Biden hace una llamada desesperada a sus aliados para redefinir el comercio mundial y contrarrestar a China

Tras la sombría, oscura y autodestructiva era del derrotado ex-presidente Trump, se puede ser partidario de Biden o no, pero lo que no se puede negar es que al llegar el presidente entrante ha abierto de par en par los ventanales de la Casa Blanca. Así, Biden ha demostrado su determinación por que corran nuevos aires en los Estados Unidos de América, los cuales, hasta el momento, siguen siendo el líder mundial.

Pero ya les hemos analizado en el pasado cómo a Trump realmente, fuere por los oportunistas motivos que fuere auspiciados por la propaganda del socorrido “enemigo único” de Goebbels, lo cierto es que hay que reconocerle que fue el primero que tomó acción contra la (gran) amenaza china a la hegemonía estadounidense. Los nuevos vientos traídos por Biden pueden estar aireando las estancias del Ala Oeste de unos aires tan irrespirables, pero lo cierto es que sus pasos con respecto a China parecen revelar que Biden no ha caído en la autocomplacencia ni en la negación de las amenazas externas, un extremo que sí que vimos en otros mandatos presidenciales precedentes.

Biden por ahora ha sabido seguir teniendo muy presente la amenaza existencial que la potencia asiática** supone para EEUU, y ha demostrado que no piensa quedarse de brazos cruzados esperando a ver cómo sucumbe el imperio estadounidense. Y menos a ver cómo el gigante comunista va ganando terreno e imponiendo por todo el mundo su propio sistema socioeconómico, que no se caracteriza precisamente por el más mínimo respeto a las libertades ni a los derechos democráticos.

De Trump a Biden, el giro ha sido de 180 grados en incontables políticas, salvo (mayormente) en… China

No es por enarbolar uno de esos reafirmantes “ya lo dije yo” que personalmente a un servidor no le hacen absolutamente ninguna falta, pero, tan sólo por ponerles en antecedentes, vamos a analizar brevemente parte del legado socioeconómico dejado por Trump. Poco a poco, al bajar la marea de un mandato presidencial convulso al extremo, el tiempo va poniendo las cosas en su sitio. Además, se están demostrando ciertos los análisis que desde estas líneas ya les anticipamos en su momento, a pesar de que algunos de ellos pudiesen llegar a parecer inconcebibles e incluso increíbles. El hecho es que al final se han hecho realidad, y demuestran una vez más cómo la realidad muchas veces supera a la ficción, y que vivimos en un mundo peligroso al extremo, donde los ciudadanos de bien muchas veces damos por sentados unos derechos y un bienestar que muchos consideran que ya jamás podrían perder, cuando lo cierto es que lo pueden perder en cualquier momento. Aunque he de reconocer que lo realmente difícil aquí es ser capaz de elegir entre todas las ficciones imaginables qué ficción será la que finalmente se haga realidad, pero al menos ningún lector podrá negarnos que desde aquí les arrojemos una alta tasa de acierto en este sentido.

Algunos lectores me escriben mostrándome su sorpresa por esa citada tasa de acierto en estos temas tan inauditos, y un servidor siempre les dice que aquí no hay ningún truco ni capacidad “especial”. Lo que realmente es nuestro mejor activo no es otro sino simplemente una determinación irreductible por cuidar que nuestras fuentes sean de calidad, por alimentar un espíritu crítico siempre constructivo, por mantener viva una capacidad auto-crítica que nos permita corregir a tiempo cuando nos hemos equivocado (o nos han engañado), y también una determinación por no dejarse arrastrar al lado pasional tan irracional con el que algunos tratan de nublar premeditadamente nuestro raciocinio. No hay más. Siento defraudarles si esperaban oír otro motivo más deslumbrante o incluso sobrenatural, pero lo cierto es que los seres humanos en media no somos tan diferentes unos de otros “en bruto”, salvo por algún caso contado y excepcional. Las diferencias vienen más bien por tener actitudes diferentes ante la vida, y especialmente ante uno mismo. Vivimos en un mundo despiadado, cruel, y lleno de múltiples amenazas; unas evidentes, y otras ocultas (a propósito) para llevarnos al matadero narcotizados y sin que seamos conscientes, sólo que muchos no quieren verlo bien sea por miedo, bien por interés, o tal vez por ceguera natural.

Huelga decir que algunas de esas amenazas incluso nacen desde dentro de nuestros propios sistemas, especialmente cuando la propaganda ha visto ya cortados sus flujos transfronterizos, y ahora se centra en criar el mal desde dentro para que sean los propios ciudadanos de un país los que, aunque convenientemente teledirigidos, al fin y al cabo sólo estén haciendo uso de su democrática libertad de expresión: algo mucho más sistémicamente difícil de cortar de raíz para sistemas democráticos como los nuestros. Pero ya por acabar con los preámbulos, simplemente citaremos tres de los anticipativos escenarios que les dibujamos en el pasado respecto a las futuras acciones que iba a llevar acabo el malogrado ex-presidente Trump, y que nos van a ayudar a poner en contexto el tema de hoy y los primeros pasos que ha dado con determinación el presidente Biden, en cuanto ha tomado las riendas del que es todavía el líder mundial. Sobre Trump, ya saben que en estas líneas nunca nos ha despertado muchas simpatías precisamente, y esto no ha sido por nada pasional ni particular, ni siquiera político, sino simplemente por lo que en las sombras el ahora derrotado candidato a la reelección iba haciendo por detrás, demostrando cuáles eran sus objetivos reales para con un gran país como eran (y espero vuelvan a ser) los EEUU.

Esos tres escenarios anticipativos, que desde aquí les expusimos, son por ejemplo cómo ya en octubre les analizamos cómo Trump estaba debilitando a propósito el sistema del voto por correo estadounidense, precisamente para así tener un argumento para criar un Maidán a la estadounidense que enquistase un conflicto civil, y que le diese al ex-presidente una opción a reclamar un poder ejecutivo que era ya posible que las urnas democráticas le arrebatasen por las bravas (y por los votos). Muy demostrativamente Trump ya hablaba de fraude en el voto por correo antes incluso de que éste hubiese ocurrido ni hubiese ningún fundamento real en forma de datos objetivos, y esto sólo podía ser porque en realidad era él el que ya tenía meridianamente claro que el sistema de correos estadounidense tal vez no pudiese con la carga de trabajo que le iban a suponer las elecciones presidenciales, sobre todo cuando era Trump el que les estaba recortando drásticamente por detrás las partidas presupuestarias a propósito. Pues va a ser que el resultado final que le ha quedado a Trump es que no está nada claro ese fraude, ni a pesar de sus denodados esfuerzos por enmarañar los resultados electorales: todos los juzgados estadounidenses han rechazado sus acciones judiciales por totalmente infundamentadas.

Luego vino la vergüenza sociopolítica de todo lo que pasó en el Capitolio, en lo que fue un ataque a la democracia en toda regla, y con lo que por fin millones de estadounidenses (y ciudadanos de otros países) despertaron a lo que en realidad era Trump y lo que estaba urdiendo. Fue un despertar peligrosamente tardío en opinión de un servidor, y que llegó en un momento que podría haber sido ya de no retorno, cuando ya “por los pelos” no fue demasiado tarde para salvar la democracia estadounidense. Pero afortunadamente la intentona de aquellas masas de populacho estadounidense radicalizado, ataviados con cascos con cuernos y trajes de pieles, no llegaron a conseguir el que obviamente era su objetivo: reventar la casa más sagrada de la democracia estadounidense, y casi con total certeza reventar así el sistema de aquel país. Vamos, es lo que se dice un golpe de estado revolucionario en toda regla, lo que pasa es que la estabilidad de las últimas décadas ya nos había adormecido a los países desarrollados, y nos ha llevado a obviar que este tipo de maniobras hostiles desde la sombra siempre han sido a lo largo de toda la Historia la tónica general para derribar oponentes e imperios.

Y vaya por delante que desde aquí ya les anticipamos también y claramente la muy probable posibilidad de la ocurrencia de ese evento políticamente convulso, como el que sufrieron en EEUU a principios de enero, y que además les dijimos incluso que sería poco antes de que Trump perdiese definitivamente el poder con el traspaso oficial que estaba programado para el 20 de enero. A veces anticipar el futuro no depende de tener más o menos capacidad de visión y anticipación, sino de ser capaces de valorar la realidad de la forma más objetiva, y sin caer presos de preferencias ni sesgos personales, que sólo nos impiden que seamos capaces de cortar al realidad como con un cuchillo. Con eso juega la propaganda para cegar a los estadounidenses (y a todos) ante la situación en la que están, y ante lo que realmente se están jugando en todo esto: no sólo se juegan sus libertades más fundamentales, sino también todo su bienestar, su ciencia, y el progreso alcanzado tras tantas décadas de esfuerzo y políticas ortodoxas.

Así, lo que al final ha quedado patente es cuáles eran las intenciones reales de un Trump que, como en la implosionada órbita soviética de toda la vida, tan sólo se ocupaba de mantener ocultas a toda costa, para así tener opción a enmascarar la verdad, imponer el discurso propagandístico oficial, y retener “por las bravas” el poder de la primera potencia del planeta. Así sucumbieron como sucumbieron en el pasado bajo el peso de sus propias (y grandísimas) mentiras socioeconómicas esos “otros” sistemas, frente al arrollador e innegable éxito estadounidense. Pero, llegados a este punto, ahora el dúo dinámico se jugaba mucho en toda la situación socio-política estadounidense, y siempre les dije que iban a ir literalmente a por todas, porque realmente lo suyo era una apuesta al “todo o nada”. Esperemos que los meses venideros confirmen que es precisamente “en nada” en lo que se ha quedado ese viejo (viejísimo) orden mundial fracasado que alguno quería imponernos en pleno siglo XXI, más que nada porque ningún ciudadano occidental amante de sus libertades sería jamás mínimamente feliz en un sistema así de podrido y represivo. Porque tal vez nuestros sistemas también desprendan cierto olor a podredumbre de vez en cuando, pero no se puede olvidar que ese “tufillo” del mundo libre no es nada en comparación al insoportable hedor que lo impregna todo en el ambiente de otras latitudes.

Para más INRI, donde en Occidente tenemos la opción de votar y deshacernos del tufo cuando éste ya empieza a apestar, regenerando con las urnas un poco el sistema, en otras superpotencias sus ciudadanos tienen que padecer sin alternativa posible décadas de corrupción y de mal hacer, porque allí ni siquiera tienen la más mínima opción de poder reemplazar democráticamente a sus élites políticas, con lo cual es totalmente imposible regenerar su sistema cuando se corrompe (y todos lo hacen en algún momento). De hecho, aparte de por la represiva y totalitaria detención del represaliado opositor Navalny, Putin se ha enfrentado a unas revueltas populares como no se veían desde hace años bajo su zarino reinado a raíz de un reportaje de investigación, que fue publicado en plena polémica por lamentable detención, y que mostraba un nuevo fastuoso palacio del opulento dirigente de la élite de los jerarcas rusos. Además, como les decía antes, está el hecho de que ciertos “estilos” de regímenes nos harían caer en la ruina económica que acaban por traer (casi) siempre, al tener mayormente la mentira por bandera marcando el rumbo de sus (des)políticas: la propaganda y la mentira institucional puede que llenen mentes (hasta cierto punto), pero en el largo plazo lo que nunca llenan son los desolados estómagos que rugen en mitad de la noche más oscura. No sé cuál será su sesgo ideológico ni importa aquí, pero ¿Se imaginan verse abocados a tener que sufrir a un Sánchez o a un Rajoy durante décadas sin opción, e impuestos por la fuerza bruta (pero "bruta" de verdad)? Pues ése es ni más ni menos el sistema que tienen la "gran suerte" de disfrutar en otras superpotencias, y que además tratan de imponernos también aquí a base de inflarnos hasta que reventemos a base de cruda propaganda (para niños) que nos dice que lo nuestro es muy malo, cuando lo suyo es infinitamente peor.

Pero por si todo lo anterior no dejaba ya en evidentes, ya no las simpatías de Trump por Putin, sino los vínculos entre ambos, como suele ocurrir con la prensa libre del mundo desarrollado, ahora ha acabado aflorando la verdad de forma objetiva y contrastable. ¡Qué imperdonable buena costumbre el amor de los medios occidentales por el rigor y la verdad (o por lo que nos dejan de ellos)!. Y es que los peores augurios ya se han demostrado ciertos, y ahora un ex-espía de alto rango del KGB ha revelado que, efectivamente, Trump ha formado parte de la órbita soviética desde hace ya unas cuántas décadas). Les ruego encarecidamente que lean el artículo anterior, pues no tiene desperdicio, además de demostrar cómo siguen coincidiendo milimétricamente las actuales estratagemas del Kremlin con las que se estilaban en la misma plaza roja en lo más crudo de la era soviética. Se trata del ladrido de mismo perro, al que sólo parecen haberle cambiado el collar para pasar desapercibidos en una pretendida “nueva era de modernidad” que no ha sido tal.

Pero lo realmente sorprendente de la noticia es que el KGB estuvo perfilando a Trump psicológicamente hasta el extremo, a fin de irlo captando para sus fines, que obviamente pasaban por dinamitar el sistema estadounidense desde dentro. Fueron décadas de apuesta y de esfuerzo de los siniestros espías de la inteligencia rusa, pero al final la jugada les salió bien, el magnate petulante y narcisista al que se habían ganado llegó a presidente (tampoco sin su ayuda en las redes), y colocaron un elemento en la propia Casa Blanca. De novela de Frederick Forsyth, pero cierto como la vida misma. Siendo de alguna manera Trump un elemento de la órbita rusa, y trayendo al recuerdo aquellos ataques propagandísticos de la Rusia comunista de los años 70 y 80, en los que el objetivo final siempre fue destruir EEUU y todo lo bueno que el mundo anglosajón construyó para progreso y beneficio del mundo occidental (dejaremos para otro día las cosas malas que también nos trajeron), no sería pues de extrañar que ahora de nuevo los rusos sigan en sus trece de derribar el sistema estadounidense. Y como siempre en la Historia de los imperios es de suponer que lo harían para emerger ellos como superpotencia hegemónica, y acabar ejerciendo la dominación mundial. Esto es algo especialmente plausible cuando además se tiene en cuenta que el propio Putin es un ex-agente del KGB, y por lo tanto es de valorar que muy probablemente conserve las tácticas y estratagemas que tantos años de entregada profesión le inculcaron en su ADN personal.

Pero éste no es un tablero donde sólo jueguen como superpotencias unos EEUU que ahora tratan de recuperar el liderazgo mundial; un liderazgo que el dúo Trump-Putin (evidenciado por el nexo KGB-Trump) había conseguido que empezase a perder. Sobre el tablero también tenemos a una Europa que realmente no aspira a ser hegemónica, y que demuestra sólo saber vivir a las faldas del liderazgo de otro. Y también tenemos a esa Rusia que, si bien en términos económicos es un país con poco peso internacional, bien ha de ser considerada toda una superpotencia por su ejército, su arsenal nuclear y armamentístico, su población, su extensión, sus recursos naturales y… también por sus ambiciones mundiales y por su liderazgo indiscutible en la demostrada guerra ciber-social, con la que las redes internacionales están destrozando el mundo desarrollado. Por último, la cuarta superpotencia en discordia que faltaba aquí es la efervescente y económicamente arrolladora China.

Sin restar ni un ápice de riesgo a otros, China es ahora la principal amenaza para el liderazgo estadounidense en el mundo, y Biden lo sabe

Tal vez la realidad sea que para el liderazgo estadounidense la amenaza china sea la más desafiante, puesto que su peso socioeconómico (y por tanto el poder en el mundo de su economía) en unos años probablemente va a sobrepasar al de los propios EEUU. Además de eso, están las características del modelo socioeconómico que los chinos tratarían (y ya están tratando) de imponer por todos los países que van atrayendo hacia su órbita, y que lógicamente están inoculando a imagen y semejanza del modelo que ya impusieran en su propio país a la sufrida población china. Se trata de un modelo antagónico en la mayoría de los aspectos al estadounidense, que el de los EEUU tendrá todas las fallas que quieran, y al ser implementado ha podido dejar mucho que desear, pero si los valores fundamentales en este caso se tenían muy claros, imaginen cómo de nefasta podría llegar a ser la implementación real de otros modelos que no tienen ni siquiera como premisa fundamental la democracia y el respeto a las libertades.

En efecto, el modelo socioeconómico chino se caracteriza por una falta absoluta de libertades individuales y con miles de ejecuciones cada año, la ausencia total de derechos democráticos y posibilidad de elegir a sus dirigentes en elecciones libres (ni de reemplazarlos y regenerar el sistema cuando éstos se hayan corrompido), el derribo de la prensa libre y de la información veraz que sólo ven como una amenaza para el discurso oficial, y también los chinos poseen un liderazgo similar en la guerra ciber-social al de Rusia. Efectivamente los chinos son otra gran potencia de la propaganda, y aunque ahora ya están atacando inclementemente también a Europa con sus armas, hasta ahora aquí pasaban mayormente desapercibidos. Esto ha sido así porque fue en la propia Asia donde primero ejercieron su gran agresividad y desplegaron sus armas de manipulación propagandística, a fin de afianzarse en su propia casa antes de dar el salto al tablero global. En toda Asia la propaganda china ya es una vieja conocida.

Pero, al contrario que el autosuficiente y suicida Trump, Biden es sabedor de que el papel de líder hegemónico mundial no puede ser ejercido en solitario, y menos por una potencia como la estadounidense que basa su dominio, no tanto en la presión militar (que también), como en la conquista económica y en permitir desarrollarse la democracia y la economía en sus países aliados. Ya les dijimos en el pasado que Trump había dado suicidamente la espalda a su gran aliada Europa, a la que además de dejar huérfana por su congénita incapacidad de ejercer liderazgo mundial por sí sola, estaba literalmente siendo arrojanda en manos del aspirante a nuevo líder mundial, la pujante China. Y China supo ver en su momento la gran oportunidad que se le abría en suelo europeo, y así se puso rápidamente manos a la obra para socavar los cimientos estadounidenses en la vieja Europa, y llevarnos a su terreno. Hasta cierto punto lo consiguieron, y ahora Biden quiere revertir la situación.

Efectivamente, la batalla por el liderazgo mundial se lleva ya librando bastantes meses en Europa, donde además de sentirse por todos lados la presión de la propaganda china, ésta siempre ha tratado de maquillar los valores del régimen chino y así hacerlos “tragables” para el ciudadano europeo tan amante de las libertades. Al mismo tiempo, en Europa también asistíamos atónitos a cómo Trump nos hacía desplante tras desplante, iba a la OTAN diciendo que nos teníamos que defender nosotros solos y que él ya no tenía que pagar nuestra defensa, pero la reveladora incongruencia vino luego, cuando volvió a montar otra bronca monumental cuando tras aquello los países europeos optaron lógicamente por lanzar iniciativas para auto-defenderse por sí mismos. Trump no sólo dio suicidamente la espalda a Europa: además Trump evidenció que lo que verdaderamente quería una Europa totalmente indefensa, a saber para regalársela al ejército de quién.

Y que conste que Biden ha entrado con ciertos aires auto-proteccionistas en la Casa Blanca, empezando a legislar con evidente determinación en favor de la producción en suelo estadounidense. Desde aquí no se le puede negar que ésa sea una maniobra necesaria al menos en el corto plazo, para poner coto al trasvase transpacífico de producción, de tecnología y de puestos de trabajo en favor del gigante chino. Pero desde estas líneas consideramos que esta estrategia no puede ser generalizada ni mucho menos. Si Biden sabe estar a la altura, y ver el tamaño reto que tiene por delante para recuperar de verdad el liderazgo mundial efectivo de los EEUU en el mundo, no sólo debe recuperar la pujanza a nivel nacional, sino también despertar de nuevo los favores y admiración de sus aliados más incondicionales. Efectivamente, Biden debe cerrar su economía a las prácticas abusivas y dominadoras de terceras potencias hostiles que sólo quieren merendarte, pero al mismo tiempo debe ser capaz de abrirse a aquellos aliados fieles que le demuestren que siguen estando a su lado, al menos en lo que se refiere a los valores democráticos y las libertades más fundamentales. Eso sí que será recuperar la hegemonía mundial de verdad, porque además es la principal fortaleza de Estados Unidos frente a otros estados censurablemente “dictapitalistas”: una fortaleza que Trump estaba enterrando denodadamente con su dirigida deriva autoritaria, y que tanto horror despertó en Europa y en otros líderes del mundo desarrollado.

Pero ahora Biden ha sabido ver también la importancia estratégica clave de volver a tener a la gran Europa como aliada estratégica en el tablero global, y de hecho la llamada del nuevo presidente para hacer frente a la amenaza china en realidad ha sido una llamada amistosa (y algo desesperada) a sus antiguos aliados para retomar las alianzas del pasado, y así hacer frente conjuntamente a la creciente amenaza china. De esta manera, la nueva iniciativa de Biden pasaría a defender conjuntamente unos valores fundacionales que los estadounidenses tienen mayormente en común con los europeos y con otros países desarrollados. Unos valores que, en todo caso, distan años luz de los que con casi total seguridad nos acabarían imponiendo por la fuerza y a porrazos las élites de esos otros sistemas: a la vista está lo que han impuesto en su propio país. ¡Qué no nos impondrían a un mero satélite como sería Europa para su concepto chino-céntrico del mundo!

Porque no duden de que, aunque la propaganda trate de sembrar por todos los medios el descontento social y la convulsión política para lograr esas aguas turbias en las que sólo ganan los pescadores, lo cierto es que, con todos nuestros defectos, puede que en algunos aspectos tengamos un sistema muy mejorable, pero es infinitamente mejor y más avanzado que el que han tenido la mala suerte de tener que padecer los sufridos ciudadanos represaliados en otras superpotencias. El que no sabe valorar lo que tiene, está condenado a acabar perdiéndolo, y en eso ha puesto su punto de mira la propaganda para tratar de finiquitarnos. Porque no duden de que en este mundo despiadado siempre siempre siempre se puede ir a mucho (muchísimo) peor, y aunque la propaganda trate de vendernos que dinamitando nuestro propio sistema vamos a conseguir que por fin ellos nos traigan el mundo ideal de la muerte, pues va a ser que eso sí que es verdad de la buena: “de la muerte” pero de la de verdad, democrática, socioeconómica y… hasta biológica. Porque hay regímenes en los que la vida no vale absolutamente nada, y seguro que menos aún si encima eres de las colonias.

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