Las "otras" claves esenciales del coche eléctrico, y que la mayoría nunca antes se había planteado

Ya pasaron los tiempos en los que el coche eléctrico estaba en boca de todos como un futurible (aunque fuese prácticamente seguro). Hoy en día lo que la gente se plantea es si ha llegado ya el momento de comprarse uno de los varios modelos ya comercializados en el mercado.

Pero más allá de las cuestiones más obvias a tener en cuenta en su importante decisión de comprar o no uno de estos nuevos modelos de automóviles, hay toda una serie de "otros" condicionantes que pocos consumidores se plantean, pero que sin embargo son también más que importantes en la toma de esta decisión. Y no se limitan a los más habituales como el precio o a la autonomía, estos "otros" factores son diversos, y algunos son incluso socioeconómicos si es que ya hemos conseguido que usted se preocupe por esta esencial disciplina.

De la autonomía teórica a la posibilidad práctica de recargar cuando es necesario

Para los que estén planteándose seriamente la compra de un vehículo eléctrico, aunque los "otros" factores que vamos analizar hoy son también factores a tener muy en cuenta, no podemos dejarles sin un análisis de los puntos más habituales que se plantea un comprador, puesto que muchos de estos factores habituales realmente son clave y pueden condicionar su decisión hacia el lado de los Octanos o hacia el lado de los Voltios. Pero no vamos a incidir en un tema sobre el que ya se ha escrito largo y tendido, y que tiene poco interés para estas líneas que tratan de traerles siempre otro tipo de enfoque más original. Por este motivo, les dejamos un enlace a un artículo al respecto de Xataka, y que sintetiza muy bien los factores de decisión más habituales.

Pero ya que citamos los factores más habituales, uno de los más importantes entre éstos es sin duda la autonomía del vehículo. La autonomía va a implicar no sólo cuánto tiempo va a tener usted que dedicar cada día a esperar a que sus baterías se carguen, y si le va a bastar con la carga nocturna en su garaje, sino que la autonomía va a determinar también cómo de lejos va a poder usted llegar sin recargar las baterías de su vehículo. Y aquí está la clave de uno de los factores alternativos que debería usted plantearse, y que es la disponibilidad de estaciones de recarga.

Efectivamente, estas estaciones de recarga son aún más que escasas, y pueden limitar el radio de acción dentro del cual usted va a poder usar su vehículo sin que éste se quede sin los amperios que necesita para seguir circulando. Debe usted estudiar los trayectos habituales que tiene pensado hacer con su flamante nuevo vehículo eléctrico, y no cometer el error de irse de viaje sin comprobar que en su ruta dispone de las estaciones de recarga a las distancias necesarias determinadas por la limitación de su autonomía; y ya les adelantamos que para muchos trayectos interprovinciales lo más probable es que el viaje no sea viable todavía hoy por hoy.

Pero obviamente este factor de decisión de la disponibilidad "casi" estratégica de puntos de recarga es un punto (muy) flaco de una tecnología y de un subsector que está llamado a ser el futuro, al menos el futuro sostenible. Y los proveedores de energía eléctrica son plenamente conscientes de ello, sólo que, dependiendo del modelo socioeconómico concreto que afronta este mismo reto, las cosas se plantean en unos términos u otros.

Diferentes áreas socioeconómicas se enfrentan al reto cada una a su manera particular

En primer lugar tenemos al modelo socioeconómico norteamericano, la cuna del capitalismo por antonomasia. Este país se enfrenta al reto de que, en una socioeconomía donde prima fundamentalmente la rentabilidad y los ingresos contantes y sonantes, se debe afrontar el despliegue de una infraestructura que va a ser deficitaria durante bastantes años todavía. De hecho, pueden leer en esta noticia de Bloomberg cómo por ejemplo en el estado de California, traicionalmente más sensible que otros estados a cuestiones de corte más medioambiental, se han impuesto una meta de vehículos eléctricos que no pueden alcanzar debido a la no disponibilidad de suficientes estaciones de recarga. Y esto, en la cuna de Tesla, son palabras mayores.

Además no hay que olvidar que, en este tema concreto, la planificación central y la estandarización han caído por ahora en saco roto en el estado de la costa oeste, puesto que un agravante es que las estaciones de recarga de por ejemplo el fabricante Tesla sólo son compatibles con los vehículos del mismo fabricante, según pueden leer en este post de Quora. Una auto-impuesta limitación que contagia sus inconvenientes a todo un sector que debe superar su auge con una receta éxito en la que no debería faltar la estandarización por el bien del usuario. ¿Se imaginan que Seat hubiese sacado un modelo de vehículo de gasolina en los años 70 que sólo pudiese repostar con un modelo de manguera de surtidor de sus propias estaciones de servicio? Pues ése es el sinsentido que está ocurriendo ahora mismo con los modelos y las estaciones de Tesla en USA, y el problema en aquel estado estriba en que aún se están planteando quién tiene que asumir el coste de la expansión de las estaciones de recarga, obviamente con unos años de inversión y poco retorno en mente.

Pero el mercado estadounidense de vehículos eléctricos ha dejado de ser a nivel mundial el líder en términos absolutos, para ser destronado por una China que, con sus 648.770 vehículos eléctricos en circulación en 2016, ha superado los 563.710 vehículos de EEUU en el mismo año. Pueden leer éstos y otros datos en esta noticia, además de la significativa estadística que arroja que un tercio de todos los vehículos eléctricos a nivel mundial está circulando por las calles y carreteras del gigante rojo. Sin duda lo acuciante del grave problema de la contaminación en las cuidades chinas, que en invierno puede superar hasta en 20 veces el límite establecido por la OMS (Organización Mundial de la Salud) como pueden leer aquí, unido a la aplastante capacidad de planificación centralizada de la potencia comunista, donde los criterios económicos y los políticos son mucho más indistinguibles que en los países puramente capitalistas, han hecho que el número de vehículos eléctricos en el país asiático haya ganado momentum.

Y en último lugar, que no el menos importante, tenemos a un modelo socioeconómico que se sitúa en un plano intermedio, como es la Unión Europea. En Europa se es mucho más sensible a los temas de la contaminación y el cambio climático, y esto ha sido uno de los factores principales que han llevado a considerar a sus dirigentes que el coche eléctrico no sólo era el futuro, sino que además había que poner toda la carne en el asador para hacer ese futuro realidad cuanto antes. Es por ello por lo que países como Noruega ha anunciado su determinación de prohibir totalmente los coches propulsados por combustibles fósiles tan pronto como en 2025, en Francia Macron ha anunciado que en 2040 se prohibirá la venta de gasolina y gasóleo, o cómo otros países europeos como Holanda o la medioambiental Alemania se están planteando dar también este paso a medio plazo. El resto del continente se está planteando seriamente adoptar medidas similares, debiendo vencer antes ciertas resistencias e idiosincrasias nacionales.

Y como consecuencia de la determinación de los diferentes gobiernos europeos, las diferentes legislaciones están creando ya un mercado donde todavía no lo había, y adelantando considerablemente en el tiempo la demanda (y la rentabilidad) de las estaciones de recarga. Por ello, ante un mercado que pasa de lo futurible y ya es incipiente, no es de extrañar que haya sido el propio sector privado el que ha tomado la iniciativa de desplegar una red de puntos de recarga con vocación de ser extensa. Como pueden leer en esta noticia de Xataka, un grupo de fabricantes de automóviles principalmente alemanes, ha creado la empresa conjunta IONITY para acometer el despliegue de una nueva red de estaciones de recarga ultrarrápida en Europa. El plan es el de conseguir llegar a las 400 estaciones desplegadas tan pronto como en 2020. Y como pueden leer al final de esta otra noticia de Quartz, en el caso Europeo la estandarización y la protección del consumidor es un punto relevante, y no sólo las estaciones de IONITY serán compatibles con todos los modelos de coche eléctrico, además el grupo de empresas está invitando abiertamente a otros jugadores del sector a unirse a la joint-venture.

Otros factores de decisión tambien importantes y... muy socioeconómicos

Pero más allá del coste inicial del vehículo, su autonomía teórica, o cómo en la práctica vamos a poder disponer de puntos de recarga, está el tema del ahorro que supone adquirir un coche eléctrico en comparación a uno de gasolina o diésel. Y no sólo debe tener usted en cuenta el ahorro en mantenimiento por una mecánica mucho más sencilla, sino también las subvenciones a la compra que se conceden en algunos países, u otros ahorros como no tener que pagar en zonas de aparcamiento controlado. Eso por no hablar de la posibilidad de seguir accedediendo al centro de grandes ciudades en pleno periodo de activación de los protocolos anti-contaminación.

Pero hay otros factores que deberían ser también muy relevantes para la mayoría de los futuros compradores, y que ya entran de lleno en el plano socioeconómico, y en la sostenibilidad del sistema socioeconómico como un todo. Y no hablamos sólo de ecología (algo que en Alemania se denomina con una palabra mucho más adecuada como es "umweltbewußt" o, por su traducción literal "consciente del medioambiente"), que también, pues obviamente es un punto muy a favor de la decisión para muchos europeos el sentir que están contribuyendo con su granito de arena a la sostenibilidad del planeta.

Pero esa sostenibilidad tiene también otra faceta menos ecológica y más en términos de eficiencia socioeconómica en su conjunto. La sostenibilidad que también debe plantearse usted (o más bien nuestros dirigentes) es la sosteniblidad del sistema energético nacional. Es un reto para el sector el ser capaz de satisfacer toda esa voraz demanda de energía eléctrica de estos vehículos que amenaza con crecer exponencialmente. El sistema ha de ser capaz de absorber toda esa carga eléctrica sin poner al país en riesgo de apagones eléctricos, como ocurre en otros países en vías de desarrollo cuyo rápido crecimiento de la demanda supera al de la oferta eléctrica.

Pero el tema no va sólo de sostenibilidad y seguridad del suministro eléctrico, sino también de eficiencia. La otra cara de la moneda es que para el sistema energético nacional las ventajas van más allá de ver crecer exponencialmente su posibilidad de negocio, sino que entran de lleno en poder hacer significativamente más negocio pero sin que sus costes aumenten en la misma proporción. Así aumentaría por tanto la eficiencia en el uso de la capacidad del sistema eléctrico nacional. Como pueden leer en este artículo, en el sector aseguran que el sistema es capaz de superar este reto, pero es necesario que haya lo que denominan una "carga inteligente".

Con este tipo de "carga inteligente", se debería conseguir consumir electricidad dedicada a la carga de los vehículos eléctricos durante las horas valle de menor demanda de energía eléctrica: es decir, por las noches. En realidad el coche eléctrico puede traer esa necesaria mayor eficiencia en el uso de la capacidad eléctrica de un país, y no menosprecien en absoluto los beneficios a gran escala de esta eficiencia. Deben tener en cuenta por ejemplo que, por la noche, cuando hay menos consumo eléctrico de hogares y empresas, con unas centrales nucleares que no pueden parar de producir energía por su naturaleza, muchas veces es necesario descargar la red para evitar una situación de peligrosa sobrecarga. Es en algunas de estas ocasiones cuando se puede llegar a tener que poner a funcionar turbinas hidroeléctricas de embalses al revés para que consuman masivamente energía, y así poder descongestionar la red eléctrica.

El coche eléctrico puede ser más una solución al puzle de la eficiencia, que un reto a superar

Así vemos cómo el coche eléctrico puede ser más una solución que un reto o un potencial problema. Pero quítense por un momento las gafas de color de rosa, porque en la práctica el tema es que esta "carga inteligente" pasa por una acción colectiva que debería buscar de forma coordinada el bien común. Y ahí está el problema, porque conociendo cómo somos los humanos cuando nos comportamos como masa, donde casi siempre se impone la comodidad particular frente al interés común, esta "carga inteligente" puede ser inviable de forma espontánea. Sólo puede conseguirse este beneficioso objetivo mediante una coordinación que sólo puede ser forzada a base de una regulación específica, en caso de que la simple lógica de tarifas de mercado no sea suficiente.

Y esta simple lógica de tarifas de mercado puede no ser suficiente cuando por ejemplo la gente disponga de algo más de dinero a principios de mes (les hago notar que éste es un hecho que también se nota en los atascos de tráfico, habitualmente más importantes cuando la gente acaba de cobrar), y opta por cargar su coche cuando mejor le viene sin planificar con un poco más de detalle sus viajes y su autonomía. El riesgo de un aluvión repentino en este caso es mucho peor que un atasco, y podría conllevar a peligrosos picos de demanda que podrían acabar trayendo apagones eléctricos espontáneos de consecuencias muy importantes para toda la sociedad y la economía. Por ello, es de esperar una regulación que fuerce la aplicación de unas tarifas preventivas mucho más caras para recarga fuera de horario valle de lo que marca un mera lógica de mercado, estableciendo un margen de seguridad de suministro por seguridad nacional suficiente para amortiguar la nueva aleatoriedad que trae el consumo de los coches eléctricos.

Para conseguir este punto, sin caer en la sobre-regulación ni en la aplicación de unas tarifas altas de forma casi-permanente durante el día, la nueva generación de contadores inteligentes, que ya les citabamos en el análisis sectorial "Energy 4.0 o cómo el sector energético se revolucionará usando los datos como materia prima", permiten no sólo conocer la demanda en la red en tiempo real, sino además, con ayuda del Big Data, desarrollar modelos predictivos de la demanda infinitamente más fiables que los de la actualidad. Ello puede ayudar notablemente a establecer un modelo tarifario flexible y casi en tiempo real, con el objetivo de evitar el sobre-consumo por encima de la capacidad de generación. Y es que usted va a recargar su coche eléctrico y a pagar en un plazo de tan sólo unos minutos, mientras que su factura eléctrica le llega días después tras haber calculado el coste de la energía esos días y en esas franjas. El requerimiento de tarificación justa de las recargas de vehículos impone un modelo mucho más exigente.

Cerraremos el análisis de hoy reflexionando sobre el excelente e ilustrativo ejemplo que supone la adopción del coche eléctrico desde diferentes perspectivas socioeconómicas. Desde la sobre-regulación y la adopción forzada de los modelos dictapitalistas, hasta un libre mercado que no logra apostar contundentemente por una tecnología de futuro, pero que todavía no es rentable. El eterno dilema de sobre-regulación o libre-regulación se hace más presente que nunca, y no sé qué les parecerá a ustedes, pero si me permiten mi opinión personal, en este caso concreto, el modelo que demuestra tener éxito en la rápida adopción del coche eléctrico, sin perder por ello el objetivo de rentabilidad en el horizonte ni caer en la sobre-regulación, es precisamente el modelo europeo.

A menudo las soluciones a las cuestiones bipolares están paradójicamente en el punto medio, en el cual emerge una regulación en su justa medida, pero eficaz para conseguir su objetivo. El futuro acaba llegando por sí solo, pero tal vez el futuro que venga no sea precisamente la mejor de las opciones. Por eso es mejor asegurarse de que el futuro que viene es el que queremos que venga, y en el caso del coche eléctrico éste es además el único futuro que nuestro planeta se puede permitir a largo plazo. La verdad es que no se distingue nada cuando en esta cuestión se mira al futuro con unas gafas completamente tiznadas por el hollín de los tubos de escape.

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