
La entidad le prestó dinero con su vivienda como garantía y, más de dos décadas después, los intereses acumulados han disparado la factura
455.081 euros. Eso debe abonar una anciana de 97 años al Bank of Ireland por un producto que contrató en 2003. Con 72 años, sin hijos y tras recibir una oferta comercial del banco, la mujer suscribió un life loan (hipoteca inversa, en la jerga financiera) de 130.000 euros. La operación hace aguas por todas partes: en realidad solo necesitaba 30.000 euros, por lo que depositó los 100.000 restantes en una cuenta de la propia entidad, donde han perdido poder adquisitivo por la inflación, tal y como recoge la sección financiera de The Irish Times. Hoy, tras acumular intereses durante más de dos décadas, sus sobrinos llevan desde 2022 intentando mediar con el banco, mientras el defensor del cliente financiero irlandés (FSPO) advierte de que tardará entre 12 y 14 meses en asignar personal investigador al expediente.
El caso es un ejemplo de los riesgos asociados a convertir el patrimonio inmobiliario en liquidez. "Para garantizar que los clientes comprendieran el producto, la información facilitada explicaba claramente las condiciones", apunta un portavoz del Bank of Ireland. En concreto, estos créditos ofrecían a jubilados, ricos en patrimonio pero pobres en efectivo, dinero que, por regla general, no tenían que devolver mientras vivieran en la vivienda y se cumplieran las condiciones del contrato. Sin embargo, el riesgo reside en el interés acumulado: la deuda debe liquidarse conforme a las condiciones del préstamo, habitualmente mediante la venta de la casa tras el fallecimiento del titular, y puede aumentar considerablemente con el paso del tiempo. Aunque la entidad retiró esta oferta tras el hundimiento inmobiliario, el modelo vuelve a asomar la cabeza, algo que ya analizamos al evaluar si merecía la pena para un jubilado.
Las hipotecas inversas en España: requisitos, riesgos y condiciones
Pero, ¿qué sucede en el mercado español? En nuestro país, este crédito vuelve a ganar protagonismo entre las entidades financieras como una fórmula para complementar la pensión. De acuerdo con la Ley 41/2007, para acogerse al régimen legal de la hipoteca inversa, el titular debe tener 65 años o más, acreditar una discapacidad igual o superior al 33 % o encontrarse en una situación de dependencia severa o gran dependencia. Así, el prestatario recibe dinero a cambio de constituir una garantía sobre su vivienda, conservando en todo momento la propiedad. Además, las cantidades recibidas como disposiciones de un préstamo no tributan, por sí mismas, en el IRPF.
A pesar de su aparente sencillez, la competencia ha colocado a este producto en el punto de mira. La alianza entre Santander y MAPFRE ha ganado peso en el sector, con una cuota superior al 60 % de las operaciones firmadas en España durante 2024, según los datos publicados por Rankia. Su propuesta exige que la tasación del inmueble supere los 150.000 euros. Como pasa siempre con la banca: a mayor valor de la vivienda, mayor puede ser la cantidad que se obtiene. No obstante, uno de los riesgos es que el importe adeudado crezca más rápido que el valor del inmueble, reduciendo el patrimonio que queda para los herederos.
El rizo aún se puede rizar más en los tribunales, donde las últimas resoluciones del Tribunal Supremo han puesto el foco en la transparencia de estos contratos. En julio de 2026, el alto tribunal dictó las sentencias 1190/2026 y 1317/2026, analizadas por el despacho Giménez-Salinas. La Sala de lo Civil confirmó la nulidad total de uno de los contratos y, en otro caso, mantuvo el préstamo, pero eliminó el interés remuneratorio. Las resoluciones ponen de relieve la importancia de que el cliente comprenda el coste real de la operación y las consecuencias de acumular intereses durante años. Uno de los mayores riesgos es precisamente ese interés, que engorda la deuda mientras el jubilado recibe el dinero sin tener que afrontar necesariamente pagos periódicos.
El desenlace también puede afectar a los herederos, que se enfrentan a la deuda al tramitar la herencia. Cuando el titular fallece, los familiares pueden tener que liquidar el préstamo, vender la vivienda para saldar la deuda o permitir que se ejecute la garantía, según las condiciones del contrato. En el caso del producto de Santander y MAPFRE, se contempla un plazo de nueve meses sin penalización, según Rankia, aunque las condiciones pueden variar según la entidad. En el caso de la anciana irlandesa, vivir casi un siglo ha resultado ser un competidor duro de roer para las finanzas de su linaje. Sobrevivir a tus ahorros es un temor habitual, pero ver cómo la deuda consume el valor de tu propia casa también puede convertirse en un problema para quienes hereden.
Imagen | Bank of Irlanda
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