Las cifras del turismo de borrachera y su importancia económica (aunque molesta)

El turismo de borrachera, o también conocido como turismo del desfase etílico, se ha convertido por desgracia en el más común en ciertas zonas costeras de España, especialmente de Cataluña y de las Islas Baleares. Turistas jóvenes, menores de 30 años, que acuden al país en busca de suculentas ofertas, fiestas sin frenos y alcohol a precio de coste. La gran mayoría de estos turistas son británicos, aunque el fin de la pandemia hizo que franceses y nórdicos también se sumasen a este modelo de ocio.

La recuperación del turismo británico en España tras la pandemia hizo saltar las alarmas en numerosos municipios españoles como Salou o Magaluf, que implantaron estrategias en pro del turismo de calidad y de mayor poder adquisitivo y un mayor control frente al temido turismo de borrachera.

En 2021, España recibió 31,1 millones de turistas extranjeros, un 64,4% más que en 2020, aunque un 62,7% por debajo de las cifras de 2019. Las restricciones hicieron que los turistas británicos no visitasen durante ese año nuestro país, por lo que debido a la proximidad y a la flexibilidad en cuanto a horarios y fiestas, los turistas franceses jóvenes escogieron España como destino para sus vacaciones junto a amigos.

En dicho año llegaron a España 5,8 millones de viajeros, un 49,7% más que en 2020. Aunque el verano fue la época más llamativa, atraídos por las buenas temperaturas y las playas del litoral español, durante meses se vieron imágenes de turistas franceses de fiesta por Madrid que dieron la vuelta al mundo.

De hecho, aún en plena pandemia, la capital española se convirtió en el epicentro del turismo de borrachera. Los jóvenes galos apenas invertían 300-400 euros de media en sus viajes y se aprovechaban de los paquetes turísticos económicos del sector que buscaba su recuperación.

Era el método de recuperación frente al descenso del gasto que aportaban los viajeros de Reino Unido a España. Durante el verano de 2022, los británicos gastaron de media un 12,2% menos (1.226 euros) que en 2021 y por debajo del promedio de gasto de los cuatro millones de turista que visitaron el país en marzo de 2022 (1.257 euros). Por su parte, el mercado nórdico representó una media de 1.486 euros de inversión.

En los veranos de 2021 y 2022, el 54,5% de los pasajeros internacionales que llegaron a España viajaron en aerolíneas low cost, haciéndolo en líneas tradicionales solo el 45,5%. Esto denota que los niveles de turismo de borrachera y de turismo joven en busca de fiesta sin control siguieron repuntando.

Históricamente, Mallorcaha liderado los destinos españoles para los jóvenes británicos menores de 30 años. En concreto, durante los últimos años se ha visto un incremento del 5% entre los menores de 21 años y de un 3% en población de entre 21 y 30 años. Ibiza también logró aumentar sus reservas de jóvenes en un 4% anualmente.

¿Dónde se alojan los turistas de borrachera?

En una entrevista a El Mundo del presidente de la patronal de hoteleros, Joan Molas, mostró su sospecha de que el 17% de los turistas extranjeros que llegaban a España se alojasen en casas de amigos y familiares, según datos de Frontur en una de las encuestas elaboradas por el Instituto de Estudios Turísticos.

A esto se le suma la proliferación de apartamentos turísticos en España. Según el informe publicado en mayo por el Instituto Nacional de Estadística (INE), que recoge datos de hasta el mes de febrero, el número aumentó en un 16,4% con un total de 306.136 viviendas turísticas en el país. Representan el 1,21% del total de viviendas del territorio nacional. Por regiones, Andalucíalidera el ranking con 70.194 seguida de Comunidad Valenciana (49.950) y Cataluña(45.709). Baleares, destino ideal para el turismo de borrachera, se coloca en el quinto puesto del ranking con 25.393 pisos turísticos.

En este sentido, el sector de las viviendas de uso turístico se queja de un trato desigual por parte de las autoridades municipales y argumenta que el turismo de borrachera no tiene por qué estar ligado a sus negocios. Así lo ha manifestado Pablo Zubicaray, presidente de la Federación Española de Asociaciones de Viviendas y Apartamentos Turíticos (Fevitur). De hecho aseguraba que “vienen a emborracharse porque la ciudad tiene ese tipo de ocio”.

Guerra al turismo de borrachera

En plena pandemia, cada comunidad autónoma comenzó a poner en marcha sus propias normativas restrictivas para acabar con el turismo de borrachera. Madrid no permite (artículo 17.3) un alquiler de menos de cinco días, excluyendo así las estancias de fines de semana. Y es que la media de estancia en la capital, según datos del INE, es de 3,8 días en apartamentos y de 1,9 días en hoteles.

Baleares implantó la Ley 8/2012 de 19 de julio en cuyo artículo 52 limita el alquiler a viviendas unifamiliares, excluyendo los pisos. Magaluf (Calvià) e Ibiza están desarrollando investigaciones y controles policiales más exhaustivos para acabar con esta práctica.

En este sentido, el Govern de las Islas Baleares implantó en plena pandemia la necesidad de acabar con la imagen de las islas como imán para el turismo de borrachera a nivel mundial. El objetivo no era otro que dejar de asociar su territorio con excesos y comportamientos contra la libertad sexual.

De este modo, la nueva normativa limita la venta de alcohol en comercios entre las 21:30 horas y las 08:00 horas, las barras libres, los happy hours, la publicidad que incite al consumo etílico o la exhibición de bebidas alcohólicas. También prohibieron el balconing en todo el territorio. En los hoteles se limitó el consumo de tres bebidas por persona en las comidas. El decreto, en vigor durante cinco años, incluye multas de hasta 60.000 euros. Se convierte así Baleares en el primer destino europeo en limitar el turismo de borrachera.

La localidad de Lloret de Mar, donde en solo 48 kilómetros cuadrados se concentran más de 30 discotecas y 30.000 plazas hoteleras, ha destacado años atrás por ofertar paquetes de vuelo y alojamiento por solo 300 euros, atrayendo al turismo de borrachera. En 2016 Salou puso fin al Saloufest, que atraía a una media de 10.000 turistas británicos con la excusa de practicar deporte y emborracharse, a pesar de que dejaba unos 5.000.000 de euros en la localidad.

Todo tipo de medidas y alternativas para acabar con un turismo que, a pesar de los ingresos que genera, transmite una mala imagen de los destinos vacacionales y evita la llegada de un turismo de mayor calidad y poder adquisitivo.

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