Un venezolano que trabaja como repartidor en España: “De 547 euros que gano en Glovo a la semana, me quedan 383 euros tras descontar el IRPF. Pero hay que sumar 80 de autónomo y gasolina”

Rider
  • El día a día de los repartidores en España vuelve al centro del debate económico tras desvelarse los ingresos reales de un profesional autónomo.

  • La realidad de la economía de plataformas muestra cómo la facturación bruta de un "rider" se reduce drásticamente al restar impuestos y costes operativos.

Redacción El Blog Salmón

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El modelo de negocio de la conocida como gig economy promete flexibilidad laboral, pero la letra pequeña de las finanzas de los repartidores autónomos ofrece una lectura mucho más dura. Un vídeo en TikTok publicado por Junior Herrera, un repartidor venezolano afincado en Madrid, se ha vuelto viral al desglosar el dinero real que le queda tras extenuantes jornadas de reparto en la capital. Su testimonio pone cifras concretas a un conflicto laboral y fiscal que afecta a miles de personas en el país, desnudando la verdadera rentabilidad de trabajar para grandes corporaciones tecnológicas de reparto a domicilio.

El desglose de una jornada de 72 horas semanales

De acuerdo con los datos recogidos por Noticias Trabajo, el balance semanal de este repartidor, cuyo contenido en la cuenta @juniorherrera.7 supera ya las 10.000 visualizaciones, expone una jornada de 72 horas de trabajo repartidas entre las aplicaciones de Glovo y Uber Eats.

Los números absolutos describen con precisión el volumen de actividad. "En Glovo hice, en total, 547,20 euros", detalla el protagonista. Sin embargo, el impacto fiscal de la actividad arranca con la retención del 20% en concepto de IRPF, lo que según el relato se traduce en un recorte de cerca de 164 euros. De este modo, la remuneración neta procedente de Glovo se reduce a 383 euros.

A esto se suma la aportación residual de Uber Eats durante ese mismo periodo, donde obtuvo una suma bruta de 23,86 euros que, una vez liquidados los impuestos correspondientes, dejó un beneficio limpio de unos 14,32 euros. La suma conjunta de ingresos netos previos a los costes operativos se sitúa así en 397,36 euros.

Los gastos fijos que hunden el beneficio neto

El verdadero problema para el trabajador autónomo surge al introducir los costes fijos obligatorios para ejercer la actividad de reparto. Herrera especifica que su cuota mensual de autónomos asciende a 300 euros, un gasto fijo que prorrateado equivale a unos 80 euros por semana.

A la seguridad social hay que añadir el gasto logístico básico: la gasolina para el vehículo, presupuestada en unos 30 euros semanales. No obstante, el repartidor matiza un detalle sobre este coste, señalando que "se cubren casi con las propinas".

Al restar de forma agregada los 80 euros de cotización y los 30 euros de combustible a los ingresos netos previos, el rendimiento neto real de toda la semana de trabajo se desploma hasta los 317 euros. Ante este escenario, Herrera lanza una pregunta abierta a su audiencia: "¿Que si vale la pena o si no? No lo sé. Saquen ustedes sus propias conclusiones".

El impacto de la Ley Rider en el empleo digital

Esta radiografía económica revive directamente el debate sobre la regulación de las empresas de reparto a domicilio como Glovo, Uber Eats o la ya desaparecida Deliveroo, marcas que transformaron el consumo urbano y generaron un gran volumen de empleo. La clave está en el marco normativo actual. En el año 2021 entró en vigor la denominada Ley Rider, una legislación diseñada específicamente para obligar a las plataformas digitales a contratar a sus repartidores bajo el régimen de asalariados para dotarlos de mayor estabilidad laboral.

Sin embargo, el panorama real dista de ser homogéneo. Diversas empresas del sector han articulado distintas fórmulas legales para mantener a una parte de su plantilla operando bajo el régimen de autónomos. Esto explica por qué situaciones de desprotección y falta de garantías sociales siguen repitiéndose de manera habitual en el mercado de trabajo español, fuertemente marcado por la temporalidad y la precariedad de quienes dependen de estas aplicaciones para sobrevivir.

En definitiva, la experiencia expuesta en este análisis semanal refleja que la supuesta autonomía de las plataformas digitales a menudo se traduce en jornadas laborales que exceden con creces las 40 horas semanales a cambio de un salario neto que apenas roza el salario mínimo. El caso de este repartidor en Madrid es el fiel reflejo de un mercado que externaliza los riesgos operativos en el eslabón más débil de la cadena de suministro.

Imágenes | Magnific (rtursafronovvvv)

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