terminar los estudios, coincidiendo con la crisis, optó por quedarse definitivamente en el sector del transporte.

“Mientras estudiaba, venía conmigo a trabajar con una empresa de trabajo temporal. Cuando acabó la carrera, con la crisis, decidió quedarse con esto, sin obligarle yo nada. Viene por vocación y le gusta”, asegura José Luis.

El papel de la formación como línea de defensa

Para revertir lo que Maganto califica como "una desgracia total" para un oficio que considera "muy bonito, digno y útil para la sociedad", la clave pasa necesariamente por la base. El camionero jubilado señala directamente a las autoescuelas como un pilar fundamental para divulgar, formar e informar correctamente a los futuros conductores, evitando que la profesión se quede desierta.

En definitiva, el problema del transporte no es solo de condiciones, sino de incentivos de entrada; si la formación y los costes iniciales no se reestructuran, el sector corre el riesgo de colapsar por pura demografía.

Imágenes | Pexels (Alexander)

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