China lo ve claro: la genética puede hacerle el líder socioeconómico del mundo del futuro

El presente es el que es, y la principal disquisición es saber ver cuál es la verdadera realidad económica, por encima de lo que queremos (o nos interesa) ver. Pero el futuro plantea socioeconómicamente otros problemas más complejos, en los que también entra en juego el saber ser visionarios.

Temas de futuro para nuestras socioeconomías hay muchos y muy diversos, pero ni todos tienen la misma probabilidad de suceso, ni todos acabarán teniendo la misma relevancia en ese futuro que se va dibujando. La ingeniería genética es sin duda uno de esos grandes temas que pueden ser la llave para dominar las socioeconomías del futuro. China lo ha visto claro y se ha lanzado a ello de cabeza. ¿Deberíamos los demás verle las nucleicorejas al ADN del lobo?

Un invento español de ingeniería genética con posibilidades insondables

Ese gran invento español del que les hablamos es el CRISPR. Esta técnica fue descubierta por el investigador y microbiólogo Francis Mojica, de la Universidad de Alicante. Se trata de un invento que bien le puede acabar valiendo la concesión incluso de un premio nobel cualquiera de estos años, aunque este investigador ya lleva con el CRISPR unos cuantos premios a sus espaldas.

El CRISPR ha sido calificado en el mundo de la ingeniería genética literalmente como el “copy-paste” del ADN. Efectivamente, una de sus grandes virtudes es que permite editar genomas como supieron ver en el sector del ADN, provocando la sorpresa incluso de su descubridor. Al igual que muchos otros grandes descubrimientos de la ciencia, su descubrimiento fue casi casual. Y no hace falta que les digamos todo lo que ese concepto de copiar y pegar ADN implica, pero sí que les haremos una breve introducción al descubrimiento para que lo puedan valorar en todo su alcance.

Básicamente, la técnica consiste en reproducir un mecanismo del sistema inmunológico de las “Haloferax mediterranei”, un microorganismo muy raro encontrado en las playas de Santa Pola. Esta bacteria tiene un sistema inmunológico que inserta en su propio ADN el ADN de los virus patógenos que le han atacado, con el fin de posteriormente reconocerlos y eliminarlos.

Pero por si esta tecnología natural de ingeniería genética no fuera poco ya de por sí, además, se trata de un primitivo sistema de inmunidad adquirida, que sorprendentemente se pasa de unas bacterias a otras. Salvando las grandes distancias, es un poco como la inteligencia colectiva de los sistemas de antivirus, por los cuales un ordenador concreto detecta un virus nuevo, lo reporta a los servidores del fabricante, y pronto se transmite a todos los ordenadores de la red de ese fabricante cómo detectarlo y eliminarlo.

Poco después se demostró con éxito que este mecanismo podía ser reproducido por los investigadores en otras secuencias de ADN bajo determinados condicionantes, y en 2012 la nueva técnica se propuso para la edición de genomas. Fue unos meses más tarde cuando ya se demostró que la técnica, no sólo era reproducible y viable, sino que además era casi perfecta para el ambicioso propósito de edición genética de amplio espectro. Y el caso es que funcionaba mucho mejor que cualquier otra herramienta, siendo muy fácil de programar.

Y tengan en cuenta que la enfermedad por antonomasia del siglo XXI, el cáncer, tiene la peculiaridad de alterar la secuencia genética de las células que caen enfermas, y que pasan a reproducirse de forma natural sin control alguno, generando los temibles tumores y, en última instancia, la letal metástasis general.

Puesto que el cáncer tiene una secuencia genética concreta, a priori también se puede concebir utilizar el CRISPR para que un organismo incorpore a las capacidades de su sistema inmunológico el eliminar de forma natural sus propias células cancerígenas.

La técnica “made in Spain” que explota China llevándola al límite (o más allá) de lo ético

A estas alturas del análisis de hoy, habrá algunos de ustedes que estarán pensando, no sin razón, que esto puede ser muy interesante, pero que qué tendrá que ver con la temática salmón de nuestras líneas. No se impacienten, hay relación con la socioeconomía (y mucha).

Hace algunos años que ya les escribimos introduciéndoles, de forma temprana, a este tipo de cuestiones socioeconómicas en el análisis “El Mundo Feliz de Aldous Huxley como imperativo socioeconómico o La ingeniería social en una raza de superdotados. Ahora, con esta noticia del análisis de hoy, se demuestra que no les hablábamos de ciencia-ficción, sino de ciencia a secas.

El tema es que China lleva en secreto años investigando en la línea que abrió el español Francis Mojica con el CRISPR. Y lo hace sin reparar en temas éticos, ni restando un ápice de ambición a sus aspiraciones en el terreno de la ingeniería genética. Y dada la potencialidad extrema de la nueva técnica, esas ambiciones no están ni injustificadas ni se quedan cortas en absoluto.

La línea en la que China parece haber estado investigando en la sombra es uno de los campos más encomiables y filantrópicos de la investigación: la salud. Efectivamente, China persigue con el desarrollo de terapias para humanos basadas en CRISPR. Y para ello no repara en esfuerzos ni en cuestiones éticas: China ha inaugurado sin ambages el polémico campo de la experimentación genética en humanos.

Como habrán podido leer, China ha estado desde 2015 experimentando con seres humanos y tratamientos basados en CRISPR. Sobre todo ha estado investigando en tratamientos contra el cáncer. Parece ser que, por ahora, ya hay hasta 86 casos que han sido confirmados, pero diversas fuentes estiman que puede haber hasta 257 seres humanos que han podido estar participando en los experimentos genéticos del gigante rojo.

Algunos de los pacientes chinos son pacientes con cáncer de riñón, pulmón, hígado y garganta, con los que se ha experimentado utilizando CRISPR. Los tratamientos totalmente experimentales han consistido en extraerles componentes de su anatomía celular, realizar sobre ellos modificaciones genéticas con CRISPR, y reinsertarlos en sus organismos para observar los efectos. También se han realizado experimentos centrados en la lucha contra el VIH y la leucemia.

Las implicaciones socioeconómicas de liderar CRISPR más allá de las terapias curativas

Lo realmente preocupante de este tema es que, con la excusa de las terapias curativas, China está liderando y adquiriendo un know-how en una herramienta genética de amplio espectro como CRISPR. Y lidera en el sentido más absolutista de la palabra, puesto que la experiencia de otros países en el campo de la experimentación genética humana con CRIPR es inexistente (y puede seguir siéndolo durante mucho tiempo).

Mientras tanto, países desarrollados como España, paradójicamente el país de procedencia del padre del CRISPR, sí que tienen en cuenta los aspectos morales y éticos del asunto. Existe en nuestro país el Convenio de Oviedo sobre derechos humanos y biomedicina, que define un marco que abarca la dimensión humana del CRISPR.

También está la ley sobre investigación biomédica de 2007 y el propio código penal, cuyo alcance entra en ciertos planos relacionados con la investigación genética con seres humanos. La cuestión que algunos plantean es si este marco y esta legislación están desfasados tras el descubrimiento del CRISPR, y si su aplicación nos deja en clara desventaja competitiva frente a otros países, a pesar de nuestra excelente posición de partida tras haber sido los inventores de la nueva técnica.

Lo cierto es que los planteamientos éticos de todo este asunto son cruciales para el futuro de la humanidad, y no pueden ser dejados a un lado para entrar en la investigación sin ningún tipo de límite. El fin no justifica los medios, y menos aún cuando los medios son personas. Pero el hecho es que, en el mundo globalizado de hoy en día, siempre va a haber alguien con medios y con menos reparos que tú para el que el fin justifica (todos) los medios, y que no va a dudar en poner toda la carne en el asador, incluso cuando literalmente ésta es humana.

La realidad socioeconómica que estamos viendo, y que se está dibujando de cara al futuro, es que la carrera biotecnológica acelera, y que China ha tomado definitivamente la delantera llevando a cabo ensayos reales. Mientras tanto, el resto del mundo se debate entre cuestiones éticas, normas y marcos legales, que poca importancia parece que vayan a tener a nivel global, porque, con que un solo país con suficiente músculo económico-científico se desvincule del plano humano de las investigaciones, ya todo el asunto se va al traste. Y las consecuencias nos afectarán a todos como especie.

Una versátil herramienta que puede servir para muchos otros fines

No podemos dejar de llamar la atención sobre el hecho de que el CRISPR es una herramienta (genética), y como tal, sus bondades o perjuicios dependen de cómo los humanos la utilicemos. Pero no se puede obviar que hoy se puede estar investigando en tratamientos para la salud, pero el know-how adquirido perfectamente puede acabar siendo utilizado para otros fines muy distintos. El CRIPR podría incluso ser utilizado como arma bélico-social en un futuro.

Y se puede girar bruscamente hacia esta nueva dimensión genética humana de múltiples formas: bien creando un ejército de militares físicamente muy superiores a los del oponente, bien creando una élite intelectual superdotada que domine el mundo, bien diseñando un nuevo elemento patógeno letal que ataque de forma fulminante al ADN humano del enemigo.

Los límites los pone su imaginación, porque no parece que algunos países se estén preocupando apenas por ellos. La puerta que ha abierto CRISPR la verdad es que literalmente ha hecho saltar por los aires las limitaciones que teníamos en genética hasta ahora. Y no olviden que la genética es un juego de Dioses.

Hay países que se están posicionando en el Olimpo de cara al futuro que viene, lo cual es doblemente clave para la socioeconomía: los que se posicionen a tiempo serán los dueños de ese futuro que algún día acabará siendo presente. Cómo sea ese futuro ya es otro tema muy distinto, que debería preocuparnos a todos como especie, pero que lamentablemente no parece preocupar a algunos. Tal vez en unos pocos años la palabra “humano” sea sólo un concepto genética y socioeconómicamente arqueológico.

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