Durante años, los países nórdicos han sido vistos como el destino perfecto para construir los grandes centros de datos. Energía renovable abundante, temperaturas frías que ayudan a reducir el gasto en refrigeración y, como no, estabilidad regulatoria y política.
Todo ello ha ayudado a que Dinamarca, Suecia o Finlandia sean considerados algunos de los lugares favoritos para gigantes tecnológicos como Microsoft, Google o Amazon.
Sin embargo, el auge de la inteligencia artificial y el crecimiento del consumo eléctrico empiezan ya a tensionar seriamente la red energética de absolutamente toda la región.
Dinamarca se ha convertido en el primer país nórdico que comienza a plantear seriamente límites reales a los nuevos centros de datos debido a la saturación eléctrica.
Una avalancha de solicitudes eléctricas
El operador estatal danés Energinet decidió en marzo aplicar una pausa temporal a nuevos acuerdos de conexión a la red eléctrica tras recibir una auténtica marabunta de solicitudes de capacidad.
Actualmente, alrededor de 60 GW de proyectos esperan acceso a la red en Dinamarca. La cifra es enorme si se compara con la demanda máxima eléctrica real del país, que ronda únicamente los 7 GW.
Una parte importante de esas peticiones procede directamente de centros de datos e infraestructuras vinculadas al desarrollo de la IA. Según datos del propio operador energético, estas instalaciones representan cerca de 14 GW de las solicitudes pendientes.
Este desequilibrio entre capacidad disponible y demanda potencial ha obligado a replantear completamente la estrategia energética danesa.
La IA dispara el consumo eléctrico mundial
El auge de la IA está cambiando radicalmente las necesidades energéticas del sector tecnológico. Los nuevos modelos de IA requieren enormes capacidades de computación y procesamiento de datos. Eso implica construir centros de datos cada vez más grandes y con consumos eléctricos gigantescos.
Algunas instalaciones de nueva generación consumen tanta electricidad como ciudades medianas.
El problema no es solo de Dinamarca. Estados Unidos también empieza a vivir tensiones similares. Estados como Virginia, Oklahoma o Pensilvania están debatiendo restricciones y moratorias ante el crecimiento acelerado de los centros de datos.
¿Quién debe tener prioridad?
La situación danesa abre también una discusión especialmente delicada: decidir quién debe tener acceso prioritario a la electricidad disponible.
Durante las últimas semanas, incluso el propio debate político del país ha girado alrededor de si sectores estratégicos nacionales deberían colocarse por delante de grandes centros de datos internacionales.
Antes de las elecciones generales, el entonces ministro de Energía, Lars Aagaard, ya deslizó la posibilidad de situar este tipo de instalaciones tecnológicas al final de las prioridades.
Y es que, la preocupación principal es que enormes proyectos tecnológicos terminen ocupando capacidad energética que también necesitan hospitales, industrias, empresas locales o infraestructuras críticas. Unos auténticos “juegos del hambre energéticos”.
La industria tecnológica teme una fuga de inversiones
El problema preocupa a las grandes compañías tecnológicas. Dinamarca cuenta actualmente con cerca de 398 MW instalados en centros de datos y otros 208 MW en construcción. Además, las previsiones apuntaban a que el país podría superar los 1,2 GW de capacidad antes de 2030.
Buena parte de ese crecimiento estaba vinculada a grandes plataformas cloud e infraestructuras de IA.
Microsoft, por ejemplo, tiene previsto invertir alrededor de 3.000 millones de dólares en capacidad de centros de datos en Dinamarca entre 2023 y 2027.
Y claro, los países nórdicos podrían perder ventaja competitiva
La crisis energética también amenaza con alterar uno de los grandes atractivos históricos de la región nórdica. Dinamarca, Suecia, Finlandia y Noruega se han posicionado como uno de los grandes polos europeos para infraestructuras digitales gracias a su abundancia energética y estabilidad regulatoria.
Pero la explosión de demanda vinculada a la IA empieza a cambiarlo todo. Y ojo, además de los centros de datos, la electrificación del transporte, la industria y la transición energética están aumentando el consumo eléctrico general.
Y claro, esto obliga a reforzar redes de distribución, construir nuevas infraestructuras y redefinir prioridades energéticas mucho más rápido de lo previsto.
El modelo irlandés empieza a ganar peso
Algunos actores del sector consideran que Dinamarca podría terminar siguiendo una estrategia similar a la de Irlanda.
El país relajó recientemente sus restricciones a centros de datos, pero a cambio implantó uno de los marcos regulatorios más estrictos de Europa para grandes consumidores eléctricos.
La idea es priorizar proyectos más eficientes, vinculados a generación renovable y con mayor valor estratégico para la economía nacional. Dinamarca estudia ahora medidas similares para evitar que la saturación eléctrica bloquee completamente nuevas inversiones tecnológicas. Un equilibrio complicado.
Imágenes | LePeiVisual, RobinHiggins
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