Mercados de valores y evasión fiscal

Hace ya casi un mes que no tocaba el tema del fraude fiscal, el blanqueo de capitales o la evasión de capitales. Como sabéis, mi propósito era doble: dejar claro cada uno de los conceptos, marcando diferencias con los restantes, para posteriormente ir desgranando en una serie de posts ejemplos de prácticas habituales en esos mundos. Así, hemos hablado de la Hawala, de las operaciones inmobiliarias, del import/export, del mundo del arte, y Remo se me adelantó con todo un pequeño clásico, el aprovechamiento del sistema fiscal de módulos.

A bote pronto aún nos quedan unos cuantos métodos o sistemas: el arbitraje o los falsos procedimientos judiciales, el uso de ONGs, etc. En el post de de hoy nos vamos a centrar en las posibilidades que encierran los mercados de valores para el fraude, el blanqueo, etc. Estas operativas están restringidas a operaciones fuertes, a personas con amplia capacidad financiera, y son ciertamente difíciles de rastrear. Por encima del blanqueo o de la evasión vía pisito nos encontramos con este otro plano sumamente distinto. Veamos dos modalidades.

  • Por un lado tenemos la conocida como técnica del porrazo en el caso Gescartera. Su funcionamiento es simple. Cuando una agencia de valores, cuando un operador compra y vende valores, futuros, en los mercados, lo hace en su nombre en primera instancia. Es decir, en el mercado nadie sabe en principio para quien se está comprando. Al finalizar el día se cierra la contabilidad, y se adjudican los valores o los resultados de la venta de los mismos. Ante esta posibilidad, la agencia de valores lo tiene fácil, compra y vende futuros de alta volatilidad, con un fuerte apalancamiento, y los liquida en el día. Evidentemente el juego es de suma 0, a descontar los gastos administrativos. En función de que quiera colocar dinero fuera de España o no, apunta la ganancia a un cliente extranjero o a un cliente nacional (o si es en España se pueden usar identidades compradas, hombres de paja a conveniencia). Da igual, en ultima instancia son el mismo cliente . El truco está, por tanto, en controlar una sociedad de valores, o al menos en contar con la conveniencia de personas claves dentro de ella. De esta manera, podremos apuntarnos plusvalías o minusvalías bursátiles a conveniencia, transfiriendo dinero desde dentro o fuera de España, con la apariencia de legalidad de venir de operaciones financieras. Si combinamos esta mecánica con los conocidos como shell banks las posibilidades se disparan.

  • La otra alternativa, que requiere generalmente un mayor capital, es la manipulación de pequeñísimos valores de la Bolsa, con bajísima liquidez, y que son sensibles a fuertes ordenes de compra y venta. Usando titulares distintos, a través de una red de sociedades, se pueden transferir fondos y localizar ganancias o perdidas fiscales entre distintas personas y jurisdicciones fiscales. Es la vertiente fiscal de los microchicharros: pezqueñines si, gracias, que dirían algunos.

Evidentemente, normativa como la MIFID, el control de la CNM y de la Policía, etc, hacen que estas prácticas sean más difíciles de lo que parecen enunciadas, pero me temo que, de un modo u otro se siguen dando en nuestros mercados.

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