La inflación vuelve a hundirse, todos los motivos

Ayer en el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó el indicador adelantado del IPC que mostró una variación anual en el 1,1% para el cierre del mes de febrero. Es un dato adelantado y por lo tanto no está confirmado aún, pero, de confirmarse, supondría una subida de cinco décimas frente a la tasa anual del mes de enero que ofreció una variación del 0,6%.

Según comenta el INE, la razón subyacente de este repunte la encontramos en el incremento de los precios de la electricidad, frente a la bajada que experimentaron durante el ejercicio del 2017.

Si bien se confirma este dato sería considerado como un fuerte repunte, no obstante, la tendencia generalizada durante los últimos 12 meses ha sido de una desaceleración la evolución anual del IPC. Cabe recordar que en enero de 2017, el IPC llegó situarse en el 3%, un dato que disparó las alarmas.

La inflación al consumidor en España y en la Eurozona

En febrero del año 2017 vimos como el IPC de Eurozona mostraba un dato del 2%, mientras que el dato de España se situaba en el 3%. Ambos indicadores se han desacelerado en los últimos meses, mostrando una tendencia a la baja en los precios al consumidor. Actualmente, la inflación de precios al consumidor de la Eurozona se sitúa en el 1,30% y en España en el 0,60%.

En enero, los productos energéticos disminuyeron un 1,7% en base interanual, después del diciembre de 2017 experimentaron una subida del 2,6%, debido principalmente a la caída de los precios de la electricidad, que pasaron de una tasa del -0,2% interanual diciembre al menos 13% en enero. También hay que tener en cuenta, en menor medida, la desaceleración de los precios de los carburantes y lubricantes del medio hasta el 2,5%.

Por su parte, la inflación de la alimentación se situó en el 1,3% en enero, lo que suponía cuatro décimas menos al mes anterior. Los precios de los alimentos no elaborados crecieron el 1,6%, 1,2 puntos menos del mes anterior, por la caída de productos como legumbres y hortalizas frescas.

Si obviamos los productos de alimentación no elaborada y los productos energéticos obtenemos la inflación subyacente descuenta los elementos más volátiles para el cálculo del índice. En el mes de enero, la inflación subyacente se mantuvo en el 0,8% por tercer mes consecutivo, situándose por encima de la inflación por primera vez desde noviembre de 2016.

La baja inflación no invita al BCE a modificar sus políticas

Asimismo, el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, afirmaba recientemente que prevé una inflación baja durante los próximos meses, asegurando que la Eurozona sigue dependiendo del programa de flexibilización cuantitativa que está desarrollando.

Draghi ha comentado que se espera que el crecimiento de la Eurozona se ralentice y en consecuencia, esto podría desacelerar el incremento de la inflación aunque sea temporalmente, para que después sigan subiendo. También ha comentado que Factores como la tengo logía, la demografía y la globalización poder a ver “reducido la capacidad de respuesta de la inflación” a los ciclos económicos internos.

Recordemos que en la actualidad, la autoridad monetaria compra 30.000 millones de euros al mes en bonos de la Eurozona hasta al menos el mes de septiembre, lo que eleva el valor del programa de compras hasta 2,55 billones de euros.

Este programa de compras ha hundido las rentabilidades de los títulos de deuda, Lo que supone una manipulación de facto, de las rentabilidades a largo plazo a través de la creación de base monetaria. Un claro síntoma de esta manipulación es que recientemente el Tesoro Español ha emitido un bono a 30 años con una rentabilidad del 2,726% -la menor rentabilidad de su historia- y la mayor demanda de la historia este plazo.

A pesar del parón puntual del avance de los precios, los comentarios de Draghi sugieren que el BCE sigue confiando en que la inflación finalmente estará en una trayectoria ascendente, acercándose al objetivo de medio plazo de una inflación cercana pero inferior al 2% anual.

El problema para los depositantes

Si bien un dato del IPC al consumidor del 0,6% correspondiente al cierre del mes de enero o bien del 1,10% según anticipa el INE se considera unos niveles de inflación al consumidor baja, lo cierto es que los depositantes actuales que tienen su dinero en el banco están perdiendo poder adquisitivo con estos niveles de inflación raquítica -aunque esta pérdida de poder adquisitivo no tiende a importarle a los políticos-.

Según los últimos datos del Banco de España correspondientes al mes de noviembre, los tipos de interés pasivos aplicados por las entidades de crédito para depósitos a la vista fueron del 0,04%. Para los depósitos a plazo hasta un año y dos años el tipo de interés incrementa al 0,09%. En ambos casos son intereses que quedan muy por debajo de la inflación al consumidor y por lo tanto, representan una pérdida de poder adquisitivo para los ahorradores.

Para evitar la pérdida de poder adquisitivo y combatir los bajos tipos del BCE, estamos viendo como los inversores están acudiendo cada vez a productos de mayor rentabilidad y riesgo como pueden ser la adquisición de viviendas, debido a que los bienes raíces tienden a ser activos que protegen a su titular de la evolución de la inflación. Con este contexto es normal que el año pasado los compraventas de viviendas se incrementaron un 9,2%.

No solo en ladrillo es u objetivo válido para protegerse de la baja inflación sino que muchos inversores están acudiendo a la renta variable a través de fondos de inversión. Un dato revelador es que, según recoge Inverco, en 2017 el patrimonio de la inversión colectiva (fondos y sociedades de inversión colectiva) experimentó un crecimiento del 14,9% (58.685 millones más) hasta alcanzar los 452.883 millones de euros.

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