Cada vez que Elon Musk habla, sube el pan. El archiconocido empresario ha asegurado recientemente que, en un futuro dominado por la inteligencia artificial, ahorrar para la jubilación dejará de ser necesario. Así, tal cual.
Su argumento se apoya en una visión de abundancia tecnológica en la que la productividad, la automatización y la energía barata transformarían por completo el modo en que las personas viven y trabajan.
Las palabras del fundador de Tesla y SpaceX llegan en un momento especialmente delicado para casi todo el mundo, independientemente del país donde uno viva. La inflación acumulada, el encarecimiento de la vivienda y la presión sobre los sistemas públicos de pensiones han reducido la capacidad de ahorro de millones de hogares.
Y, cómo no, han sido recibida con escepticismo por buena parte de los expertos en economía y finanzas personales.
Una visión futurista que choca con la realidad actual
Musk defendió su postura durante una intervención en el pódcast Moonshots, donde afirmó que “no tiene sentido preocuparse por ahorrar para dentro de diez o veinte años”.
Según explicó, los avances en inteligencia artificial, robótica y generación energética crearán tal nivel de prosperidad que el concepto mismo de jubilación quedará obsoleto. En sus palabras, el ahorro será “irrelevante” en un mundo donde los bienes y servicios serán prácticamente ilimitados.
El mensaje, sin embargo, llega en un momento en el que los datos apuntan en la dirección contraria. La deuda de los hogares en Estados Unidos alcanzó en 2025 un máximo histórico de 18,59 billones de dólares, más de un cincuenta por ciento superior a la registrada una década antes.
A ello se suma un entorno de tipos de interés elevados y salarios que no han crecido al mismo ritmo que el coste de la vida.
Para muchos especialistas, el optimismo de Musk ignora estas tensiones estructurales. Geoffrey Sanzenbacher, investigador del Center for Retirement Research del Boston College, fue especialmente crítico al señalar que “la mayoría de los estadounidenses debería ignorar por completo estos comentarios”. En su opinión, la idea transmitida por el empresario es “peligrosa y engañosa”, especialmente cuando el sistema de Seguridad Social afronta problemas de sostenibilidad a medio plazo.
El ahorro sigue siendo una red de seguridad imprescindible
Desde el ámbito académico, las reacciones han sido mayoritariamente prudentes. Alicia Munnell, asesora sénior del mismo centro y exdirectora de la institución, afirmó que no otorgaría credibilidad a las palabras de Musk fuera de su campo de especialización. “No tiene una visión realista de cómo vive la mayoría de la población ni del papel que juegan los planes de pensiones en la estabilidad financiera”, explicó, subrayando que el magnate debería centrarse en sus proyectos tecnológicos.
Olivia Mitchell, directora del Boettner Center on Pensions and Retirement Research de Wharton, reconoció que la inteligencia artificial puede impulsar la productividad y reducir determinados gastos. Sin embargo, advirtió de que confiar el futuro financiero personal a esa hipótesis es “arriesgado”.
Según Mitchell, incluso en un escenario de mayor riqueza global, los beneficios no se distribuirán de forma uniforme, por lo que el ahorro individual seguirá siendo un pilar esencial.
Las dudas no se limitan al ámbito académico. Kristin Pugh, gestora de patrimonios privados en Creative Planning, señaló que la historia demuestra que los avances tecnológicos rara vez reducen el tiempo de trabajo o garantizan una mejor calidad de vida para todos. “Antes de renunciar a la planificación financiera, deberíamos exigir explicaciones claras sobre cómo se cubrirán las necesidades básicas de la población”, afirmó, recordando que el progreso no siempre implica equidad.
La inteligencia artificial no garantiza igualdad
Otros expertos insisten en que el optimismo de Musk se apoya en supuestos difíciles de cumplir. Ekaterina Abramova, profesora de la London Business School especializada en aprendizaje automático, ha explicado que un futuro de abundancia dependería más de decisiones políticas que de avances tecnológicos. Según ella, solo una redistribución consciente de los beneficios permitiría reducir la desigualdad, algo que no está garantizado en el contexto actual.
John Nosta, fundador de NostaLab y analista de innovación, fue aún más contundente al señalar que la visión del empresario descansa sobre una “cadena frágil de suposiciones”.
En su opinión, confiar en que la tecnología resolverá por sí sola los problemas estructurales ignora factores clave como la gobernanza, la fiscalidad o la cohesión social. “No es un reto tecnológico, es un desafío de coordinación a escala civilizatoria”, afirmó.
Desde una perspectiva histórica, James Ransom, investigador de University College London, ha recordado que este tipo de predicciones optimistas no son nuevas. Citó el caso de algunos analistas de la Guerra Fría que dejaron de ahorrar convencidos de que no llegarían a jubilarse. “En su momento parecía lógico, pero el tiempo demostró lo contrario”, explicó, advirtiendo contra el peligro de tomar decisiones financieras basadas en escenarios idealizados.
Entre la utopía tecnológica y la prudencia financiera
La visión de Musk conecta con una narrativa muy extendida en Silicon Valley, donde la inteligencia artificial se presenta como una fuerza capaz de eliminar la escasez.
Sin embargo, los datos actuales muestran que la riqueza generada por la tecnología tiende a concentrarse y que los sistemas de protección social siguen siendo fundamentales para garantizar estabilidad a largo plazo.
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