China ha cruzado una línea que hasta ahora había evitado tocar. El pasado sábado, 2 de mayo, Pekín ordenó por primera vez a empresas nacionales que desobedecieran sanciones impuestas por Estados Unidos. Un acto de gallardía que, sin embargo, amenaza con abrir un choque financiero de enormes dimensiones entre las dos mayores potencias del planeta.
El problema puede llegar a ser enorme para los bancos chinos. Estos operan internacionalmente, necesitan acceso al dólar y dependen de un sistema financiero global dominado por Washington.
Si obedecen las órdenes de Pekín, podrían exponerse a sanciones estadounidenses. Si siguen las restricciones de EEUU, podrían enfrentarse a consecuencias regulatorias dentro de China. Complicado todo.
Pekín activa por primera vez su ley antibloqueo
La orden anunciada el sábado supone la primera aplicación real de una normativa aprobada por China en 2021 para neutralizar sanciones extranjeras consideradas “ilegítimas”.
El Ministerio de Comercio chino confirmó que prohíbe expresamente el reconocimiento y cumplimiento dentro de China de determinadas sanciones estadounidenses dirigidas contra empresas del país.
Según el comunicado oficial, Washington está utilizando restricciones unilaterales que “violan el derecho internacional” y perjudican el comercio legítimo con terceros países.
La medida afecta especialmente a varias refinerías privadas chinas, entre ellas Hengli Petrochemical, una de las mayores compañías independientes del sector energético del país.
Los bancos chinos, atrapados entre dos potencias
La gran preocupación ahora no es únicamente las refinerías, ni mucho menos. Sino las entidades financieras que trabajan con ellas.
Los bancos chinos necesitan operar en dólares para mantener su actividad internacional. Gran parte del comercio mundial sigue liquidándose mediante el sistema financiero estadounidense y muchas entidades dependen de corresponsalías internacionales vinculadas a EEUU.
Eso significa que cualquier banco que incumpla sanciones estadounidenses podría sufrir bloqueos, congelaciones de activos o restricciones operativas.
Varios prestamistas que colaboran con refinerías privadas chinas ya están intentando interpretar el alcance exacto de la medida y buscando instrucciones adicionales de los reguladores.
El petróleo iraní, de nuevo, como conflicto
Detrás del choque entre ambas potencias aparece nuevamente Irán. China continúa siendo uno de los principales compradores de crudo iraní, aunque gran parte de esas operaciones se realizan indirectamente a través de intermediarios y refinerías privadas.
Muchos cargamentos llegan mediante rutas comerciales opacas y posteriormente son transformados en gasolina, diésel y otros derivados.
Las estadísticas oficiales chinas prácticamente no reflejan ese comercio desde hace años, aunque es una pieza clave para el suministro energético del gigante asiático.
Hasta ahora, Washington había centrado gran parte de sus sanciones en operadores pequeños o compañías limitadas. Sin embargo, la inclusión de la todopoderosa Hengli marca un antes y un después.
Esta empresa representa uno de los grupos privados más modernos y estratégicos del sector energético chino, con enormes complejos petroquímicos en la provincia de Liaoning.
Trump podría utilizar las sanciones al sistema financiero
Analistas internacionales en declaraciones a la cadena de televisión Bloomberg, creen que la reacción de Washington será decisiva para determinar hasta dónde puede escalar este nuevo choque económico entre China y Estados Unidos.
El temor principal en los mercados es que la tensión deje de centrarse únicamente en empresas energéticas concretas y termine afectando al sistema financiero chino.
Los expertos advierten que una ampliación de sanciones estadounidenses podría provocar represalias mucho más agresivas por parte de Pekín y abrir un escenario de fuerte tensión financiera global. Otro más.
Imágenes | jeffbalbalosa, El español
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