Mercedes vive en la Puerta del Sol rodeada de pisos turísticos: "Una noche son 400 euros, unos 12.000 al mes"

Mercedes Arnalte

Mercedes Arnalte tiene 67 años y vive en la calle Preciados, junto a la Puerta del Sol

Dice que en su edificio ya no quedan vecinos como antes: ahora resiste entre pisos turísticos, maletas, fiestas y servicios de lavandería de madrugada

Redacción El Blog Salmón

Editor

El centro de Madrid ya no se vacía solo de comercio tradicional. También se vacía de vecinos. Según recoge La Sexta a partir de una intervención de Mercedes Arnalte en su entrevista para El Intermedio, esta residente de toda la vida denuncia que la presión de los pisos turísticos ha cambiado por completo la convivencia en una de las zonas más céntricas de la capital.

De cuatro familias en el edificio a quedarse sola

Mercedes vive en la calle Preciados, en plena Puerta del Sol. Tiene 67 años y asegura que quedan muy pocos residentes permanentes en su entorno.

"Yo creo que soy de las pocas que queda, no sabemos cuántos somos, pero desde luego en esta manzana debo ser la única", lamenta en La Sexta.

Su relato empieza con una comparación sencilla: antes había vecinos, rutinas y familias. Ahora hay turistas entrando y saliendo.

El Intermedio

"Toda mi vida he vivido aquí, he nacido en esta casa. Éramos cuatro familias, porque había una por planta, y todo el mundo eran vecinos normales, familias normales, con hijos todos", recuerda.

Hoy, cuando le preguntan cuántos quedan, responde sin rodeos: "Ninguno, solo quedo yo".

Cuando el alquiler turístico entra por rachas

La convivencia, explica Mercedes, depende mucho del tipo de visitantes que ocupen los pisos turísticos.

Esto va por rachas… hay rachas que está pacífico, porque viene gente normal, educada, que no da problemas, y otras veces es horrorosa, porque vienen de fiesta

Ahí está una de las claves del conflicto. La vivienda sigue siendo vivienda para quien reside allí, pero funciona como alojamiento de paso para quien llega unos días a Madrid. Y esas dos lógicas no siempre encajan.

"No piensan que vienen a una casa donde la gente trabaja y tiene que dormir por la noche. Además, es normal querer dormir por la noche", añade Mercedes.

Cuando las fiestas se alargan, cuenta que termina llamando a la policía. Pero no confía demasiado en el resultado.

"Tienes que llamar a la policía y esperar a que venga cuando pueda. Les preguntan cuánto tiempo están, si tienen contrato, en qué plataforma han alquilado los pisos... Pero luego no hacen nada con eso", señala.

Lavandería a las cuatro y media de la mañana

El ruido no llega solo por los turistas. Mercedes también denuncia la logística que rodea a varios apartamentos turísticos del edificio.

Según cuenta, en su inmueble se ha habilitado incluso una buhardilla como almacén para la limpieza de varios pisos turísticos.

"A las cuatro y media de la mañana viene el servicio de lavandería… dan la luz y empiezan a sacar ropa limpia del ascensor, a subir y bajar el piso con ropa sucia. No es normal", protesta.

La escena resume bien el problema económico de fondo. Donde antes había una comunidad de vecinos, ahora puede haber una pequeña cadena de alojamiento turístico: entradas, salidas, limpieza, ropa, plataformas y rotación constante.

"Son ilegales, ninguno tiene licencia"

Mercedes asegura que empezó a denunciar esta situación hace años. Su primera denuncia, dice, fue en 2018.

"Son ilegales, ninguno tiene licencia", afirma tajante.

Pero su sensación es que no ha cambiado nada. "Aquí no pasa nada, esto es una tomadura de pelo integral", sentencia.

La falta de inspecciones municipales es uno de los puntos que más la desespera. Mercedes rechaza el argumento de que sea difícil localizar estos pisos.

"El alcalde dice que no saben dónde están los pisos turísticos. ¿Cómo que no saben? Si yo he puesto una denuncia donde digo dónde está el piso turístico, con dirección y todo", reprocha.

Para ella, la solución pasa por más medios de control. "Esto es tan fácil como poner más inspectores, pero no dos. 20 o 30 por distrito".

La rentabilidad que expulsa a los vecinos

El dato económico que da Mercedes ayuda a entender por qué el alquiler turístico se ha convertido en un factor de presión en las zonas más céntricas.

"Una noche son 400 y pico euros, más de 12.000 euros al mes", calcula.

La cifra no es menor. Un piso turístico en una ubicación como la Puerta del Sol puede generar en pocos días lo que muchos alquileres residenciales no alcanzan en un mes. Y esa diferencia de rentabilidad explica parte del desplazamiento de vecinos.

Mercedes lo vive como una pérdida personal y colectiva. El edificio en el que creció ya no funciona como el edificio de su infancia.

"Es una sensación de aislamiento, de tristeza muchas veces... Esta es mi vida, mi historia y mi memoria, además de la memoria de mi familia", confiesa.

Pese a todo, no piensa marcharse. "Yo no me voy a ir de aquí", concluye.

Imagen: La Sexta.

Ver todos los comentarios en https://www.elblogsalmon.com

VER 0 Comentario