El ser autónomo en España es casi una “profesión de riesgo”, pero de riesgo de caer en la pobreza. Lejos de representar una vía estable de emprendimiento y estabilidad económica, para una parte creciente del colectivo se ha convertido en una fórmula de subsistencia marcada por la precariedad.
Los últimos datos del Observatorio Económico del Trabajo Autónomo reflejan una realidad preocupante: uno de cada cuatro trabajadores por cuenta propia vive con ingresos que no alcanzan el umbral de una vida digna.
La situación resulta aún más alarmante si se tiene en cuenta el contexto económico general. Mientras el empleo asalariado mantiene una evolución positiva y los salarios mínimos superan ampliamente determinados niveles de renta, cientos de miles de autónomos continúan atrapados en actividades que no generan ingresos suficientes.
Esta brecha está dando lugar a un fenómeno que ya tiene nombre propio: el de los autónomos pobres.
Una cuarta parte del colectivo en riesgo de exclusión económica
Los datos recopilados por UPTA muestran que el 25% de los trabajadores autónomos se encuentra en una situación económica extremadamente vulnerable.
Según cifras de la Agencia Tributaria, 795.413 personas dadas de alta en el RETA declaran rendimientos iguales o inferiores a 670 euros mensuales, una cifra que representa a más del 20 % del total del colectivo.
Dentro de este grupo, más de medio millón desarrolla una actividad económica habitual y constituye su única fuente de ingresos.
El resto corresponde a situaciones de pluriactividad, colaboradores familiares o autónomos temporales. En todos los casos, el denominador común es la dificultad para alcanzar ingresos suficientes que permitan sostener un proyecto vital estable.
UPTA advierte de que más de 500.000 autónomos sobreviven con rendimientos por debajo de los 900 euros al mes, una cifra que evidencia el crecimiento de un segmento cada vez más amplio de trabajadores que, pese a mantener una actividad constante, no logran cubrir sus necesidades básicas ni asegurar su futuro.
El autoempleo como refugio forzado y no como elección real
Uno de los factores que explica esta situación es la evolución del mercado laboral en los últimos años.
Aunque el empleo asalariado ha crecido, muchas personas han recurrido al autoempleo como única alternativa ante la falta de oportunidades estables. Sin embargo, los salarios del trabajo por cuenta ajena, aun siendo ajustados, superan en muchos casos en más de 500 euros mensuales los ingresos de una parte importante del colectivo autónomo.
UPTA señala que las políticas públicas de fomento del autoempleo han contribuido de forma indirecta a este problema.
Medidas como la tarifa plana o determinados incentivos al inicio de actividad han generado expectativas poco realistas y han empujado a miles de personas a emprender sin un proyecto viable ni una estructura adecuada.
El resultado es que más del 60% de los beneficiarios de estas ayudas declara rendimientos inferiores a 700 euros mensuales, lo que evidencia que muchas de estas iniciativas no logran consolidarse.
“Estamos incentivando situaciones de precariedad en lugar de fomentar proyectos sólidos”, advierten desde la organización, que considera que estas políticas han terminado por alimentar un modelo insostenible de autoempleo.
La necesidad de facilitar una salida digna del autoempleo
Ante este escenario, UPTA plantea un cambio de enfoque. La organización defiende la puesta en marcha de mecanismos que permitan a los autónomos en situación más vulnerable abandonar el autoempleo de forma ordenada y acceder a un empleo por cuenta ajena acorde a su experiencia.
Para ello, propone que el Servicio Público de Empleo impulse programas específicos de orientación laboral, recualificación profesional y acreditación de competencias.
El objetivo es ofrecer alternativas reales a quienes, pese a trabajar intensamente, no consiguen generar ingresos suficientes.
Desde la organización subrayan que esta estrategia no supone abandonar el apoyo al emprendimiento, sino reforzar la calidad del mismo. Apostar por un autoempleo sostenible implica también reconocer cuándo un proyecto no es viable y facilitar una transición digna hacia otras opciones laborales.
Un modelo que necesita una revisión profunda
El presidente de UPTA, Eduardo Abad, ha sido especialmente crítico con la situación actual. “Los datos demuestran que estamos bonificando pobreza en lugar de ayudar a consolidar actividades viables. Se está utilizando el autoempleo para maquillar las cifras de paro, empujando a miles de personas a darse de alta sin garantías reales de éxito”, señala.
Abad advierte de que esta dinámica está condenando a muchos trabajadores a endeudarse y a sostener negocios que no generan ingresos suficientes ni ofrecen estabilidad. A su juicio, la política de fomento del autoempleo de la última década ha fracasado en su objetivo principal: crear empleo sostenible y de calidad.
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