Derogar la reforma laboral sería volver a uno de los mercados laborales más disfuncionales de Europa: así era España en 2011

La reforma laboral está en boca de todos estas semanas.El Gobierno se ha propuesto derogarla al ser una de las condiciones pactadas con Podemos para formar Ejecutivo y desatascar la situación que había en el Parlamento. Por lo tanto, parece que no va a quedar de otra.

La reforma laboral de 2011, puesta en marcha por el Gobierno de Rajoy al ser una de las condiciones impuestas por la UE para darnos el famoso 'rescate suave' fue muy muy polémica. Las condiciones que presentaba para el mercado de trabajo daban un vuelco a la situación de entonces total.

Sobre todo, porque hacía más accesible el despido, algo que asustó a todos en ese momento en el que el paro no dejaba de crecer porque estábamos inmersos en plena crisis financiera. Además, daba más poder a los empresarios y favorecía su postura frente a la del trabajador.

Por ello, Podemos quiere acabar con ella a toda costa y volver a lo que había en 2011, pero, ¿es esto conveniente? ¿Va a servir para acabar con los 3 millones de parados que aún tenemos?

Lo que puede pasar si se deroga la reforma laboral

Vamos a ponernos en contexto. En 2011 el paro en España cerró en cerca del 23%, con 5,2 millones de parados. Cifra que fue in crecendo en 2012. Pero ya era un dato muy malo que nos situaba junto con Grecia como el 'patito feo' de la UE en lo que al mercado laboral se refería.

Otros países también destruían empleo, pero no a nuestro nivel, por motivos que ya hemos tocado muchas veces (dependencia del turismo, temporalidad, poca industria, baja formación de muchos trabajadores, etc.).

Ahora, 10 años después, y también después de una crisis muy grande e inesperada, hemos logrado en tan solo un año reducir el paro que dejó el COVID en 2020 (3,7 millones al cierre de año) en medio millón de personas, y todo ello sin tocar la reforma de 2011. Por lo tanto, muchos se preguntan si justo ahora, en plena recuperación conviene tocar las cosas.

Sobre todo, porque aunque la reforma de Rajoy hacía más fácil el despido...y la contratación, y eso ahora conviene mucho.

¿Qué cambiaría pues? Pues, de nuevo, tendría primacía el convenio sectorial frente a la empresa, algo clave para negociar, por ejemplo, salarios. Y teniendo en cuenta que el salario mínimo está más alto que nunca y se prevé que suba, esto puede ser una barrera a la hora de contratar.

Por otro lado, los contratos de obra y servicio, que ahora tienen un máximo de un año, volverán a poder renovarse con mucha más periodicidad, algo que realmente encubre contrataciones indefinidas y precariza más a los trabajadores.

Las indemnizaciones también estuvieron en el ojo del huracán, sobre todo en los contratos indefinidos, aunque los cambios apenas se percibieron. Además, las empresas tenían más capacidad de flexibilidad interna para cambiar condiciones laborales como horarios, organización del trabajo, etc.

Por lo tanto, hablamos de una reforma que logró bajar el paro en más de dos millones de personas desde que se aprobó, a pesar de que en teoría iba a ser una máquina destructora de puestos de trabajo.

¿Debe preocuparnos su derogación? Aún sin saber qué texto saldrá del Ministerio capitaneado por Yolanda Díaz, es más que seguro que toda esta realidad volverá a la de 2011, con un mayor proteccionismo al trabajador que impide la flexibilidad empresarial. Algo que, en pleno cambio del sistema económico que aboga precisamente por la flexibilidad y la capacidad rápida de adaptación, puede ser un riesgo para un mercado ya de por sí tan inflexible como el nuestro.

También te puede gustar

Portada de El Blog Salmón

Ver todos los comentarios en https://www.elblogsalmon.com

VER 21 Comentarios