Tras dos años sin cuotas de producción lácteas, el sector vive un ajuste brutal

Según los últimos datos de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), en los últimos dos años, el sector lácteo español ha experimentado un total de 1.696 cierres de explotaciones, pasando de 16.998 ganaderos dedicados a la producción de leche en abril de 2015 hasta las actuales 15.302 explotaciones.

Siguiendo por esta vía, al finalizar el ejercicio de 2017 se estima que el total de ganaderos quedaría por debajo de los 15.000 ya que el ritmo de cierres mensual es de 70 explotaciones.

Para los hábitos de consumo español la leche es fundamental... pero no las empresas lácteas españolas. España es importadora neta de leche y productos lácteos debido a que el consumo interno no se satisface con la producción nacional. La gran parte de las importaciones de lácteos son del resto de Europa en especial de Francia y Portugal.

¿Por qué están cerrando las ganaderías?

Con la liberalización del sector lácteo en abril de 2015 se puso punto y final al régimen de la cuota láctea coincidiendo con una coyuntura muy determinada por el cierre del mercado ruso y también, por la reducción de las importaciones por parte de los terceros países, entre los que destaca el mercado chino.

Debido a todo lo señalado, se ha producido un incremento de la oferta de leche y productos lácteos en el mercado europeo y mundial que ha ido arrastrando los precios a la baja y en consecuencia los márgenes del sector. En el siguiente gráfico podemos ver tres parámetros clave para el sector lácteo: el precio de la leche (en verde), la estimación de costes (en azul) y la estimación de márgenes de producción (en rojo).

Como podemos apreciar, con la caída del precio de la leche los márgenes de producción se han estrechado hasta situarse alrededor de cero en los últimos dos años, y por ello, en consecuencia, han habido cierres de múltiples explotaciones lácteas.

Es un problema de economía básica... Cuando en un sector existe sobreoferta, el precio tiende a descender y en consecuencia los márgenes quedan lastrados, lo que lleva a la desaparición de las empresas menos competitivas debido a que las pérdidas se llevan por delante el capital de las empresas hasta provocar su cierre.

Cuando las empresas menos competitivas cierran, en consecuencia, sobreviven aquellas que han tenido mejor capacidad de ajuste y por lo tanto, permanecen aquellos procesos productivos que ofrecen una mayor eficiencia, limpiando el sector.

Dado que importamos productos lácteos de Europa y cierran ganaderías en España, la conclusión es obvia... Tenemos una oferta de explotaciones lácteas de baja competitividad frente al producto exterior. Un problema que desde la COAG se ha buscado solucionar a base de proteccionismo puro y duro.

La liberalización del sector lácteo

La liberalización del sector lácteo marcó un punto de inflexión a nivel europeo, tras más de tres décadas de cuotas lácteas. Esto significa que hay que competir para beneficiar al consumidor, sin la existencia de límites para producir.

La liberalización fue percibida en un principio por el propio sector como una oportunidad y también como una amenaza. Por un lado, la oportunidad que podía ofrecer un nuevo contexto en el que la única limitación al crecimiento fuese la impuesta por el propio mercado, en un sector que había estado muy regulado y, por otro, el temor a un desequilibrio en los volúmenes de producción que llevase a presiones a la baja en los precios de la leche.

Esto significa que las ganaderías lácteas están a las órdenes de los consumidores, en un sistema de mercado libre en competencia. Desde COAG han estado en contra del proceso de liberalización, siendo favorables al anterior sistema de cuotas, que beneficia a los intereses de las empresas nacionales por encima de los intereses de los consumidores.

Mucho menos ha gustado la entrada de más competencia en el sector... Pues se está llevando a cabo un proyecto de una macro-granja en Noviercas, provincia de Soria, que abarcará una explotación de 20.000 vacas que será la mayor explotación de toda Europa con el objetivo de producir 180 millones de litros de leche al año.

La valoración de COAG es que este proyecto en particular, puede llegar a substituir a 432 explotaciones familiares e implicaría una destrucción de 726 empleos en zonas rurales. Una noticia fatídica para las ganaderías poco competitivas pues aparece una alternativa, en el lado de la oferta, con capacidad de alcanzar costes unitarios menores mediante la producción de leche en masa.

Por otra parte, la producción de leche en la Unión Europea crece de manera constante, puesto que se efectuaron inversiones ante perspectivas positivas del mercado global a medio plazo. Esta realidad europea choca contra la española con un descenso continuado del consumo de productos lácteos, que viene produciéndose a lo largo de los últimos años.

Miguel Ángel Revilla y el precio mínimo de la leche

El actual presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, ha manifestado en numerosas ocasiones como a su entender debe reestructurarse el sector lácteo. En su opinión, debería tomarse una acción intervencionista para fijar un precio mínimo de un euro el litro de leche, para así asegurar la viabilidad de muchas ganaderías. Así lo ha declarado:

“El precio de la leche es sin duda la gran preocupación de que compartimos la administración y los ganaderos. Es un escándalo. Todos los intentos que hemos realizado hasta el momento para atajarlo mediante el establecimiento de un precio mínimo digno, han chocado con la legislación nacional y europea”.

Estas declaraciones no son casuales, debido a que Cantabria en el año 2015 soportaba el 7% de las entregas de leche cruda sobre el total de las Comunidades Autónomas y en 2016, fue la única comunidad que perdió cuota al situarse en el 6%.

El problema de este planteamiento proteccionista es en que se enfoca, en primera instancia, desde el lado de las empresas y en última instancia, los consumidores. Éstos últimos, deberían pagar más para mantener un sector sobredimensionado y con deficiencias en su estructura de costes.

Una lógica que no es demasiado coherente tanto en el medio como en el largo plazo... Los precios mínimos no tienen sentido en una economía de mercado ya que suponen un traspaso de renta innecesario desde los consumidores hacia las empresas para salvar sus márgenes y mantenerlas a flote.

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