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Mientras que Europa da vueltas al euro digital, en Hong Kong ya han lanzado su stablecoin

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Javier J Navarro


En la carrera espacial global sobre el futuro del dinero, Europa avanza con cautela, mientras Asia acelera sin complejos. El contraste se ha vuelto especialmente visible entre el proyecto del euro digital del Banco Central Europeo y los avances de Hong Kong en activos digitales vinculados al dinero público y privado.

En la Unión Europea, el euro digital sigue en fase de preparación y diseño, su legislación no ha sido aprobada siquiera. El Banco Central Europeo (BCE) lleva años explorando su diseño, impacto y encaje legal, pero todavía no existe una fecha definitiva de lanzamiento. El proyecto se encuentra en una fase de preparación que incluye decisiones políticas clave sobre privacidad, intermediarios bancarios y límites de uso.

El BCE insiste en que el euro digital no es una criptomoneda ni un stablecoin, sino una forma digital de dinero, equivalente al efectivo pero en formato electrónico. Sin embargo, el proceso es lento (y esta velocidad is not a bug, it's a feature): Europa teme desestabilizar su sistema bancario y también enfrenta fuertes debates políticos sobre control estatal y privacidad financiera.

En Asia el ritmo es otro

Cuando hace década y media hablábamos de que el futuro de las finanzas podría pasar por Shanghai y Hong Kong, parecía ciencia ficción, ahora se habla de China en mucosforos como un rival equivalente de EEUU en muchos campos, aunque todavía no en las finanzas. La Autoridad Monetaria de Hong Kong (HKMA) ha impulsado en paralelo varios proyectos de dinero digital, incluyendo el e-HKD, una moneda digital de banco central (CBDC), y un ecosistema regulado para stablecoins.

 

Técnicamente el e-HKD no es una stablecoin privada ni tampoco es una CBDC (Central Bank Digital Currency, como sería el Euro Digital), en la práctica representa una implementación funcional de dinero emitido por el banco central, ya probado en pilotos con instituciones financieras y casos de uso reales como pagos programables, transferencias y tokenización de activos.

Además, Hong Kong ha dado pasos más agresivos en la regulación de stablecoins privadas, estableciendo marcos legales para permitir su emisión bajo supervisión (en Europa se regula por la MiCA). De momento ha elegido a los dos bancos privados que actualmente emiten sus billetes el HSBC y el Standard Chartered (ambos con sede central en Londres, pero una fortísima presencia en Hong Kong desde la época colonial).

 

Hong Kong quiere convertirse en un hub de pagos en Asia y por eso mueve ficha en un mercado ya competitivo, porque el Banco de la República Popular ya lanzó el e-CNY o Reminbi Digital en los juegos olímpicos de Tokio 2020 (celebrados en 2021). En la torre de arquitectura High Tech del HSBC y en su vecina más estilizada y discreta del Standard Chartered, ya hay gente trabajando en estos proyectos.

Una percepción creciente en los mercados: mientras Europa debate, Asia implementa

El Banco de Pagos Internacionales (BIS) ha hecho ya muchos informes sobre las stablecoins y las CBDC, con enfoques muy divergentes. En Asia, la estrategia suele ser experimental y orientada a la adopción; en Europa, normativa y centrada en el riesgo sistémico.

Este contraste no es solo técnico, sino geopolítico. El control de la infraestructura del dinero digital podría definir la próxima década financiera, desde los pagos internacionales hasta la tokenización de activos y la soberanía monetaria.

En ese contexto, Hong Kong se posiciona como laboratorio financiero de Asia con una fuerte competencia por parte de Singapur y Shanghai, mientras Europa intenta no perder el control del cambio sin precipitarse.

La pregunta de fondo es si la prudencia europea será una ventaja a largo plazo o una desventaja frente a jurisdicciones que ya están desplegando sistemas en producción.

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