España se ralentiza... ¿o se acerca una crisis?

Los datos vinculados al crecimiento de la economía española muestran una clara desaceleración. Si bien en el primer trimestre del año la economía española avanzaba a un ritmo del 3%, en el segundo trimestre el dato interanual ha caído hasta el 2,70%.

La última tasa de crecimiento interanual de la economía española es la peor que se ha visto desde el primer trimestre de 2015 y la variación intertrimestral del 0,6% en el segundo trimestre, siendo la menor desde el tercer trimestre de 2014.

Por todo ello, cabe preguntarse si bien si nos encontramos ante una fase ralentización del crecimiento o se acerca una crisis.

Cifras que nos muestran la entrada a la desaceleración

En el primer trimestre, el dato interanual mostraba un crecimiento del 3%, que se alimentó por una aportación de +2,8 puntos porcentuales y +0,2 puntos porcentuales por parte de la demanda externa. En el dato del segundo trimestre, vemos una subida de +0,1 puntos en la demanda nacional hasta el 2,9 puntos porcentuales pero la demanda externa varió -0,4 puntos, lo que ha llevado a que la demanda externa apuntara a una aportación negativa al crecimiento con una aportación del -0,2 puntos porcentuales.

Los indicadores adelantados apuntan a la desaceleración. Por ejemplo, el Índice de Gerentes de Compras Compuesto (PMI) se encuentra en 53 puntos en agosto, después de que en julio marcara los niveles más bajos en más de dos años y medio. No obstante, el índice aún se encuentra por encima del umbral de 50 puntos, lo que indica una expansión de la actividad empresarial en la economía española.

De acuerdo con el escenario pronosticado en los Presupuestos Generales del Estado de 2018, se espera que la economía española crezca un 2,7% al finalizar el presente ejercicio, lo que implica una pérdida de cuatro décimas de crecimiento frente al crecimiento del 2017.

Si tenemos en cuenta la variación del PIB en términos nominales -incluyendo la evolución de la inflación-, el avance del PIB estimado sería un 4,3% hasta que la producción alcanzara una cifra de 1,213 billones de euros. Comparando estas cifras con el año anterior, se perderían tres décimas.

Con estos datos sería prematuro hablar de próxima recesión o similar, pero sí podemos concluir que la desaceleración ya está aquí y veremos en qué grado se magnifica.

Riesgos que afectan a la economía española

Tal y como ha reconocido la ministra Nadia Calviño, los vientos de cola (tipos de interés del BCE, precios del petróleo) se están agotando. Recordemos que al finalizar este ejercicio el BCE finalizará su QE y para el año próximo se baraja que para el tercer trimestre se empiecen a incrementar tipos de interés.

España al tener una cultura del ahorro mediante la compra de la vivienda, una elevada deuda pública cuyos vencimientos habrá que refinanciar y una dependencia energética, la subida de tipos y el alza del tiene una mayor incidencia el crecimiento económico.

Hay que hacer una mención especial para el turismo pues representa el 11% del PIB español y este verano no ha sido especialmente bueno. El número de visitantes a España cayó un 4,9% en julio, la primera caída desde 2009. Esto se debe a una mejora de la demanda de Turquía, Túnez y Egipto que habían sido rechazados por los turistas tras los ataques de los milicianos y un intento de golpe militar en Turquía en 2016.

Además, en agosto, se ha perdido 203.000 empleos, lo que supone el peor agosto en una década y ha hecho saltar las alarmas sobre la situación economía española.

Dejando atrás los factores externos, los factores internos son los que marcan la diferencia. El nuevo Gobierno nacido de la moción de censura tiene una clara orientación a incrementar los impuestos, lo que no parece la mejor de las opciones si uno pretende crear un marco jurídico-fiscal estable, mejorar la renta disponible de los agentes económicos y un entorno atractivo para atraer capitales. Entre las medidas que tienen intención de poner en marcha se encuentran:

  • La creación de un impuesto a grandes tecnológicas.
  • La puesta en marcha del impuesto a las transacciones financieras.
  • Incrementar el tipo marginal máximo del IRPF.
  • Incrementar las pensiones al ritmo del avance de los precios al consumidor con un déficit de la Seguridad Social de 18.000 millones.

Para que estas medidas puedan ponerse en marcha es necesario la aprobación de los nuevos Presupuestos Generales del Estado, y habrá que ver en su momento si existe una mayoría para su aprobación, un hecho que a día de hoy no está nada claro fruto de la debilidad del Gobierno y la complejidad de los acuerdos.

Desde el punto de vista de la Eurozona, la economía se ha desacelerado desde que iniciamos el año, ya que las exportaciones se desplomaron y la confianza de las empresas se ha ido debilitando debido a las preocupaciones sobre las futuras relaciones con los principales socios comerciales de la Eurozona dadas las tensiones comerciales que ha iniciado Estados Unidos.

La pérdida de impulso en 2018 contrasta con Estados Unidos, donde el crecimiento se aceleró durante el segundo trimestre. El diferencial de crecimiento de Estados Unidos fue el más amplio desde el segundo semestre de 2014, ya que las dos economías se han expandido aproximadamente al mismo ritmo desde entonces.

No obstante, este crecimiento es más sólido que los anteriores

A medida que la recuperación económica ha ido madurando, los motores del crecimiento son mucho más equilibrados de lo que lo fueron durante las anteriores fases de crecimiento y, por lo tanto, la economía hoy es más solvente frente a shocks externos.

El crecimiento sigue estando impulsado por la demanda interna, en particular por el consumo privado y, más recientemente, por la actividad inversora. Sin embargo, en los últimos años la demanda externa neta también ha desempeñado un papel importante en el impulso del crecimiento con una contribución positiva al PIB.

Se han producido más cambios estructurales en la competitividad de los costes, la diversificación de los mercados de exportación y una menor propensión a las importaciones debido a la sustitución de las mismas. Todo ello contribuye a la disminución de los riesgos frente a la etapa anterior alimentada por el ladrillo.

Durante más de 20 años, España ha registrado déficits en cuenta corriente, a veces importantes (con un máximo del 9,6% del PIB en 2007), lo que a su vez ha dado lugar a un aumento significativo de la deuda externa y a una importante posición de inversión internacional neta acumulada negativa.

Cuando estalló la crisis financiera unida a la exposición al ladrillo, el déficit de la cuenta corriente de España se redujo muy rápidamente -en parte debido a la compresión de las importaciones- y en 2013 el déficit pasó a ser superávit.

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