Algunas medidas para mejorar el empleo y su calidad


Hay una regla que es muy útil en muchos aspectos de la vida, conocida por su acrónimo en ingles, KISS (Keep It Simple Stupid) que viene a ser que las cosas, cuanto más sencillas mejor. Lo que se necesita para mejorar el empleo es simplificar, no complicar y las simplificaciones deben extenderse a cuantos más ámbitos mejor.

Lo que escribiré a continuación son tan sólo unas directrices, que por supuesto convendría pulir y pueden y deben ser objeto de debate, para eso las expongo. Desde el convencimiento de que hacer reglas complicadas, plagadas de excepciones, es el mejor camino para dejar resquicios que lleven a su incumplimiento, lo que aquí propongo sería de aplicación general, y no contemplo ninguna excepción (dejo al lector esa posibilidad abierta en los comentarios)

Contratos

Un único tipo de contrato, igual para todos, sin excepciones ni por razón de género, ni de raza ni de condiciones sociales (colectivos en riesgo de exclusión social, discapacitados).

Este tipo único de contrato sería indefinido, mientras el puesto de trabajo fuese necesario y el trabajador lo desempeñase con acuerdo a las condiciones pactadas de horarios y rendimiento, no debería temer por su continuación en el puesto, siempre susceptible de promociones y ascensos.

Con esto se conseguiría una igualdad efectiva de todos los trabajadores, se simplificarían las gestiones y podrían disponerse negro sobre blanco unas condiciones que regulasen el trabajo y los despidos de los que hablaré más adelante.

Jornada Laboral

Una jornada reducida, de un máximo de 6 horas diarias 5 días a la semana, con un pequeño descanso en medio para un tentempié, dejaría algo más de tiempo para conciliar la vida familiar, hacer la compra, atender a los hijos, ocio, en definitiva, trabajar 6 horas al día para vivir 18.

Por más vueltas que le doy no encuentro ningún motivo por el que sea necesario trabajar en interminables jornadas partidas de 8 horas, complementadas con horas extraordinarias. En un entorno en el que casi un 25% de la población dispone de todo el tiempo del mundo para trabajar, no parece normal que haya gente que tiene que pasarse más de la mitad de las horas del día entre el trabajo y los trayectos hacia el mismo, sin tiempo para vivir.

Los salarios ya se han reducido bastante con la excusa de la crisis, (directa o indirectamente, menores sueldos, horarios más amplios, o ambas cosas combinadas) sin que eso hay servido para otra cosa que no sea, en el mejor de los casos, conseguir mantener unos márgenes de beneficio que no se repercuten al trabajador.

La jornada reducida permitiría que hubiese que contratar a más gente, y que esa gente estando más descansada, cobrando lo mismo que antes y con más tiempo para gastar, reactivase desde abajo la economía.

Despidos

Las condiciones del despido deberían ser únicas como lo serían los contratos, sin posibilidad de se cercenen los derechos de los trabajadores en base a unas cifras de beneficios reales o esperadas. Esas condiciones del despido deberían estar reflejadas en el contrato lo mismo que las posibles causas que justifiquen el despido.

Indemnizaciones y prestaciones por desempleo

Debería replantearse el tema de las indemnizaciones por despido, en lugar de que se tratase de un desembolso puntual para la empresa en el momento del despido, debería instaurarse un fondo de carácter personal al que cada empresa iría aportando una cantidad cada mes, de manera análoga a un plan de pensiones, al abono de cotizaciones en concepto de desempleo. De tal forma que el trabajador tuviese garantizado el cobro de lo que le correspondiese, por estar a su disposición, sin tener que poner en dificultades a la empresa.

Cuando fuese necesario despedir a alguien, ni la empresa debería hacer frente a un pago extraordinario que podría obligarla a mantener a un trabajador porque le supone menos mantenerlo que despedirlo, pero al mismo tiempo el trabajador no perdería lo que le correspondía, y tendría garantizado el cobro aunque la empresa quebrase.

Ese fondo para el despido debería estar a nombre del trabajador y a su disposición cuando concurriesen determinadas circunstancias que habría que determinar, y que deberían ser objeto de estudio y debate.

Las prestaciones por desempleo deberían funcionar de manera similar a esas indemnizaciones por despido. Cada trabajador iría aportando (directa o indirectamente) una cantidad, como hace en la actualidad, pero que le diese derecho a recibir lo aportado y no más, de manera que en todo momento supiese de cuanto dinero dispondría de quedarse en paro. El sistema actual en el que unos aportan y otros cobran, es claramente insostenible toda vez que los que aportan son cada vez menos y los que cobran cada vez más. Con este sistema cada uno recibiría lo aportado por si mismo.

Jubilación


Prolongar la edad de jubilación de manera obligatoria, o forzar a un mínimo de años cotizados para poder cobrar una pensión es una muestra inequívoca de un sistema insostenible. Como en los puntos anteriores cada uno debería aportar a su propia jubilación y debería poder rescatarla cuando lo creyese conveniente.

Impuestos


Los impuestos progresivos no existen, cuando un asalariado puede pagar un tipo equivalente a un 40% de sus ingresos, mientras un alto ejecutivo puede estar pagando tipos equivalentes por debajo del 15% o incluso menos, no es en absoluto hacer que los que tienen más paguen más. De nuevo una simplificación radical sería de mucha ayuda.

Si tanto empresas, como empresarios, como autónomos, como asalariados pagasen un único tipo, pongamos de un 20%, tanto fuese de impuesto de sociedades, como de una Sicav como de IRPF, de tal manera que no hubiese artimaña contable que te permitiese pagar menos, se conseguiría que quien más gane pague más, dado que si paga el mismo porcentaje de una cantidad mayor paga más, y eso no hay ni que ser de ciencias para entenderlo.

El sistema actual provoca delirantes situaciones como que llegues a preferir que no te “suban el sueldo” porque percibirías un liquido menos al cambiar de tramo de cotización por más que luego te prometan que “hacienda te devolverá lo que pagas de más” (o lo que cobras de menos), es una prueba de que algo falla en el diseño del sistema; o cuando un ejecutivo regulariza su IRPF pagando 30 euros al hacer la declaración, con unos ingresos anuales con más de 8 ceros, y un asalariado que tiene la suerte de cobrar apenas 30.000 al año se puede encontrar teniendo que pagar 5000 euros de IRPF, por no tener nada que desgrave lo suficiente o haber tenido más de un pagador.

Conclusiones

  • Un contrato único; que simplificara el sistema y redujera sensiblemente la maraña burocrática que supone a veces contratar a alguien.
  • Una jornada laboral más reducida; desde la revolución industrial se ha venido reduciendo la jornada laboral en beneficio de la calidad de vida, es una tendencia que no debería invertirse, trabajar más horas no nos hace ser más productivos, la eficiencia es la clave. Si se necesitan cubrir más horas de trabajo que se haga contratando a más gente.
  • Tipo único de despido y con las condiciones muy claramente expuestas en el contrato.
  • Una cuenta personal de cada trabajador donde se irían metiendo sus aportaciones para pensiones, desempleo o indemnizaciones. Esta cuenta podría y debería tener un tipo mixto de gestión: público y privado.
  • Un tipo impositivo único, para trabajadores, empresas, empresarios y autónomos, que impidiese o al menos limitase las artimañas contables. sería deseable que el tipo único fuese a nivel internacional, para que todos jugasemos en la misma liga.

Seguro que se os ocurren más medidas, objeciones a lo propuesto, o comentarios de todo tipo… para eso están abiertos.

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