
El testimonio de una operaria de mantenimiento evidencia los malabarismos diarios de las familias españolas para compaginar horarios intempestivos
Detrás de los verdes impolutos del sector deportivo se esconde la realidad estructural de la pobreza laboral y la falta de infraestructuras públicas
Solemos asumir que la conciliación familiar es una entelequia reservada en exclusiva para quienes disfrutan de un horario de oficina flexible, de esos que permiten entrar a las nueve y arrancar la jornada con un café templado. Compartimos de tanto en cuanto la ilusión colectiva de que el equilibrio entre la vida laboral y el cuidado de los nuestros es tan sólo una cuestión de voluntad organizativa o de aplicar un detalladísimo cuadrante en la nevera de casa.
Pero la realidad de madrugada es harto diferente.
La historia. Lo cuenta con una nitidez apabullante una crónica humana emitida en el programa Poniendo las Calles de la Cadena COPE: Juani, una trabajadora encargada del mantenimiento de un campo de golf español, arranca su periplo diario cuando la inmensa mayoría de las calles aún no han puesto las luces. Su turno oficial sobre el césped no comienza hasta las seis y media de la mañana (una hora ya de por sí intempestiva para el común de los mortales), pero sus obligaciones familiares le obligan a saltar de la cama muchísimo antes. ¿El motivo? Conducir en mitad de la noche para dejar a una de sus hijas en su puesto de reponedora en un supermercado, un encaje de bolillos logístico indispensable ante la flagrante ausencia de transporte público regular a esas horas de la noche.
La rutina. "Hago de todo", explica con un indiscutible orgullo asomando en la voz al desgranar sus tareas en un entorno laboral polivalente y completamente al aire libre. Lejos de deslizarse hacia la queja o el resentimiento por un ritmo de vida espartano que incluye turnos de madrugada y fines de semana, Juani confiesa ante los micrófonos una actitud encomiable: "Me encanta, me encanta, para mí las mañanas... bueno, yo soy superfeliz levantándome temprano". Se siente una auténtica privilegiada por desempeñar su oficio en un paisaje espectacular, ajena a los desvelos convencionales del cubículo acristalado.
Las cifras. Sea como fuere, este optimismo militante no logra camuflar las costuras de un mercado laboral tenso. El sector del mantenimiento de los campos de golf en España maneja una panoplia de realidades salariales harto complejas. Según dicta el Convenio Colectivo de Instalaciones Deportivas, el sueldo bruto anual de los peones y jardineros de categoría base oscila apenas entre los 16.071 y los 21.000 euros. Nos topamos aquí con el reverso de una medalla alarmante: tener un contrato indefinido ya no inmuniza contra la vulnerabilidad económica (un fenómeno complejo que los sociólogos denominan pobreza laboral). Como certifica el último informe sobre exclusión social publicado por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza EAPN España, la tasa de trabajadores atrapados bajo el umbral de la pobreza en nuestro país se ha enquistado en el 12,5%, consolidando una realidad donde la jornada completa resulta insuficiente para capear el encarecimiento de la vida.
La paradoja. La contradicción del negocio del hoyo es monumental. Por un lado, las estadísticas macroeconómicas del sector son impecables. Según destapa un pormenorizado estudio de impacto económico elaborado por IE University, esta industria genera de forma directa o indirecta más de 121.000 puestos de trabajo en el territorio nacional, presumiendo de una estabilidad contractual alucinante: el 93,4% de sus empleados disfrutan de un contrato indefinido y el 94,7% opera a jornada completa. Es decir... Trabajo fijo, pero con salarios congelados en las plantas más bajas de las tablas salariales.
El vacío. ¿Cómo se sostiene entonces el motor del turismo de renta alta si sus bases operativas sufren para llegar a fin de mes? La respuesta descansa sobre los hombros de una red de cuidados invisible y fundamentalmente feminizada. Al fin y al cabo, el sacrificio de Juani para coordinar su jornada con la de su hija reponedora es el pegamento que evita el colapso doméstico de miles de familias trabajadoras que operan en los márgenes del horario comercial.
Una maquinaria invisible que nunca duerme. Y todo ello, levantándose temprano.
Imágenes | Pexels
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