
Pone sobre la mesa el conflicto entre el coste de contratar, el salario que recibe el trabajador y los incentivos que ofrecen las prestaciones por desempleo.
El autónomo David Canales publicó una oferta de empleo para cubrir un puesto de limpieza a media jornada, 20 horas semanales, en una de sus empresas. Su secretaria había llamado a 40 de las 80 inscritas. El resultado, según contó en TikTok: el 100% declinó la entrevista al saber que el puesto incluía contrato. El dato no es anecdótico: vuelve a poner sobre la mesa el problema de los incentivos para aceptar determinados empleos.
Canales explica las condiciones en un vídeo: 20 horas a la semana ("más que suficiente" para el tamaño del local), jornada completa descartada porque los locales están lejos. Llegan 80 solicitudes. Su secretaria hace la primera criba. De los 40 contactados, todos rechazan, según su relato. La frase-clave, según Canales: "Oye, pero ¿hacéis contrato?". Ante la respuesta afirmativa, todos los contactados declinan la entrevista. "Del 100% de las 40 personas que habremos llamado, el 100% ha declinado venir a la entrevista porque evidentemente ofrecíamos contrato", sentencia.
El motivo. Canales atribuye la negativa a una racionalidad individual del candidato, no a un rechazo al trabajo: "Según ellas, estaban cobrando un subsidio, o estaban cobrando el paro, o no les convenía". Esto no permite afirmar que todas las personas rechazaran el puesto por una comparación matemática entre salario y prestación, pero sí que algunas candidatas alegaron que cobraban un subsidio o el paro. Conviene recordar que el coste real de un trabajador para una empresa fue de 38.748,94 euros anuales de media en 2025, según el INE, mientras que el salario bruto anual medio fue de 28.410,78 euros.
Las consecuencias. El relato de Canales no demuestra por sí solo que exista una 'trampa de la precariedad', pero sí vuelve a poner el foco en la diferencia entre coste laboral para la empresa y salario que recibe el trabajador. Como explicaba El Blog Salmón al advertir que la empresa no te sube el sueldo pero le sales mucho más caro por las cotizaciones sociales, las cotizaciones sociales forman una parte importante del coste laboral. Y como añadía el medio al retratar a los autónomos que facturan menos de 2.500 euros al mes y ganan menos que trabajando por cuenta ajena, los pequeños empresarios y trabajadores por cuenta propia también afrontan una estructura de costes que puede reducir sus ingresos disponibles.
La queja. Canales cierra con una reflexión afilada sobre la imagen pública del empresario: "Y luego somos nosotros los empresarios, los autónomos, los opresores, las malas personas, los defraudadores, los que queremos siempre hacer trampas". La frase resume el malestar que expresa ante una situación en la que, según su relato, encuentra candidatos que renuncian al puesto pese a ofrecer un contrato. Es importante señalar que el dato de Canales no demuestra que todos los parados rechacen el empleo: demuestra únicamente que, según su testimonio, las 40 personas que llamó declinaron continuar con el proceso.
La pregunta. ¿Cómo se rompe la trampa? Hay dos posibles salidas, ninguna cómoda. Una, aumentar el atractivo económico del contrato legal mediante un mayor salario neto o menores costes asociados al empleo. Otra, reforzar el cumplimiento de las obligaciones de los beneficiarios de prestaciones: actualmente, rechazar una oferta de empleo adecuada sin causa justificada ya constituye una infracción grave y puede acarrear la pérdida de prestaciones. Es una cuestión que El Blog Salmón ya abordó en 2012 al recoger la propuesta de la CEOE de que los parados no puedan rechazar ofertas de empleo. De esta forma, el conflicto deja de ser únicamente moral para volverse económico y laboral. Mientras tanto, Canales seguirá buscando trabajadores. "Esto es lo que hay. Mañana seguiremos", ha finalizado.
Imagen | @David Canales
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