José, albañil de 64 años: "Dicen que faltan trabajadores en la obra pero te piden de requisito hablar inglés con los ladrillos"

Albañil trabajando
  • La frase de un albañil madrileño de 64 años condensa la denuncia de muchos trabajadores del sector 

  • La construcción española jura que le faltan brazos y, a la vez, levanta la vara de los requisitos hasta pedir idiomas para poner ladrillos

Redacción El Blog Salmón

Editor

La frase este trabajador resume lo que los informes del sector explican en decenas de páginas. Detrás de la ironía hay una cifra que no admite chiste: la patronal calcula que faltan unos 700.000 trabajadores, mientras apenas uno de cada diez operarios del sector tiene menos de 30 años.

"No sabía que tenía que hablar inglés con los ladrillos"

José María es oficial de primera de albañilería, la categoría más alta del gremio, trabaja en Madrid y lleva en el oficio desde los 14 años. Se presentó a una oferta publicada por un ayuntamiento y, semanas después, le comunicaron que la empresa buscaba a alguien que supiera inglés. Su respuesta, contada a El Español, se volvió viral por su puntería: "No sabía que tenía que hablar inglés con los ladrillos".

El testimonio, sin embargo, va más allá del titular. José María describe una obra donde "sólo hay un chaval de 28 años, el resto tiene más de 50". Y pone el dedo en la herida salarial: "Lo primero que preguntan los jóvenes es cuánto van a cobrar. ¿1.200? Para eso no trabajo". De su propio caso ofrece el dato más demoledor: "Sólo me han subido el sueldo 100 euros en 20 años". La traducción a poder adquisitivo la hace él mismo, sin necesidad de economista: "Antes con 400 pesetas podía comprar muchas cosas, ahora no sirve ni para un café".

¿Faltan brazos o faltan condiciones?

La paradoja es real y está documentada. La Confederación Nacional de la Construcción estima que el sector necesita en torno a 700.000 nuevos trabajadores para atender la demanda de obra y reforma, y las vacantes sin cubrir se han disparado más de un 350% desde 2017, según un análisis de El Blog Salmón sobre el envejecimiento del gremio. No obstante, el relato de la 'falta de brazos' convive con una segunda lectura incómoda: la del oficio que ha dejado de competir por el trabajador joven. Aquí los datos se vuelven heterogéneos (un oficial cualificado o un autónomo pueden ganar bien, mientras el sueldo de entrada se ha quedado clavado), pero la dirección es la que apunta José María: cuando el salario inicial no sigue a la inflación, el atractivo del oficio manual se erosiona.

Una plantilla que encanece

El retrato de edad es el de un sector en su mejor momento de empleo y, a la vez, en su hora más frágil. La construcción cerró 2025 con 1,53 millones de ocupados, el dato más alto desde 2010 tras crecer un 4,5% interanual. Y, pese a ello, sólo el 10,8% de esos trabajadores tiene menos de 30 años, frente al 22% que ya supera los 55. La consecuencia es una cuenta atrás demográfica: alrededor de uno de cada cinco operarios se jubilará en la próxima década y unos 139.000 colgarán las botas en apenas cinco años, según la Radiografía del empleo en la construcción recogida por The Objective. En el caso concreto de los albañiles el cuadro se agrava: más del 65% supera los 45 años y sólo el 13% baja de los 30, cuando en 2007 esos menores de 30 eran más del 30% del gremio.

El andamio se sostiene con mano de obra extranjera

Si la pirámide no se ha desplomado todavía es, en buena medida, por un 'parche' que la patronal rara vez subraya: la inmigración. Uno de cada cuatro trabajadores de la construcción (el 25,3%) es ya de nacionalidad extranjera, con Marruecos, Rumanía y Colombia a la cabeza. Entre los oficios de obra el peso es mucho mayor: el 39,8% de los albañiles y el 49,4% de los peones tienen pasaporte de fuera, y desde 2022 cuatro de cada diez nuevas altas laborales del sistema corresponden a trabajadores inmigrantes. Dicho de otro modo, la mano de obra que el relevo generacional español no aporta la está cubriendo, peón a peón, la migración.

El cuadro, sin embargo, no está del todo congelado

Sería injusto pintar un sector inmóvil. La fotografía se mueve por tres flancos. El primero, el de la cualificación: el 36,8% de los trabajadores cuenta ya con titulación profesional, certificado de profesionalidad o estudios universitarios, lejos del tópico del peón sin formación. El segundo, el de las mujeres: la ocupación femenina se disparó un 15,3% en el último año, aunque ellas apenas suponen el 11,5% de los afiliados, según el Observatorio Industrial de la Construcción. Y hasta la política asoma: la vicepresidenta Yolanda Díaz ha defendido mantener la jubilación a los 65 años en los trabajos en altura, según recogía Infobae. Son palancas, no remedios cerrados: ninguna, por sí sola, repone los 139.000 brazos que el sector perderá por jubilación en un lustro.

Un sector con récord de empleo y grietas estructurales

A la falta de relevo se suma una segunda hemorragia, la del absentismo. Cada trabajador de la construcción se ausentó casi 113 horas en 2025, el doble que una década atrás, y más del 80% de esas ausencias estuvo vinculado a bajas médicas, según otro repaso de El Blog Salmón a la crisis estructural del sector. El coste de ese absentismo alcanzó los 3.565 millones de euros en un solo ejercicio, y dos tercios de la factura recae sobre las pequeñas empresas, las mismas que más sufren para encontrar quien sostenga la paleta.

Así que la próxima vez que una oferta de obra pida inglés, conviene leer la letra pequeña del sector. La construcción no necesita que alguien hable inglés con los ladrillos: necesita que alguien, en el idioma que sea, siga queriendo ponerlos por lo que se paga. Y esa, y no la del idioma, es la pregunta que el gremio lleva años sin querer responder en su propia lengua.

Imágenes | Magnific (pvproductions)

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