Petróleo y elecciones EEUU: el trasfondo del mediático acuerdo de paz de Oriente Medio podría ser mucho más profundo de lo que parece

Hace relativamente poco, hemos asistido a un gran (pero efectista) avance en la pacificación de Oriente Medio. El avance ha sido un excelente acuerdo de paz que hace tan sólo unos meses habría parecido increíble, y por el que diversos países árabes (que se han ido incrementando con los días) se han comprometido con hechos sobre la mesa a desatascar el enquistado problema internacional de la situación de Israel y sus vecinos.

Pero los titulares más simplistas de este acuerdo de paz realmente resultan bastante anómalos por diversos factores, y no podremos interpretar fidedignamente esta nueva realidad sin analizarlos con cierto grado (y cierta carga) de profundidad. Lo cierto es que, en política, y menos todavía en política internacional y con ciertos países de por medio, las cosas rara vez son lo que parecen (o lo que literalmente nos venden).

No obstante, el tema de la interpretación de estos hechos queda más bien sumida irremediablemente en el terreno de los subjetivo, más por lo desconocido realmente que por la lógica deductiva aplicable. Así que no voy a ser sólo yo en esta ocasión el que les aporte mis propias respuestas (que también), sino que les voy mayormente a plantear una serie de preguntas, para que sean ustedes mismos los que se las respondan complementando las mías.

El tablero geoestratégico del mundo del petróleo lleva en shock desde hace ya unos cuántos meses

Los augurios tanto para el reinado de la materia prima por excelencia, el oro negro, como para las economías hiper-dependientes de él no son precisamente buenos desde que la conciencia climática irrumpiese con fuerza en nuestras mentes, y en especial en la de los dirigentes mundiales. Las políticas de energías alternativas al petróleo no sólo son el único camino hacia adelante para combatir ese cambio climático sea por lo que fuere (no entraremos en esta ocasión en la actual mutación del debate de que no es por la actividad humana). Además, estas políticas son literalmente una grandísima amenaza para ciertos países, cuyas economías se vendrían abajo si el mercado del petróleo empieza a ceder de manera importante.

Entre esos países destacan algunos como una Venezuela en la que lamentablemente hoy en día ya ni el cada vez más raquítico sector petrolero nacional acaba de ser realmente un salvavidas económico, tras décadas de expolio sistemático y ausencia casi total de las más mínimas inversiones estratégicas en la infraestructura petrolera del país (aparte de unas sanciones que obviamente también le habrán pasado su factura). Otro de los países para el cual la cesión de terreno del petróleo sería toda una catástrofe nacional, y para el que también supone una gran amenaza existencial, es la Rusia de Putin. Esto es así al igual que ya lo fuere para la extinta URSS, que sucumbió entre mentiras económicas bajo las cuales subyacía como uno de los principales desencadenantes el colapso del mercado del petróleo de por entonces. Finalmente, entre los afectados, tenemos también a los países de Oriente Medio. Tengan en cuenta que estos últimos países prácticamente todos ellos son un estéril desierto, con un clima casi extremo, y sin muchos más recursos naturales que esas bolsas subterráneas de crudo. Así, realmente, que el mundo empiece a consumir mucho menos petróleo les supone la pobreza más áridamente desértica en el plano socioeconómico.

Pero realmente todo este escenario que ha sobrevenido, y que ahora está aflorando ya de forma mucho más clara, llevaba trimestres (sino años) cociéndose. Desde que ya no se puede negar visceralmente el cambio climático ni tapar bocas científicas con propaganda, la estratagema de los países que están tras esa propaganda internacional habría dado un giro radical. Habrían pasado de tratar de que la población en su conjunto no sea consciente de que hay que hacer una transición energética, a una posición mucho más defensiva. Por ella, a pesar de ese sentir general de la población, intentarían limitarse estratégicamente a los líderes, para conseguir que los decisores más relevantes a nivel mundial no opten por políticas que dañen sus “petrofílicos” intereses. Hace ya unos cuántos años que les venimos advirtiendo de un inevitable retroceso del petróleo como fuente energética, un momento que parece que ya ha llegado a juzgar por los movimientos en este tablero mundial, y del que ahora ya también se hacen eco los medios más mainstream, como The Economist en este ilustrativo artículo.

Y que conste que aquí tampoco estamos tratando de satanizar a un petróleo que, como materia prima rey en todas estas últimas décadas (y especialmente tratándose de una fuente energética), ha hecho un gran gran servicio hasta el momento a todas las socioeconomías mundiales. El tema no es ése ni se trata de ser desagradecidos por los servicios prestados; simplemente se trata de que el reinado del oro negro toca a su fin, y como en todo cambio de estirpe real, los miembros de la corte del rey saliente estarían tratando por todos los medios de que éste siga siendo el todopoderoso que ha sido hasta el momento. Y que conste que nuestros lectores ya saben cómo, en la delicada transición energética, “no todo el monte es orégano”, y aquí ya les anticipamos que explotar la denominada “burbuja de carbono” es otra amenaza colosal para la socioeconomía mundial. El hecho es que haber potenciales soluciones intermedias haylas, que permitirían eficazmente combatir el cambio climático y a la vez seguir quemando petróleo a raudales, y los dirigentes del mundo deberían estar apostando por ellas. Sin embargo, se estarían limitando a tratar de mantener intacto (y por meros intereses cortoplacistas) un modelo energético obsoleto, que se cae ya literalmente a pedazos por momentos. En este mundo cambiante al extremo que nos ha tocado vivir, toca reinventarse o morir: para todo y para todos.

Pero a pesar lo ya innegable del cambio climático y de las dramáticas consecuencias que ya está trayendo a nuestro mundo actual, este extremo no ha hecho que siga habiendo cosas que muy relevantes que muchos ciudadanos aún no se hayan preguntado. Y es que ese funesto cambio climático nos va trayendo casi cada día como resultado nuevos y más demostrativos datos, siendo cada vez más altamente probable e innegable que sea la actividad humana la tenga bastante que ver en la situación a la que hemos degenerado. Y aún en el supuesto de que no fuese así, al menos ya es totalmente innegable que, en la situación actual fuere por lo que fuere, lo único que podemos hacer los seres humanos, antes de resignarnos ante ese cambio brutal del clima que va a destrozar nuestras socioeconomías, es combatirlo con las únicas armas que tenemos ahora mismo a nuestro alcance: reduciendo esas emisiones que todavía lo estarían haciendo más grave. No obstante, y como aportación al eterno debate que muta de argumento en argumento con el desarrollo de los hechos, hay que recordar el análisis que les hicimos de cómo podía influir sobre el clima el presente año en el que las emisiones se han reducido drásticamente a raíz del parón económico traído por la pandemia. Y es que muy especialmente este año sigue trayendo cambios climáticos de calado y anormales dentro de la tendencia general a nivel mundial en la que veníamos instalados. Habrá que esperar a los datos contrastables de los científicos sobre este hecho, y muy especialmente a los que vaya arrojando la reactivación definitiva de todo el tejido económico-industrial.

Los precedentes eran los que eran, y estaban regados con esa pólvora que ha acabado desencadenando la “guerra del petróleo”

Tras esta exposición de los antecedentes más importantes del mercado petrolífero, lo cierto es que en el sector ya se venían sintiendo temblores sísmicos desde hace tiempo. Muy premonitorios se han vuelto ahora aquellos significativos movimientos que auguraban ese seísmo que ya tenemos aquí, con sus múltiples réplicas y contra-réplicas. Hoy por hoy, aquellos movimientos geoestratégicos de Arabia que desviaban su producción defensivamente hace un tiempo ya parecen tan sólo la antesala de lo que iba a venir. A ello añadíamos en su día una Rusia que cada vez estaba más alineada por causas de fuerza mayor con la OPEP. Y por último estaban unos EEUU que, con el fracking por bandera, ya pasaban incluso de la autosuficiencia energética y se convertían en todo un productor mundial de petróleo de primer orden: la “guerra del petróleo” estaba realmente servida. Tan sólo se habrían estado definiendo ya por entonces los diferentes intereses, los bandos enfrentados, los ejes de alineamiento a nivel internacional, y quienes eran los dirigentes más proclives en uno u otro sentido.

Pero ahora van y llegan las elecciones estadounidenses que, con unos EEUU como (todavía) buen líder hegemónico del mundo (actualmente) capitalista, pueden cambiarlo literalmente todo para los años venideros. Y los países hiper-dependientes del petróleo lo saben perfectamente, por lo que no es de extrañar que podrían haber decidido jugárselo todo a una carta, que minimice el impacto sobre sus intereses en estas elecciones. La “guerra del petróleo” no sólo continúa, sino que, como en toda guerra, va evolucionando conforme el baile de intereses va cambiando al son de una música cada vez más febrilmente dodecafónica. Ya pueden (casi) asegurar que muy probablemente estaríamos asistiendo a un nuevo frente de esta guerra, y la cual no se estaría librando de forma abierta por motivos obvios y por el propio estilo bélico de algunos de sus instigadores: al parecer se trataría de una gran guerra económica y geoestratégica que se estaría librando de forma intencionadamente soterrada.

El contexto político estadounidense ha sido la espoleta que podría haber hecho estallar una granada que podría cambiar el curso de la guerra

Pero, ¿Qué podría haber hecho precipitarse tanto las cosas como para que el tablero geoestratégico haya podido dar un giro tan radical precisamente ahora? Pues algo realmente relevante para el sector, como es que el candidato presidencial Biden tenga bastantes posibilidades reales de erigirse en nuevo presidente de los Estados Unidos; eso sí, a la espera de si le dejarían consumar, porque realmente nada augura que vaya a ser ni mucho menos fácil que Trump saliese de la Casa Blanca democráticamente y por su propio pie. Lo realmente explosivo en esa situación es que cualquier chispa intencionada (de ésas que nunca se acaba de saber quién prendió) puede acabar haciendo saltar por los aires lo que ya es el auténtico polvorín de los Estados (tristemente) Desunidos de América. Porque el hecho realmente relevante aquí para el tema de hoy es que Biden ya ha prometido electoralmente un plan multimillonario para situar a Estados Unidos junto con Europa a la cabeza mundial de la lucha contra el cambio climático. Es una posición de liderazgo socioeconómico que nunca debería haber sido abandonada desde la Casa Blanca, y así no estaríamos como estamos. Pero no puede pasarse por alto que el mediático anuncio del acuerdo de paz llega precisamente en un contexto crucial de la campaña electoral estadounidense, y en un momento especialmente bajo de Trump en las encuestas por su pésima gestión de la pandemia (sin quitar dudosos honores a los gestores patrios que sufrimos por otros lares).

Entre los factores objetivos que deberían llevarnos a pensar que aquí hay algo más allá de lo estrictamente evidente, es que muy significativa e incomprensiblemente este acuerdo habría sido urdido entre bastidores y en el más absoluto secretismo, puesto que no era ni siquiera conocido por buena parte de los máximos responsables de este tipo de temas dentro de la propia la Casa Blanca. Parece ser que su anuncio era (casi) un auténtico secreto de estado, con el que en realidad se habría podido buscar producir un impacto rápido y efectivo en el momento preciso; es decir, la definición político-clásica de lo que sería un auténtico golpe de efecto, que habría intentado hacer de revulsivo. De hecho, así estaría siendo ahora. Pero sin pretender negar lo innegable de que el acuerdo sea digno de grandes elogios y verdaderamente bueno, sin pretender negar que sea la aproximación más importante a la paz real desde que Oriente Medio está como está, lo cierto es que el acuerdo no es a día de hoy tan idealistamente bueno como algunos sectores políticos nos están vendiendo “a bombo y platillo”. El principal escollo para esa consideración es que, más que un acuerdo de paz tangible y definitivo, éste no es (todavía) tal, y ahora mismo es tan sólo el inicio de un largo proceso que debería acabar desembocando en ese encomiable acuerdo de paz real y definitivo. Otras veces a lo largo de la historia del polvorín palestino-israelí se ha estado también realmente cerca de una paz real, pero ésta no acabó siendo finalmente posible y se cosecharon diferentes y sonoros fracasos. Especialmente en ese polvorín, hay un largo trecho que separa las esperanzadas expectativas de los pacíficos resultados, y que podría estar ahora engalanado con los intereses más petrolíferos. ¿Quién sabe?

Cuando algunas preguntas podrían ser a la vez las propias respuestas…

Así que, ante la sombra de la duda y la disyuntiva más inescrutable, nos adentramos en este punto en el empantanado terreno de lo subjetivo. Ese terreno en el que un servidor poco puede aportar más que ustedes mismos, y en el cual hoy me voy a limitar a hacerles algunas preguntas genéricas, para que ustedes mismos se den sus propias respuestas. Para que tampoco me digan que eludo mis responsabilidades más divulgadoras, yo me limitaré a darles mis respuestas a título meramente personal, y en todo caso genéricas al extremo, de tal manera que se limiten a ser a la vez innegables y aplicables a este o cualquier otro tema relacionado. Por ello, las abisales preguntas con las que nos despedimos hoy son las siguientes:

¿Es casualidad que este anuncio de acuerdo llegue tan sólo unas semanas antes de las elecciones estadounidenses y precisamente cuando Trump estaba en uno de sus momentos más bajos en intención de voto? La casualidad en política no existe (en economía tampoco).

¿Es casualidad que por ejemplo los rusos han hecho de potente altavoz del acuerdo de Trump por todo el mundo? Los rusos no hacen nunca nada por casualidad, sino que cada una de sus comunicaciones oficiales y no oficiales está milimétricamente medida y es totalmente intencionada. Además, cada vez que dicen algo, en Occidente "sube el pan".

¿Es casualidad que se hayan alineado tanto la hiper-dependiente Rusia como los uni-dependientes países árabes, que no tienen ningún futuro económico en un mundo donde el petróleo pierda su hegemonía, y donde además ya teníamos los antecedentes de un posible re-alineamiento que venían de atrás en la nueva “guerra del petróleo”? Ni la casualidad ni (lamentablemente) la paz suelen unir ni alinear a los países, sino que lo que lo hace son casi siempre los intereses comunes, y muy especialmente los económicos. Nos guste o no, el dinero mueve el mundo y las piezas de los tableros más geoestratégicos.

¿Es casualidad que este movimiento llegue una vez que queda claro que Trump sigue siendo más petrofílico que un oleoducto, y que Biden recientemente anunciase un ambicioso plan para hacer la transformación energética de EEUU y combatir el cambio climático? Esta casualidad efectivamente se reduciría para el mercado del oro negro a un electoral "todo o nada".

Y ahora díganme que las respuestas a estas cuatro abismales preguntas es que todo ha sido simplemente fruto de una serie de grandes (grandísimas) casualidades encadenadas. Y entonces es cuando yo les digo de ir a uno de los maltrechos casinos del imperio Trump a jugarse todo su patrimonio familiar en la ruleta al negro más negro que el petróleo. Si no les toca será cuando yo les diga a ustedes que efectivamente todo lo anterior sólo ha sido fruto de una mera cuestión de azarosas casualidades...

Un gran amigo personal que trabaja en el sector del petróleo, para entender bien lo que mueve de verdad este mercado en un plano más general, me recomendó un excelente material documental de “Seven Sisters”. Este material expone algunos de los mecanismos internos del demasiadas veces oscuro mercado del oro negro, además de dejar literalmente sin palabras. A veces hay “entrebastidores” del tablero global que incluso se podría llegar a preferir no saber, pero es lo que tenemos, lo que dirige el mundo, y en todo caso que cada cual decida libremente qué prefiere saber y qué no. Y por cierto, este lujo de “insider” particular con el que tengo la suerte de contar en mi ecosistema personal ya me contaba, hace unos años, cómo asistió a una ilustrativa y millonaria negociación de petróleo. En ella, un ejecutivo occidental de primer nivel le espetaba en la cara a un gran productor árabe que “vosotros hace 100 años sólo eráis una serie de tribus por el desierto que montaban en camello, y como os descuidéis, dentro de 100 años volveréis a estar igual”. Pues eso, tal vez unos y otros hayan acabado por “verle las orejas al lobo”, y ahora ya estén haciendo todo lo posible por no “descuidarse”. Para ello podrían ahora no estar reparando ni en gastos, ni en medios, ni en qué “cuidados” deben propiciar a aquellos que más les interesen para su supervivencia más cortoplacista.

Y digo cortoplacista porque lo cierto es que, si la temperatura sigue subiendo, determinados países van a ser los primeros en sufrir sus catastróficos efectos, aunque tal vez el quid de la cuestión sea que sólo los sufrirán esos ciudadanos de a pie que no pueden irse a vivir a otro país “por las bravas”. Mientras tanto (y como siempre) para la élite petrolífera y sus petrodólares no habrá ninguna frontera cerrada: más bien les esperarán de brazos (y monederos) abiertos. Eso sí, por el contrario, otros productores verían cómo pasarían a dejar de padecer un clima crudo con gélidas llanuras, que de pronto se tornarían en extensos y fértiles campos de cultivo. Pero eso ya es otro tema distinto al de hoy, y que espero que no lleguemos a ver hecho realidad desde la marítima inmersión subacuática de nuestra primera línea de costa. Con lo que debemos quedarnos en el tema de hoy es con el hecho de que, que el acuerdo de paz sea un buen acuerdo, no implica necesariamente que sea al mismo tiempo un acuerdo bienintencionado. O más bien, deberíamos dejarlo simplemente en que no implica necesariamente que no sea un acuerdo “dirigidamente” intencionado. ¿Quién sabe qué nos pueden estar escondiendo los tramoyistas en esta ocasión? Lo que está claro es que, si finalmente hubiese algo que nos están escondiendo tras el escenario de esta obra de teatro, bueno bueno para el común de los ciudadanos como que no debe serlo mucho, porque si no ya nos lo estarían predicando a los cuatro vientos junto con las evidentes virtudes del mediático acuerdo de paz…

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