Marta (23), pastelera: "Empiezo a trabajar a las tres de la madrugada y salgo a las 11 de la noche, esto no es solo ser trabajadora, es dejarle la vida intentando llegar a todo"

Pastelera
  • Una odisea cotidiana en Alicante que reabre el debate sobre las extenuantes jornadas, los costes ocultos y la desprotección del autoempleo juvenil en España

  • Una joven relata lo menos bonito de emprender en hostelería

Redacción El Blog Salmón

Editor

La joven emprendedora detrás del fenómeno viral @laherenciabakery relata la cara más amarga de montar un negocio en solitario desde Pilar de la Horadada.

Imagínense que su alarma suena todos los días a las dos y media de la madrugada, cuando las calles aún no han empezado ni a enfriarse. Mientras el resto del mundo duerme de un tirón, ustedes ya están encendiendo el horno, batiendo claras y organizando pedidos que vencerán en pocas horas. Esta es la rutina de Marta, una joven de 23 años que se ha convertido en un fenómeno viral en TikTok bajo el sello de @laherenciabakery. Desde su local físico en Pilar de la Horadada (Alicante), la repostera ha encendido los focos sobre una realidad que dista mucho del idilio estético de las redes sociales: jornadas maratonianas que arrancan a las tres de la mañana y bajan la persiana a las 11 de la noche. "Esto no es solo ser trabajadora, es dejarle la vida intentando llegar a todo", sentencia.

La aventura comenzó como una suerte de doble vida. Marta compaginaba un empleo por cuenta ajena con su verdadera pasión: elaborar tartas personalizadas por encargo desde un obrador digital. El éxito llegó de forma fulminante gracias al viejo truco del boca a boca: "Uno se lo dijo a otro, otro se lo dijo a otro y al final todo el pueblo se enteró", cuenta en uno de sus vídeos más vistos. Lo que inicialmente iba a ser un simple espacio técnico homologado para despachar sus encargos terminó transformándose en un establecimiento abierto al público con vitrina diaria, una decisión que ella misma califica como "una de las mayores locuras de mi vida", pero que la mantiene feliz. Eso sí, bajo una condición extrema: está completamente sola ante el peligro administrativo y logístico.

Sin embargo, el romanticismo de la harina y el azúcar empieza a pinchar en hueso cuando se analizan los costes reales de mantener un negocio abierto en 2026. ¿Es sostenible quemar el barco de la salud propia para esquivar las estadísticas de quiebra? Piénselo.

El precio de la masa (y del insomnio)

A día de hoy, levantar la persiana de un negocio de repostería artesanal exige un esfuerzo financiero que va mucho más allá de las horas de sueño perdidas. No hay que olvidar que el sector de la panadería y la pastelería arrastra una crisis silenciosa provocada por la inflación de las materias primas. El precio del azúcar refinado y, de forma dramática, las cotizaciones internacionales del cacao han registrado máximos históricos en los últimos dos años, encareciendo los costes de producción de los obradores tradicionales en más de un 35%. Un jarro de agua fría para cualquiera que intente ajustar sus precios de venta en un entorno donde el consumidor final también mira el céntimo con lupa.

A este escenario de costes de suministro se le suma la losa impositiva y de seguridad social. En España, la figura del autónomo que trabaja en solitario —el conocido como 'autoempleado' o 'solopreneur'— se topa con un sistema de cotización por ingresos reales que, tras culminar su periodo de transición, aprieta con fuerza las tuercas fiscales. Aunque existen bonificaciones iniciales como la tarifa plana para nuevos emprendedores, la realidad del mantenimiento mensual (cuotas, alquiler del local comercial, licencias municipales de actividad y el coste energético de mantener hornos industriales encendidos durante horas de tarifa valle y punta) exige una facturación mínima que obliga a estas jornadas inhumanas de 20 horas de trabajo diario. Una presión que explica por qué, según los datos históricos de la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos (ATA), más del 50% de los negocios liderados por jóvenes menores de 30 años terminan echando el cierre antes de cumplir los tres primeros años de vida.

La paradoja del obrador digital

Para colmo, la propia naturaleza del éxito de Marta esconde una trampa de la que pocos expertos laborales avisan: la doble jornada del creador de contenido. El bum de @laherenciabakery en TikTok demuestra que hoy en día no basta con hornear la mejor tarta de Alicante; también hay que saber editar vídeos, responder comentarios, vigilar el algoritmo de turno y mantener un 'feed' impecable para que los clientes sigan llegando. Al estar sola en el negocio, esas horas de gestión digital no sustituyen al trabajo en la cocina, sino que se acumulan sobre él, estirando el horario de salida hasta rozar la medianoche.

Es la pescadilla que se muerde la cola: necesitas las redes sociales para que tu obrador físico funcione, pero las redes sociales consumen el escaso tiempo que te queda para vivir fuera de él. Un peaje invisible que convierte el autoempleo juvenil en una suerte de autoexplotación consentida por la vía de la ilusión. Marta insiste en sus publicaciones en que se puede salir adelante "con mucho esfuerzo, con muchísimas ganas y con muchísima ilusión", mandando un mensaje de resistencia frente a las opiniones negativas. Pero la cruda realidad del tejido empresarial nos dice que la ilusión no paga las facturas de la luz cuando el horno trabaja dieciocho horas seguidas. Está por ver cuántos de estos nuevos artesanos digitales logran dar el salto y contratar personal antes de que el motor de su propia salud diga basta.

Imágenes | Pexel (Gustavo Fring)


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