
Zoe De La Paz cambió un empleo estable en Chicago por la vida estacional
Zoe De La Paz, de 26 años, trabajaba como diseñadora mecánica para una empresa de construcción en Chicago con un salario de 75.000 dólares anuales, pero un viaje con una amiga le hizo ver que no se sentía realizada en su trabajo de oficina. Así que lo dejó todo, literalmente, por un empleo estacional al aire libre: hoy cobra 19,25 dólares la hora por arreglar cremalleras, ajustar dobladillos y coser parches como costurera en el Parque Nacional de Yellowstone. A cambio de mantener a punto los uniformes de los empleados de la concesionaria Xanterra Parks & Resorts, disfruta de los caballos y paga solo 96 dólares al mes por el alojamiento, aunque tiene truco.
Todo esto empezó “puramente por suerte” mientras hacía horas extra sirviendo cáterings para producciones musicales en Chicago. Alguien de una gira de The Weeknd dijo que necesitaban a alguien para reparar la ropa de unos bailarines. “Imagínate la escena, yo corriendo a apuntar mi número en una servilleta y diciéndoles que tenía experiencia cosiendo”, relata De La Paz en declaraciones recogidas por CNBC. “Fue suerte porque casualmente estaba en ese lugar y en ese momento”, pero insiste en que “puedes fabricar la suerte en tu vida”. Renunciar a su carrera y a su título universitario no fue sencillo: “Daba mucho miedo dejar el mundo corporativo y perseguir mis sueños, y hacer lo que los adultos te dicen que ‘no deberías hacer’”.
La letra pequeña de la ganga inmobiliaria
Pagar 96 dólares al mes de alquiler suena bien, pero conviene saber qué incluye y qué no. Esa cuota no te da las llaves de un apartamento privado con vistas a los géiseres, sino una cama en una residencia compartida en Mammoth Village, donde puede compartir habitación con hasta otras dos personas, gestionada por la empresa concesionaria. La cantidad se descuenta de la nómina y cubre el alojamiento y determinados servicios. Los baños pueden ser comunitarios tambiéns, así que la intimidad es un lujo que se queda en Chicago. Es, por así decirlo, un paraguas que solo se abre mientras trabajas para ellos: el alojamiento está vinculado al empleo.
Sea como fuere, la decisión de De La Paz ilustra a la perfección el cambio estructural de prioridades laborales, un goteo constante que ya hemos analizado en El Blog Salmón al explicar cómo los trabajadores españoles optan por abandonar sus empleos estables buscando un mejor equilibrio personal. Para hacerse una idea del impacto numérico de esta “Gran Renuncia” a la americana: pasar de 75.000 dólares anuales a un contrato de 19,25 dólares la hora supone reducir los ingresos brutos a casi la mitad si se compara con una jornada de 40 horas semanales durante todo un año. Sin embargo, ella asegura que, paradójicamente, ahora logra ahorrar más dinero que antes. La ecuación sale a cuenta porque algunos de los gastos estructurales desaparecen y el entretenimiento natural es infinito y gratuito. “Hace dos años, trabajando en la empresa, nunca habría soñado que esto pudiera pasar”, confiesa.
Pero detrás de este idílico recibo de 96 dólares se esconde una de las dificultades más importantes de los parques estadounidenses: la imposibilidad de alojar a quienes los mantienen en pie. En Yellowstone existe una escasez crítica de alojamiento para empleados, y el parque y sus concesionarios están invirtiendo millones de dólares para ampliar las viviendas disponibles. Empresas como Xanterra están desarrollando proyectos como Arnica Housing Development, una inversión de 30 millones de dólares para añadir 180 camas. El bajo coste del alquiler no es un milagro local, sino una de las fórmulas utilizadas para facilitar el alojamiento de los trabajadores; en un entorno donde encontrar vivienda puede resultar complicado, disponer de alojamiento para la plantilla es fundamental para mantener las operaciones.
Aparentemente, le ha funcionado a Zoe, que ahora planea continuar su carrera en Nueva York o Los Ángeles para aprovechar su experiencia y trabajar en Broadway o en producciones de cine. Esto es lo que sabemos de su idilio estacional, que acabó a finales de septiembre. Lo que no sabemos, porque esa es la frontera de todo contrato temporal en parajes extremos, es qué margen de maniobra real le quedará cuando abandone el parque y ese suculento alquiler de 96 dólares caduque de golpe.
Imagen | Gintare K. (vía Pexels)
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