El desapalancamiento de familias y empresas debe continuar

Las familias españolas continúan realizando un importante proceso de ajuste, reduciendo mes a mes su endeudamiento. Desde los picos de deuda tras la burbuja crediticia que provocó el estallido de la crisis financiera en 2008, el proceso de desapalancamiento no ha cesado. Esto, sin duda, es una muy buena noticia.

Según datos publicados recientemente por el Banco de España, la deuda de las familias se redujo en diciembre y cerró 2016 con una caída del 1,7% respecto al mismo mes de 2015. De esta forma, el volumen total de deuda se reduce hasta los 713.005 millones de euros. En relación al mes anterior el endeudamiento cayó un 1%, lo que equivale a una reducción de 7.600 millones.

La caída de los tipos de interés y el abaratamiento de los créditos han jugado a favor de los hogares españoles para ayudarles a reducir su dependencia del crédito. El volumen de deuda actual en manos de estos se encuentra en su nivel más bajo desde mayo de 2006, es decir, en niveles previos a la crisis. En esta imagen de Libre Mercado se observa claramente el cambio de tendencia iniciado años atrás:

El descenso de los créditos destinados a vivienda, que cayeron un 3% en términos interanuales (0,36% mensual), es la principal causa de esta reducción del endeudamiento. El volumen total de estos es de 544.527 millones de euros. A pesar de esta caída, la vivienda sigue siendo la principal causa de las deudas de las familias, ya que supone el 76,3% de las mismas.

En lo que se refiere a los créditos al consumo, estos cayeron un 3,4% respecto al mes de noviembre, hasta los 168.479 millones de euros. Sin embargo, en términos interanuales aumentaron un 3%, señal de que las familias comienzan a acceder a los mercados financieros con más facilidad que en los años de crisis. Ciertamente, de continuar esta tendencia deberíamos empezar a preocuparnos.

Las empresas vuelven a endeudarse

Con las empresas está ocurriendo justo lo contrario: su ha aumentado en los dos últimos meses. No obstante, lo cierto es que en relación a 2015 estas también han reducido su deuda. En concreto, en el último año su volumen de deuda se redujo un 1%, hasta los 915.743 millones de euros.

Los valores distintos de acciones aumentaron en diciembre un 2,1% en relación al mes anterior y un 4,4% en términos interanuales, hasta los 88.655 millones de euros. Mientras tanto, los préstamos del exterior crecieron un 0,1% en tasa mensual y un 4% en tasa interanual, hasta los 295.803 millones de euros. Solo los préstamos de entidades de crédito residentes se redujeron en diciembre. Concretamente un 0,11% respecto a noviembre y un 4,4% frente al año anterior, hasta los 531.285 millones de euros.

En teoría, el aumento del endeudamiento de las empresas es la señal de que las entidades financieras están ofreciéndoles financiación con menos trabas. Al igual que ocurre con las familias, no se hasta qué punto deberíamos preocuparnos por un posible regreso del crédito fácil y barato. La experiencia nos dice que trayendo dinero del futuro no hemos sido productivos, sino todo lo contrario: montamos una burbuja de verdadero vértigo.

El desapalancamiento debería continuar

El desapalancamiento de familias y empresas comenzó tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y, en nuestra opinión, debería continuar hasta que la deuda se sitúe en niveles de 2003 o 2004. Y eso lo decimos sabedores de que la deuda en manos de estos agentes se encuentra ya en niveles cercanos a la media europea.

Como recordarán, en el caso de los hogares, la deuda pasó de 186.400 millones de euros a comienzos de 1996 (40% del PIB) hasta un máximo de 968.300 millones en junio de 2010 (89,8%). Mientras tanto, las empresas no financieras pasaron de una deuda de 220.100 millones también en 1996 (47,4% del PIB) a 1,4 billones de euros en junio de 2010 (134%).

La suma de la deuda en manos de ambos agentes tocó techo a mediados de 2010 en los 2,4 billones de euros, equivalente al 224% del PIB, un completo disparate. A partir de aquí, el estallido de la crisis provocó un proceso de desapalancamiento que se ha prolongado hasta el día de hoy. El cierre del grifo bancario, que afectó sobre todo a empresas relacionadas con la construcción y a particulares, ha sido la causa principal de esta desintoxicación de deuda.

Nos dicen que al aumentar la facilidad de acceso al crédito las familias y las empresas pueden disponer de más recursos con los que consumir e invertir, respectivamente, que esto es bueno porque favorece el crecimiento económico y bla bla bla... Sin embargo, lo cierto es que el crédito fácil y barato hace más daño a la economía que otra cosa. Recuerden las inversiones ruinosas previas a la crisis, sobre todo relacionadas con el ladrillo, o la poca cabeza con la que muchas familias se endeudaron pretendiendo aumentar su calidad de vida.

No, no queremos que esta situación vuela a repetirse. Por ello, como manifestamos más arriba, consideramos que el desapalancamiento debería continuar aún durante un tiempo. Muchos analistas coinciden en que una buena proporción de deuda privada estaría en torno al 140-150% del PIB, más sería una aberración. El crecimiento de este año y el repunte de la inflación deberían ayudar a lograrlo.

Imagen | 401(K) 2013 y Fran Carreira

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