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Una ’Garganta profunda’ revela los secretos de la propaganda, demostrando que la guerra ciber-social es muy real y que está destruyendo nuestras Socioeconomías

Una ’Garganta profunda’ revela los secretos de la propaganda, demostrando que la guerra ciber-social es muy real y que está destruyendo nuestras Socioeconomías
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Lamentablemente, esa guerra ciber-social de la que la propaganda tan sólo la punta del iceberg, y ante la que algunos analistas llevamos años alertándoles, ya ha pasado del mundo virtual a las calles, y los diálogos encendidos de ira se han transformado en gente indignada que abraza la exaltación como la forma más fácil de ahogar la radicalidad que otros han alimentado ladinamente desde las redes sociales.

Hoy en día, tanto la propaganda como sus efectos son absolutamente innegables para cualquiera con suficientes capacidad de vislumbrar esa realidad que casi siempre nos esconden a los ciudadanos de a pie. Pero a pesar de ello, a veces resulta difícil demostrar en 5 minutos su existencia a un incrédulo. Esto ya ha dejado de ser así, y recientemente ha salido publicado por fin el testimonio real de alguien que, en España, ha estado trabajando para ese otro lado oscuro del que tantas veces les hemos hablado desde estas líneas.

De los montajes chapuceros de Whatsapp y los videos cutres de Youtube a los artículos falsos pero muy elaborados sobre política, economía, ciencia y mucho más

Una Garganta Profunda Revela Los Secretos Del Brazo Armado De La Propaganda Demostrando Que La Guerra Ciber Social Es Muy Real Y Que Esta Destruyendo Nuestras Socioeconomias 3

Debemos empezar recordando que la propaganda como tal no fue realmente un invento comunista de los años 60 y 70, sino que realmente su nacimiento “oficial” se remonta al nazismo (pasaremos de puntillas sobre esa leyenda negra sobre España que los anglosajones empezaron a inocular por todo el mundo cuando éramos el primer imperio global). Fue Goebbels el gran inventor a gran escala con su controvertido “Manual de propaganda”, que, como ya les explicamos en “¿Cómo utilizan los políticos las Redes Sociales para manipular a las masas?”, aunque muchos no lo quieran reconocer, es el libro de mesilla absolutamente de todo político de alto rango de cualquier partido (CUALQUIERA). Pero en clave más del siglo XXI, la guerra ciber-social hace un tiempo que ya dejó de ser una mera hipótesis de trabajo con la que justificar la existencia de esa propaganda. Conforme dicha guerra se ha ido desarrollando, y conforme ya se ha convertido en una guerra abierta, además ha ido incorporando al escenario bélico una guerra físico-social que muchos ya sabíamos que algún día acabaría también por llegar. No resultaba ni mínimamente coherente que todas aquellas toneladas de propaganda y que tanto esfuerzo e inversión requerían fuesen sólo un mero divertimento para confundir al personal. Aquellas maniobras iniciales no sólo se trataban de una prueba de concepto con la que las potencias hostiles iban jugueteando con su nuevo laboratorio ciber-social, sino que lo que realmente fueron concebidas desde el primer momento como el arma de destrucción masiva que siempre les expusimos, y el objetivo no era otro más que reducir a cenizas las socioeconomías occidentales y sus sistemas de libertades. A la vista está la evolución de los resultados (y de las convulsiones de nuestro mundo).

Realmente, no resultaba muy razonable no querer ver esa realidad poniéndose voluntariamente una venda en los ojos, y agarrase a la negación auto-tranquilizadora del peligro que aquella propaganda siempre representó para nuestros países. Era inconcebible justificar que detrás de ella no había algún tipo de siniestra agenda, una agenda que cada vez es más evidente en nuestro día a día, y para muestra basta con vean tan un solo un único Telediario, admiren lo convulsas que se han vuelto nuestras sociedades, y observen cómo todas esas actitudes violentas tienen como caldo de cultivo y potenciador las redes sociales y un abundante material de muy dudosa procedencia. Si en los años 90 a cualquiera de nosotros nos hubiesen mostrado uno solo de los Telediarios que íbamos a tener en pantalla en 2020, no habríamos dudado en calificar entonces nuestro mundo actual de una siniestra distopía llevada al extremo. Pero hoy en día tal vez nos cueste reconocerlo, porque la cotidianeidad es lo que tiene: acaba por normalizarlo absolutamente todo, hasta lo que no es ni mínimamente normal. Y así la despiadada propaganda lleva años sembrando paciente y maquiavélicamente en los fértiles campos de nuestras sociedades, para poco a poco ir tratando de abrir auténticas simas sociales allá donde detecten la más mínima fisura con potencial destructor, y donde poder acabar recogiendo sus podridos frutos.

Aquella propaganda primitiva de décadas atrás ha experimentado ahora un dorado renacer al calor de las redes sociales y de la propagación viral (nunca mejor dicho) por las mentes occidentales. Es un campo más de desarrollo del concepto de “como-servicio” (“as-a-service” por sus siglas en inglés), que tan de moda está hoy en día en el mundo tecnológico, pero que se vuelve ciertamente siniestro cuando lo que se ofrece como servicio son nuestras propias mentes, en un fatídico “mentes-como-servicio”. Unos cientos de miles de euros, unos clicks, y cualquier teoría por rocambolesca y conspiranoica que sea puede pasar automáticamente a tener miles de seguidores convencidos, y dispuestos a todo para seguir propagándola por sí mismos. Y en el proceso se desfigura incluso su espíritu crítico, pareciendo hasta iluminados con ese convencimiento tan categórico y rotundo que no atinan a justificar con argumentos, y discutiendo agresivamente contra todo el que ose poner en duda la nueva realidad que creen que les ha abierto la mente, cuando en realidad lo único que ha hecho ha sido cerrársela herméticamente. Y ese lamentable y dañino camino lo veo recorrer todas las semanas algunavecz en mi entorno, a veces incluso momentáneamente en mí mismo, porque no duden de que nadie, absolutamente nadie, está a salvo de esa propaganda que siempre está al acecho aprovechándose de nuestra impulsividad, y del hecho de que a veces nos cuenta mucho más reflexionar que sentirnos indignados y darle al botón de “compartir”.

Como rezaba el título de arriba, la propaganda del siglo XXI empezó sus primeros ensayos con diversos experimentos a gran escala, siendo uno de los más relevantes el inconcebible y execrable escándalo de Cambridge Analytica, que vendió al por mayor las mentes de millones de británicos y la llave de un cambio de opinión masivo de forma siniestramente “dirigida”. Y ha tenido como principal campo de batalla y de vector de diseminación a aplicaciones de mensajería como Whatsapp o similares, además de vídeos de Youtube. Suelen ser cadenas o vídeos facilones, que se pueden desmontar en literalmente dos minutos que muchas veces muchos ciudadanos no tienen, y que vienen de fuentes sin verificar. El improvisado “experto” que nos traen trata de rodearse en un halo de respetabilidad de alguna forma, y casi siempre apela a nuestra indignación y a nuestro sentimiento de auto-defensa como uno de los catalizadores más primitivos de nuestra psicología para aceptar esas realidades “alternativas” que tratan de vendernos. Y aunque hoy la propaganda se ha refinado mucho, y ha depurado sus estratagemas haciendo su material-basura mucho más elaborado y con mayor poder de destrucción, lo cierto es que la propaganda sigue explotando todos los canales armamentísticos a su alcance y, a pesar de sus esfuerzos (cuando los hay), plataformas como Youtube y las aplicaciones de mensajería al estilo Whatsapp o Telegram siguen siendo los vectores de contagio favoritos para infectar nuestras mentes con falsedades ramplonas.

No obstante, atenazada por las nuevas formas de ponerle coto y por su generalización como negocio, esa propaganda internacional ha evolucionado mucho con los años, y se ha refinado redoblando la potencia de su veneno. Inicialmente les delataba su forma de escribir con faltas de ortografía propias de su país de origen, su limitación de tratar los temas abordados únicamente desde una perspectiva local de su país y tan ajena a la percepción en los países occidentales, y una ausencia generalizada de conocimientos sobre la historia y la realidad de los países que pretendían atacar. Y así llegaron los colaboracionistas y las sucursales nacionales, para echar un socorrido cable a nivel local a las destructivas campañas. Así han conseguido una renovada capacidad de persuasión, a base de saber-hacer y conocimientos locales subcontratados, y con generación de contenidos-basura mucho más certeramente diseñados y dirigidos a un público segmentado ya industrialmente (e incluso mentalmente diseccionado).

Y ahora, con toda la propaganda surgida al calor de la pandemia, hemos podido comprobar una vez más sus siempre destructivos objetivos, evidenciados en cómo al principio esos mensajes de la propaganda empezaron propagando que el Coronavirus no existía, y que todo era un complot de las farmacéuticas. Luego, cuando los infectados ya eran evidentes incluso en territorio nacional, pasaron a inocular que en realidad no era una enfermedad que revistiese especial gravedad, y que era mucho más llevadera para los pacientes y para el sistema sanitario que una simple gripe común. Y tras tanto bulo increíble, de nuevo arraiga entre cierta parte de la población la última mentira de la órbita propagandística, y que es que no hay que usar mascarillas porque son malas para la salud y producen hipoxia. Como ven, el objetivo de la propaganda siempre ha sido que nos contagiemos todos de Coronavirus, que sigan cayendo los muertos por decenas o centenares de miles, y que se pongan en jaque nuestros sistemas socioeconómicos, a los que siempre han pretendido reducir a cenizas. Por favor, no propaguen este virus social, y dejen que la basura la recojan los profesionales de la recogida de residuos, porque eso es lo que es este tipo de ramplona desinformación, que además les deja a ustedes en ridículo como crédulos transmisores de información ramplonamente falsa. De los que ya son colaboracionistas de manera consciente y voluntaria (que los hay), mejor ni hablamos: “por sus actos los conoceréis”.

La evidencia de tener la maquinaria de la propaganda por fin al descubierto: han tenido su primera “garganta profunda” en España

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Pero, como toda industria oscura en la que al final hay personas empleadas haciendo el “trabajo sucio”, el sector de la propaganda no iba a ser una excepción (tampoco en España). Así, recientemente El País publicó un artículo épico, en el que un ex-empleado de uno de esos engranajes locales de la propaganda internacional ha hecho las veces de “garganta profunda”. Y lo que cuenta este hombre es realmente revelador y ciertamente inquietante para cualquiera que aprecie la democracia y nuestro sistema de libertades, que no olviden que siempre siempre siempre siempre puede ir a (mucho) peor, especialmente cuando se nos vende que lo que tratan es de “mejorarlo” a base de soflamas incendiarias y cócteles Molotov, cuando en realidad lo que están es derribándolo. Les ruego encarecidamente la lectura de dicho artículo, en el que el valiente confeso deja al descubierto una maquinaria propagandística extremadamente profesionalizada e industrializada, con procedimientos y procesos minuciosamente diseñados, y con todo un amplio catálogo de siniestros servicios que al final lo que venden son nuestras mentes al peso. Por que se hagan idea, este ex-empleado habla de campañas sociales “encargadas” donde los importes de ordenes del millón de euros o más son muy habituales. Es sencillamente brutal: imaginen los resultados demostrables que serán capaces de conseguir con esas campañas, que hay “entes” dispuestos a pagar millones por cosechar sus ansiados y oscuros resultados.

Y aparte de sucursales locales, no debemos perder de vista que realmente la propaganda nació como internacional, y todo apunta a que es altamente probable que haya algún tipo de agenda oculta a ese nivel, evidenciada sin ir más lejos por ejemplo por todas esas toneladas de propaganda sobre el Coronavirus. Tengan en cuenta que, aunque como guerra sea barata frente a la convencional, la guerra ciber-social también exige ingentes esfuerzos y dinero: pagar a tanta gente produciendo en tantos países todo ese material tan minuciosamente elaborado y propagado hace presuponer, por simple lógica económica básica, que alguien muy probablemente tiene unos planes que le permitirían en un futuro recuperar todo ese dinero con creces. Nadie tira el dinero por tirarlo, y todo inversor busca un retorno. No duden de que el juego favorito número uno de toda superpotencia desde la noche de los tiempos no es otro sino la dominación mundial. Pero es que además no todo esto son meras hipótesis basadas en la monitorización de las redes sociales: las agencias de inteligencia de todos los países desarrollados llevan años alertando sobre esta seria amenaza para nuestras socioeconomías, y desde hace años ya saben de la existencia de toda una industria de auténticos ciber-mercenarios internacionales, que están ahí para llevar a cabo por una módica cantidad cualesquiera misiones que les puedan encargar. Pero, además, en el sector de la propaganda hay también una notoria presencia del sector público, y se sabe incluso de algunas de las unidades de élite de la guerra ciber-social con nombre y apellidos. Por ejemplo está la funesta “unidad GRU 29155”, de la que todo lo que puedan leer es para quedarse boquiabierto con lo que están urdiendo desde las sombras, y ante la ignorancia y la pasiva sumisión de los pueblos occidentales.

Eso por no hablar, unidades de élite aparte, de toda la maquinaria propagandística en su conjunto, que llega a contarse por miles y miles de empleados dedicados de alguna manera a estas tóxicas labores, y en las que en especial los medios acólitos e incondicionales ocupan un lugar muy execrablemente destacado. Ha habido incluso comprometidos periodistas que valientemente han osado infiltrarse una semana en las redes de los canales más cancerosos de estos medios, y lo que exponen es literalmente intragable para cualquier amante de las libertades y de la información de calidad. A pesar de que todo esto está publicado con luz y taquígrafos, increíblemente hay mucha gente que se sigue creyendo ese tipo de (des)información. Y eso no es todo, sino que, perfectamente consciente de que esa propaganda es una poderosa arma que también puede ser dirigida hacia él mismo, ese aparato de la propaganda internacional literalmente se ha blindado en el nuevo campo de batalla cibernético, y ha sellado de forma hermética y muy reveladoramente su Internet nacional para que no podamos contra-atacarle con sus mismas armas, lo cual demuestra cómo nadie mejor que ellos saben perfectamente lo efectiva que esa propaganda puede llegar a ser. Y lo que es intrigante es por qué nuestra “garganta profunda” de hoy aduce que no puede acabar de “cantar” por la existencia de contratos de confidencialidad vigentes, cuando lo que relata ataca nuestros sistemas e incluso pone en peligro nuestra propia seguridad nacional. Sólo doy con una posible respuesta lógica: ya todos han aprendido de la propaganda internacional, y quieren explotarla también en beneficio propio, por lo que es de presuponer que en este oscuro negocio hay ya no pocos intereses nacionales.

Pero… y con este siniestro panorama en el que nosotros mismos somos vendidos al peso, ¿Qué se puede hacer para no acabar en el matadero?

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Pues estimados lectores, tras el título anterior, han llegado ustedes al quid de la cuestión, así como a uno de los motivos fundacionales más idealistas del que suscribe. Los lectores más habituales son perfectamente conocedores de los esfuerzos nocturnos e ímprobos que dedicamos desde aquí a cuidar y ayudar a mantener en plena forma esta rica comunidad “salmón”. El motivo por el que dedicamos a ello el tiempo que no tenemos no es ni de lejos obtener una autosuficiente reafirmación personal, que realmente no nos hace ninguna falta. El hecho es que el arma más potente que tenemos para combatir toda esa desinformación que nos inunda es la Inteligencia colectiva, que supone la única y verdadera inmunidad de grupo contra el virus de la propaganda de esta guerra ciber-social. Ésta no es una batalla perdida: es una batalla que, como muchas otras, debemos librar todos nosotros en nuestro día a día, y exprimiendo nuestra capacidad intelectual al máximo. Nos va la libertad en ello.

Pero esto no trata de ser una mera arenga a la tropa con el espíritu crítico por estandarte. Realmente, hay casos a nivel internacional muy esperanzadores, siendo uno de ellos por ejemplo esa Finlandia en la que ya se enseña a los niños en los colegios cómo luchar contra esta lacra; será porque allí ya le viesen las “orejas al lobo” hace unas décadas y todavía tienen el miedo en el cuerpo, porque el hecho es que llegaron a invadirles territorialmente durante la desconocida “Guerra de Invierno”. También otros países (como algunos de Europa del Este), que ya vivieron bajo el yugo de la propaganda durante décadas, están ofreciendo valiosa información sobre cómo enfrentarse al enemigo en esta guerra.

No tengan miedo de vislumbrar el sombrío panorama que se cierne sobre nuestras mentes: la realidad que la propaganda guarda para nosotros siempre será infinitamente peor

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No cierren los ojos ante las malas intenciones, porque eso no las va a hacer ni menos malas, ni las va a hacer desaparecer. Los clásicos romanos (si mal no recuerdo era Cicerón) decían que “Sólo las buenas personas no son capaces de ver las malas intenciones en las malas personas”, y yo personalmente he de reconocerles que tampoco me podía ni siquiera imaginar esas siniestras intenciones hace quince años, hasta que hace ya casi una década me fui topando con abundante material falso y muy manipulador, y cuyas intenciones finales me resultaban totalmente intragables. Así, de la negación pasé a la observación concienzuda, acabando por llegar a las conclusiones que vengo compartiendo con ustedes desde hace años y en línea con numerosos analistas. E insisto en que sólo las comparto por el hecho de que la inteligencia colectiva y la fuerza de comunidades ricas y con espíritu crítico son las mejores armas, como ya demostrara el famoso e inquietante experimento Milgran, que evidenció cómo el espíritu crítico es esencial en nuestras sociedades y empresas. Es algo que nos enorgullece que en incontables ocasiones haga sano acto de presencia en comunidades como la del Blog Salmón, y que debemos poner en valor socioeconómico para luchar contra esta lacra que busca nuestra destrucción y sumisión incondicional.

No crean, que esa propaganda lleva con nosotros años (también en este mismo medio) y, como demostración, hay lectores que acaban cumpliendo con ciertos patrones muy fácilmente detectables y recurrentes. Sospechosamente, esos perfiles son precisamente los que más agresivamente niegan de forma categórica la existencia de ninguna guerra ciber-social, ni de ningún tipo de desinformación ni maquinaria de propaganda que nos ataque desde potencias extranjeras. En su manual de propaganda, una de las máximas es negar sistemáticamente su misma existencia, y además hacerlo con una insistencia y una reiteración que raya en lo cómico, pero que se atiene a la clásica regla de oro de la propaganda de “negar, negar y negar, incluso aun cuando es evidente, público y notorio”. Otra de las reglas de oro de su siniestro manual es que siempre van a enfocar todos sus esfuerzos en criticar agriamente y de todas las formas posibles nuestros sistemas socioeconómicos desprestigiando todas nuestras instituciones de referencia, para a continuación “vendernos” el sistema de su país de origen como el “ideal de la muerte” (lo de la muerte muchas veces es cierto, pero muerte de la de verdad). Eso sí, nunca, nunca, nunca van a admitirles ni la más mínima falla en su sistema socioeconómico propio, pues persiguen crear esa siempre falsa aura de idealismo que provoca las revoluciones: ésas que se sabe cómo empiezan, pero nunca cómo acaban. Y ese halo de idealismo es lo que peor huele: ¡Como si algún sistema (o persona) pudiese ser considerado mínimamente perfecto!

Sólo con estas tretas consiguen narcotizar a cuantos más ciudadanos de nuestras sociedades mejor, porque su principal fuerza es la ignorancia de su existencia por parte del grueso de la población, para sumirnos en una suerte de estado aletargado, con el que sólo tratan de que sea demasiado tarde cuando seamos capaces de reaccionar para defender nuestro sistema de libertades. Desde estas líneas ya les analizamos hace unos cuantos meses cómo esa propaganda sólo iba a ir a más, y se iba a cebar especialmente con la economía como uno de los pilares de nuestras socioeconomías, siendo una fuente de ese progreso y bienestar occidental que pretenden cortar de raíz para dominar el mundo. Por refrescarles la memoria, otro pilar occidental que es atacado inmisericordemente es la ciencia, como no podía ser de otra forma dada la gran fuente de progreso que ha supuesto para nosotros; así, ahora tenemos numerosos anti-vacunas radicalizados que provocan brotes de enfermedades prácticamente extinguidas en los países desarrollados, comunidades de terraplanistas categóricamente convencidos de que la Tierra es plana como abrazaron hace milenios en Mesopotamia, o Youtubers nacidos de la nada que, sin ni siquiera un lápiz ni un papel, se permiten criticar agriamente con argumentos vacíos y ramplones al extremo las teorías del propio Einstein o de Stephen Hawking.

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Pero recordemos que la propaganda también tiene en su punto de mira a nuestro sistema político y la percepción que tenemos de nuestro sistema libertades, a pesar de que las libertades en los países desde los que nos inyectan ese contenido-basura ni siquiera pueden calificarse como tales, y son prácticamente inexistentes. Y es que ésta tal vez sea la amenaza occidental más existencial y que más daño podría hacerles a ellos mismos, puesto que sus ciudadanos vienen a nuestros países y ven nuestro nivel de libertad y progreso, y toman consciencia de que otro mundo no-totalitario es posible, que lógicamente también quieren para su país. Así que, cuando se exalten con nuestros muy mejorables políticos, tampoco olviden que hay sociedades en las que están mucho (pero que mucho) peor que nosotros en ese sentido, y si no miren a Oriente para decidir nuestro propio futuro, valorando realistamente lo que tenemos (por muy mejorable que sea).

Insistiré en ello sólo una vez más para finalizar: toda superpotencia (también las que ejercen la propaganda) tiene como objetivo dominar el mundo y vivir a costa de los otros países, ejerciendo el poder arbitrario sobre los demás. Y es que todo estratega político-social sabe que hay tres principales variables que mueven el mundo (en especial a sus dirigentes), y son por este orden: dinero, poder y sexo. Las dos primeras están ya a la vista como parte de las motivaciones del arsenal de armas de las superpotencias hostiles, y esperemos que en esta guerra ciber-social no les acabe dando también por atacarnos con propaganda para conseguir lo tercero… Cualquier día vemos ciber-pasquines poniendo en venta no sólo nuestras mentes, sino también nuestros propios cuerpos… El “body-as-a-service” es ya lo último con lo que nos podrían sorprender, porque todo lo demás empieza a ser demasiado maloliente y a estar muy muy muy visto. Formarnos nuestra opinión por fuentes sin verificar de Whatsapp o Youtube es como aquel viejo reviejo clásico de la desternillante T.I.A. de los tebeos de Mortadelo y Filemón: “Pssssst, pssssst, me han dicho de buena fuente que… “, y con esas fuentes, pues claro, el país que retrataba el gran Ibáñez acababa siempre disfrazado, a porrazos, con unos “chichones” impactantes, y con el Doctor Bacterio colgado de las barbas. “Pssssst, pssssst”, no dejen que la ficción haga realidad y que en España acabemos igual…

Imágenes | Pixabay TayebMEZAHDIA | Pixabay DEZALB | Pixabay SamWilliamsPhoto | Pixabay truthseeker08 | Pixabay KELLEPICS | Pixabay JordanHoliday

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