Vanesa alquila la piscina de su casa desde 24 €/hora: "Hay veces que ni siquiera estoy allí, ellos cierran la puerta y listo"

Piscina privada
  • El 95% de los bañistas amplían su reserva en esta plataforma que convierte jardines privados en oasis de alquiler frente al calor

  • Detrás del idilio asoman los riesgos de un negocio improvisado donde la fiscalidad y los seguros pueden hundir la rentabilidad

Redacción El Blog Salmón

Editor

Una póliza de seguro de hogar estándar tiene unas cuarenta páginas. En la página catorce, bajo el epígrafe de exclusiones de responsabilidad civil, suele haber una línea de texto minúscula. Nueve palabras. En esas nueve palabras cabe el naufragio de un negocio de verano.

Ese negocio de verano arranca en un jardín vacío. Apenas el 24% de las viviendas actualmente a la venta en España dispone de piscina, según los datos de Alfa Inmobiliaria. Mantener ese cubo de agua limpia exige una inversión que oscila entre los 600 y los 1.200 euros anuales en productos químicos, luz y limpieza. Para aliviar ese pozo de gastos, Vanesa Sánchez, vecina de Mora (Toledo), decidió apuntalar las cuentas familiares alquilando su parcela por horas a través de la plataforma Cocopool, tal y como detalló a El Digital Castilla-La Mancha.

La aplicación muestra un recinto con capacidad para veinte personas y una tarifa escalonada: arranca en 24 euros por hora para grupos de hasta cinco integrantes y sube a 42 euros para el aforo máximo. La tarifa final incluye, según relata la propietaria: una zona de porche techado, una barbacoa con nevera, conexión wifi, cómodas tumbonas bajo la sombra, una ducha solar y ningún alta en el registro de actividades económicas.

Esa falta de registro no espanta a los clientes a una hora en coche de Madrid. Por el jardín de Vanesa desfilan familias enteras que escapan de los pisos de la capital, celebraciones de dieciocho cumpleaños o grupos de chicas árabes que, por sus creencias, requieren una privacidad imposible de encontrar en instalaciones municipales. Las condiciones se remachan en el perfil de Cocopool: ducharse antes de entrar, no saltar de cabeza, prohibido el karaoke para no molestar a los vecinos y cancelación gratuita si se avisa con 48 horas de antelación. "Mientras está la gente pongo la depuradora todo el rato porque el agua se mantiene más limpia", confiesa la anfitriona.

Esa anfitriona a veces ni siquiera hace acto de presencia. Vanesa controla el acceso a través de cámaras, ofreciendo a sus clientes una intimidad total. "Hay veces que ni siquiera estoy allí, ellos cierran la puerta y listo", explica en el reportaje original publicado por El Digital Castilla-La Mancha. El modelo funciona tan bien que el 95% de las reservas terminan ampliando su horario, abonando una media de siete horas de estancia.

Siete horas de cobro que usted también habría imaginado embolsarse al mirar su propio jardín. No se haga el distraído con los papeles.

Esos papeles revelan que el acuerdo que se suelda en el teléfono móvil no es un arrendamiento de vivienda. A ojos de la Agencia Tributaria, alquilar una instalación de recreo por horas es una prestación de servicios sujeta a la ley del Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA). A esos 24 euros por hora hay que arrancarles el 21% para el fisco, presentándolo trimestralmente en el modelo 303. Usted no necesita darse de alta como autónomo en la Seguridad Social si los alquileres son esporádicos y no alcanzan el Salario Mínimo Interprofesional, pero el IVA no perdona la falta de habitualidad. Después, el beneficio neto debe declararse en el IRPF como rendimiento del capital inmobiliario, sin derecho a la reducción del 60% que ampara a los alquileres residenciales convencionales.

Ese fisco ya no necesita mandar inspectores a los chalets. El telón de la impunidad se descose solo. La transposición de la directiva europea conocida como DAC7 obliga a todas las plataformas digitales de alquiler y segunda mano a reportar a Hacienda los datos bancarios y fiscales de aquellos usuarios que superen las treinta operaciones anuales o los 2.000 euros de ingresos acumulados.

Esa vigilancia de despachos palidece frente al abismo que espera en el borde del agua.

Una sola persona resbala en el bordillo húmedo, se golpea la frente contra el gresite azul, la ambulancia se lleva al accidentado mientras la depuradora sigue funcionando en silencio, el perito de la aseguradora reclama la reserva de la aplicación que demuestra que aquello era una transacción comercial y la compañía se lava las manos dejando al dueño con una indemnización civil que podría devorar la hipoteca entera. La póliza no paga. Para tapar esa vía de agua, estas plataformas de intermediación han tenido que remachar un seguro de responsabilidad civil propio que se activa con cada reserva, cubriendo los accidentes durante las horas contratadas, o exigir al propietario que contrate una póliza específica para uso lúdico-comercial.

Hasta que ocurra un siniestro, el expediente de Vanesa avanza sin contratiempos, sostenido por la extrema educación de sus bañistas temporales. Pero la página catorce del seguro sigue archivada en algún cajón de la casa. Si usted guarda una parecida, ya sabe qué línea debe leer antes de abrirle la puerta a unos desconocidos.

Imágenes | Pexels (ERIC MUFASA)

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