
Reservar unas vacaciones como quien reserva el seguro del coche puede evitar que el descanso de agosto se transforme en cuotas hasta el invierno
La idea de José Luis Díaz consiste en convertir un gasto previsible en una partida anual, con ahorro automático y un límite que se fija antes de mirar hoteles
El contexto obliga a hacer la cuenta con algo más que ilusión: los residentes en España gastaron 63.853 millones de euros en viajes en 2025, un 2,6% más que el año anterior, aunque realizaron menos desplazamientos. Viajar sigue ocurriendo; el problema está en decidir qué parte del presupuesto puede viajar con nosotros.
Un gasto que llega todos los años
El punto de partida es la entrevista a José Luis Díaz, formador financiero y fundador de Opciones Call y Put. Según publica Men's Health, Díaz propone abandonar la costumbre de pensar en las vacaciones cuando ya se acercan las fechas y tratarlas como un gasto fijo anual. Es una formulación deliberadamente poco romántica: hipoteca, alquiler, seguros, vacaciones.
Hay una razón práctica detrás de esa lista. Un gasto que sabemos que llegará dentro de ocho o doce meses es previsible y se parece a lo que en finanzas personales anglosajonas llaman un sinking fund, una hucha con destino y fecha. La etiqueta es algo aparatosa, pero la lógica es sencilla: dividir antes de gastar después.
Díaz sitúa su referencia entre el 5% y el 10% de los ingresos anuales. Con 30.000 euros al año, el intervalo que plantea es de 1.500 a 3.000 euros: repartido en doce meses, equivaldría a separar entre 125 y 250 euros mensuales. Son cuentas exactas, aunque el porcentaje no puede leerse como una tarifa universal. La propia entrevista habla de prioridades y situación personal; también importa si esos 30.000 euros son renta bruta o disponible, si el ingreso es estable y cuántas personas dependen de él.
En la misma conversación, el inversor sostiene que una transferencia automática a una cuenta separada evita que el ahorro dependa de la voluntad de cada final de mes. Habla de reservar entre un 10% y un 15% de la nómina y de aplicar el principio de "págate a ti mismo primero". Conviene separar ambas referencias: el 5%-10% está dedicado expresamente a las vacaciones; el 10%-15% se presenta como pauta de ahorro automático y no queda definido en la entrevista como un porcentaje exclusivo para el viaje. Separada tampoco debe significar bloqueada: el Banco de España explica que una hucha virtual para objetivos como un viaje permite disponer del dinero cuando se necesite.
La advertencia de Díaz va dirigida a una práctica bastante reconocible: adelantar el gasto con tarjeta, préstamo o con el peculiar "préstamo" a uno mismo que se promete reponer en septiembre. En su estimación, tres de cada diez personas financiarían sus vacaciones mediante préstamos personales de unos 6.000 euros, que tardarían entre 12 y 18 meses en devolver. La cifra procede de su propia estimación y resume el riesgo que quiere señalar: prolongar durante meses el coste de unas semanas de descanso.
La cuenta no empieza por el vuelo
¿Qué cambia cuando ese gasto entra en el presupuesto anual? Que deja de competir en junio con todo lo demás. Un viaje de 1.200 euros previsto con doce meses de margen exige 100 euros mensuales; con seis meses por delante, 200. Parece una obviedad hasta que se prueba a encajar el segundo número junto al alquiler, la compra y los recibos.
La Encuesta de Turismo de Residentes del INE permite mirar la escala sin convertirla en un presupuesto individual. En 2025 hubo 175,7 millones de viajes de residentes, un 4,7% menos que en 2024, mientras el gasto asociado creció hasta esos 63.853,4 millones. En el cuarto trimestre, cada viajero gastó de media 343,26 euros y 100,57 euros por día. Las medias no dicen qué debe pagar una familia por una semana de agosto, pero sí confirman que el coste agregado sube incluso cuando se viaja menos.
Y el dinero tampoco se reparte igual entre las partidas. En los viajes interiores del último trimestre de 2025, el alojamiento concentró el 25,5% del gasto; en los viajes al extranjero, el transporte se llevó el 31,3%. Un presupuesto útil suma al menos cuatro casillas, además del saldo de la cuenta: transporte, alojamiento, comida y una reserva para los costes que aparecen en destino - equipaje, traslados, seguro, actividades, alguna comida que no estaba en la foto de Instagram.
Merece la pena hacer una prueba poco glamurosa antes de reservar: mirar tres meses de movimientos bancarios y reconstruir el gasto que ya existe. El método que contó Xataka para presupuestar gastos no mensuales parte justamente de prorratear coche, impuestos, regalos o vacaciones, en lugar de confiar en que quede dinero al final. Si se cobra de manera variable, el porcentaje puede variar con el ingreso; lo importante es que el cálculo no prometa en enero una cuota que abril no podrá sostener.
El porcentaje que falta en la conversación
Hay argumentos débiles y fuertes alrededor de la regla del 5%-10%. El débil consiste en presentarla como una prueba moral de disciplina: quien no llega al porcentaje habría administrado mal su dinero. El fuerte es que obliga a mirar un gasto que suele quedar fuera del presupuesto hasta que ya es tarde.
Ahora bien, antes de convertir la regla en un mandato conviene atender a cómo llegan los hogares al verano. La Encuesta de Presupuestos Familiares del INE de 2025 muestra que el quintil de hogares con menor gasto destinó el 61,5% de su presupuesto a vivienda, agua, electricidad, gas, otros combustibles y alimentos no alcohólicos. En el quintil de mayor gasto, transporte, restaurantes y alojamiento, y ocio, deporte y cultura sumaron el 33,6%.
Es una diferencia que cambia la utilidad de cualquier fórmula. Para un hogar cuyo margen ya está absorbido por necesidades básicas, un fondo de vacaciones no puede competir automáticamente con el colchón para una avería, una factura atrasada o la pérdida de ingresos. El propio gasto medio anual también es desigual: una persona sola menor de 65 años gastó 23.784 euros de media en 2025, mientras una pareja con hijos alcanzó 44.438, según el mismo INE. Dos sueldos idénticos pueden esconder presupuestos radicalmente distintos.
Mi apuesta, con estas cifras encima de la mesa, es menos rotunda que la regla: el viaje merece una partida específica cuando el presupuesto mensual conserva aire después de cubrir necesidades, deudas y una reserva mínima para imprevistos. Si no queda ese margen, la partida sigue existiendo como deseo, pero el importe puede ser cero, más bajo o dirigirse a planes cercanos. El sistema falla cuando obliga a pedir prestado para cumplir la cifra prevista.
Hay un orden de decisión que aclara esa prioridad. Primero entran los gastos esenciales y las cuotas ya comprometidas; después, el colchón líquido para una contingencia; la hucha de vacaciones recibe lo que queda y determina el precio máximo del viaje. El material de educación financiera promovido por el Banco de España y la CNMV usa como referencia entre tres y seis meses de gastos normales para el fondo de emergencia, aunque la cifra concreta depende de la estabilidad de los ingresos, las personas a cargo y los gastos del hogar. Con esa secuencia, si el fondo anual de viaje alcanza 800 euros, el viaje se diseña para 800; la diferencia pide un destino distinto, más meses de ahorro o una fecha posterior.
El coste de convertir descanso en deuda
La recomendación de evitar la financiación responde al coste que puede dejar tras el viaje. El Banco de España publicó en junio de 2026 sus consejos para que las vacaciones no endeuden: pide revisar la TAE, que incorpora intereses y gastos asociados, y advierte especialmente del pago aplazado de las tarjetas revolving, donde una cuota baja puede alargar mucho la devolución del capital.
Aquí aparece una distinción que suele perderse en la reserva de última hora. La cuota mensual es solo una parte del precio del crédito; el coste total incluye todo lo que habrá que devolver. Según explica el Banco de España, la TAE permite comparar préstamos porque recoge intereses, comisiones y otros gastos. Una financiación anunciada con 0% de interés nominal puede conservar una TAE positiva si añade una comisión o un gasto.
¿Significa eso que cualquier persona que financie un viaje está cometiendo un error? Creo que sería una simplificación. Hay hogares que enfrentan una necesidad familiar, una visita o una situación que no cabe en la categoría de capricho. Lo que sí cambia la decisión es que el préstamo deja de ser parte de las vacaciones y pasa a ser parte del presupuesto de los meses posteriores: cuota, plazo, TAE y otros pagos que ya estaban comprometidos.
La protección existe incluso cuando el crédito ya se ha firmado. La guía del Banco de España sobre préstamos al consumo recuerda el derecho a desistir en 14 días naturales, devolviendo el capital y los intereses devengados hasta entonces. Antes de llegar ahí, conviene pedir y leer la información normalizada europea, comparar TAE, comisión de apertura y condiciones de amortización anticipada. Son detalles prosaicos; también son los que sobreviven al viaje.
La hucha antes que el calendario
Hay una imagen bastante extendida de las vacaciones como un paréntesis. En el presupuesto, sin embargo, ocupan una fecha y una cantidad que se conocen con antelación. La planificación no garantiza billetes baratos ni un verano sin sobresaltos, pero evita que el gasto llegue disfrazado de sorpresa.
Los datos de turismo indican que el gasto de los residentes creció mientras bajaba el número de viajes. Sospecho que esa es la parte más interesante de la propuesta de Díaz: el presupuesto de vacaciones no sirve para justificar cualquier viaje, sino para descubrir antes de reservar qué viaje puede soportar cada economía. Y, en todo caso, para que septiembre no acabe pagando el descanso de agosto.
Imágenes | Pexels (Kampus Production)
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