
El joven sacerdote asegura que con su sueldo puede llevar una vida tranquila porque no tiene que afrontar los principales gastos de emanciparse en Madrid
Juan Orduña se ordenó sacerdote en mayo de 2025 con un sueldo mensual inferior a 1.200 euros, por debajo del salario mínimo interprofesional, fijado en 1.221 euros en 14 pagas para 2026. Vive en una casa parroquial de Madrid, no paga alquiler, luz ni agua, y destina lo que cobra a gasolina y a "invitar gente a comer". "Tampoco es un dineral", reconoce. Pero su caso no es una excepción que confirma la regla: es el síntoma de algo más amplio.
El contexto. España cuenta con 1.036 seminaristas en formación para el curso 2024-2025, según la Conferencia Episcopal —un 35% más de ingresos nuevos que el año anterior (239 frente a 177)—. Es la primera vez que la cifra supera el millar desde el curso 2021-2022. Y esto ocurre en un país donde la tasa de paro juvenil ronda el 24% y donde el SMI se ha convertido en el termómetro de cada negociación laboral. Es decir, mientras cientos de miles de jóvenes buscan un empleo que les permita emanciparse, cientos de veinteañeros eligen libremente una profesión que paga por debajo de ese mínimo y renuncian a emanciparse en los términos convencionales.
Juan se levanta a las seis y media, celebra misa, atiende el confesionario, recibe a ancianos y jóvenes, prepara charlas. Trabaja, en sus palabras, "24/7" —aunque aclara que también descansa— y tiene 30 días de vacaciones más siete de ejercicios espirituales. Lleva un año de parroquia. "Hay gente que trabaja solo para llegar a fin de mes o para irse de vacaciones a Marbella. Mi trabajo es llevar almas a Dios". Dicho en el podcast La Pera de Jobs por un chico de 27 años que pertenece a la generación más precaria de la España reciente. Y que, sin embargo, se describe a sí mismo como "el hombre más feliz del planeta". No es casualidad. (Algo de esto se exploró hace años en "¿Hay profesiones más dignas que otras?", donde se discutía si en los trabajos entendidos como vocación "el salario percibido no es la única retribución".)
Entre líneas. No obstante, conviene aclarar una cosa. Al no pagar vivienda ni suministros, el poder adquisitivo real de un cura equivale a un ingreso notablemente superior. Es la misma lógica que aplica un militar en acuartelamiento o un residente en colegio mayor: lo que no pagas en vivienda se convierte en margen. Ese dinero sale del obispado de Madrid, mientras que la Iglesia se financia, entre otras vías, mediante la asignación tributaria estatal, que en 2025 alcanzó los 429,3 millones de euros, un 12% más que el año anterior, según datos publicados por la propia Iglesia.
Imagen | La Pera de Jobs (vía YouTube)
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