Warren Buffett ha movido ficha y esto a Wall Street le interesa y mucho. Su empresa de inversiones, Berkshire Hathaway, acumula casi 400.000 millones de dólares en efectivo, una cifra récord. Y al mismo tiempo, el famoso indicador Buffett acaba de superar el 230%, un nivel nunca visto y muy por encima de la media histórica.
La preocupación aumenta por una sencilla razón: esta misma señal ya anticipó una fuerte sobrevaloración antes del estallido de la burbuja tecnológica del año 2000. La gran pregunta reaparece: ¿se está gestando una nueva crisis bursátil?
El indicador Buffett entra en territorio desconocido
Uno de los termómetros más observados por el mercado ha alcanzado cifras históricas. El llamado indicador Buffett mide la relación entre la capitalización total del mercado bursátil estadounidense y el Producto Interior Bruto del país.
A comienzos de año esa ratio superó el 200% por primera vez. En los últimos días incluso se ha colocado por encima del 230%.
Un dato que, en realidad, gana fuerza cuando se compara con su comportamiento habitual. Históricamente, la media ronda el 80%.
Es decir, niveles tan elevados reflejan una situación muy exigente en valoración relativa y dudan sobre cómo justificar las expectativas futuras.
Esto no implica necesariamente un desplome a corto plazo, pero sí que algo está pasando: el mercado estadounidense cotiza muy por encima de los niveles considerados normales respecto al tamaño real de la economía.
El precedente del año 2000 sigue inquietando
La comparación inevitable aparece con la burbuja tecnológica del año 2000.
Viajamos en el tiempo. Finales de los años noventa. Este mismo indicador superó el 130%. Y poco después se produjo uno de los episodios más duros para Wall Street. Entre 2000 y 2002 el S&P 500 terminó acumulando una caída cercana al 49%.
Aquella crisis estuvo impulsada por unas expectativas desproporcionadas sobre empresas tecnológicas que en muchos casos apenas generaban ingresos reales. Las valoraciones se dispararon mientras el negocio detrás de muchas compañías seguía siendo muy débil.
La situación actual presenta algunos paralelismos, sí, pero ojo, también diferencias importantes.
Los beneficios empresariales sí acompañan esta vez
La última temporada de presentación de cuentas empresariales ha sido una de las más fuertes desde 2021. Un alivio.
El crecimiento agregado de beneficios del S&P 500 ha pasado aproximadamente del 15% inicial hasta situarse cerca del 27,1%.
Gran parte de esta aceleración se concentra en gigantes tecnológicos como Alphabet, Meta y Amazon, compañías que siguen elevando ingresos y flujo de caja a ritmos especialmente elevados.
Además, las previsiones de beneficio por acción para el segundo trimestre han sido revisadas al alza un 2,1%. Un comportamiento poco habitual, ya que históricamente las revisiones iniciales suelen tender hacia recortes.
Otro dato relevante aparece en el Nasdaq 100. El PER forward del índice se mueve alrededor de las 23 o 24 veces beneficios, niveles próximos a su mediana histórica. Esto significa que las fuertes subidas bursátiles han venido acompañadas también por un crecimiento real de beneficios.
El otro mensaje de los 400.000 millones de Buffett
Pese a este contexto favorable, los movimientos de Berkshire Hathaway siguen generando dudas (y extrañando a algunos).
La compañía acumula actualmente cerca de 400.000 millones de dólares en efectivo, la mayor reserva de liquidez registrada por Warren Buffett. Un dato que tiene una doble lectura.
Por un lado, como es obvio, refleja la enorme capacidad financiera del grupo. Pero también puede interpretarse como una señal de prudencia máxima. Y es que, la acumulación de efectivo suele indicar que el inversor considera que existen menos oportunidades atractivas a precios razonables y prefiere esperar.
Históricamente Buffett ha utilizado grandes cantidades de liquidez para aprovechar correcciones y comprar empresas cuando el mercado atraviesa momentos de tensión.
El verdadero riesgo está en la inteligencia artificial
Para muchos, el foco de preocupación verdadero podría encontrarse en un lugar diferente: la inteligencia artificial ya no depende únicamente del software de toda la vida. Sino que su crecimiento exige inversiones gigantescas en infraestructura física.
Centros de datos, semiconductores, redes eléctricas, cobre y capacidad energética requieren enormes cantidades de capital. ¿Y qué ocurre? Que el problema aparece cuando ese ritmo inversor empieza a presionar márgenes empresariales.
En definitiva, parte del rally tecnológico actual depende de que el crecimiento continúe acelerándose durante los próximos trimestres. Si los grandes grupos tecnológicos empiezan a sufrir por el enorme volumen de inversión necesario, las valoraciones podrían ajustarse rápidamente.
Bancos centrales, petróleo e inflación
Existe además otro elemento que preocupa. Las últimas tensiones geopolíticas y el conflicto prolongado en Oriente Medio han devuelto volatilidad (y mucha) al petróleo.
Si la energía continúa presionando la inflación, los bancos centrales podrían retrasar recortes de tipos o incluso endurecer nuevamente su política monetaria. Todo un clásico. Y claro, este escenario tendría un impacto directo sobre compañías muy intensas en inversión.
Imágenes | Mario Tama, Mediamodifier
Ver todos los comentarios en https://www.elblogsalmon.com
VER 0 Comentario