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Un albañil va y viene de Toledo a Madrid todos los días para trabajar: "La vida aquí es muy tranquila, el tema del trabajo es relativo"

Vive en Camarena y trabaja en la capital por 60 euros al día: valora la tranquilidad del pueblo para su familia, aunque reconoce que la estabilidad laboral es relativa

Un albañil va y viene de Toledo a Madrid todos los días para trabajar: "La vida aquí es muy tranquila, el tema del trabajo es relativo"
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Redacción El Blog Salmón

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Martín es un albañil colombiano que vive en Camarena, Toledo, y trabaja en Madrid. Cobra 60 euros diarios en la construcción y dice que le alcanza para vivir. "La vida aquí es muy tranquila. En Madrid hay mucho más movimiento", explica en el canal de YouTube @La Blue Kombi (vía El Español). 

El caso no es único. Es el espejo de una fórmula que permite residir en un pueblo pequeño y trabajar en una gran ciudad, y, en paralelo, es el espejo de otro debate más espinoso: la creciente importancia de los trabajadores extranjeros en la construcción española. Martín entró en la obra por un amigo. "Ahora mismo estoy trabajando en una obra. Un amigo me ayudó a entrar y estamos dándole", cuenta. Sobre la estabilidad, es sincero: "El tema del trabajo aquí es relativo, puede haber como que no. Vamos dándole. Aquí nos pagan por día, gano unos 60 euros diarios en la construcción. Me alcanza". Es decir, actualmente tiene trabajo, pero es consciente de que el oficio puede ser variable.

En cifras. 60 euros diarios en construcción. Una vida más barata en Camarena que en Madrid. Y un entorno que prefiere para sus hijas: "Para mis niñas es mucho más tranquilo, pueden salir a caminar a la plaza". La tranquilidad, en su relato, pesa más que la incertidumbre laboral. Como recordaba El Blog Salmón al retratar a José, albañil de 64 años, los extranjeros ya representan el 39% de los albañiles en España.

Sí, pero. La fórmula no es para todos. Como recordaba El Blog Salmón al retratar a Sandra, de 28 años, que dejó Madrid por un pueblo de 100 habitantes y ahora decide volver a la ciudad, el retorno al pueblo no siempre cuaja: "No me da para mantener un alquiler yo sola", explica. La diferencia entre Martín y Sandra es matiz: él tiene familia y obra; ella estaba sola y con ingresos inestables. El pueblo funciona si hay un ingreso que respalda.

El relato de Martín es optimista y, a la vez, frágil: 60 euros al día, una obra que puede terminar y un pueblo que cubre sus necesidades. ¿Cuántos "Martines" aguantan la pendularidad Madrid-Camarena cuando la obra se acaba? El tiempo nos lo dirá. De momento, él ya construyó la suya.

Imagen | Tahir Xəlfəquliyev (vía Pexels)

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