Cobrar mucho en España está mal visto por Hacienda. Exprime a las rentas altas con un IRPF que alcanza ya el 54%, 20 puntos por encima de Europa y muy por encima de la OCDE

Sergio Delgado

Los datos son claros: España se sitúa en 2026 entre los países desarrollados con mayor presión fiscal sobre las rentas más elevadas. El tipo marginal máximo del Impuesto sobre la Renta alcanza el 54% si se suma el tramo estatal y el autonómico en determinadas comunidades.

Se trata de una cifra que coloca al país claramente por encima de la media europea y también por encima de los estándares habituales de la OCDE.

La distancia respecto al promedio continental, que ronda el 38% en los tipos más altos, supera los veinte puntos porcentuales.

En el entorno de la Unión Europea, solo Dinamarca, Francia y Austria presentan tipos máximos superiores o similares al español.

Sin embargo, el grueso de economías del continente aplica gravámenes claramente inferiores en el tramo más alto. Entre los miembros europeos de la OCDE, la media del tipo máximo se sitúa en torno al 43,4%, aproximadamente diez puntos por debajo del que se registra en las comunidades españolas con mayor carga.

Un diferencial que supera el umbral recomendado por la OCDE

La propia OCDE ha señalado en distintos informes que cuando la carga fiscal marginal supera determinados umbrales puede situarse en una zona de presión excesiva.

En su análisis comparado, se considera que porcentajes superiores al 52% entran en un espacio de tributación especialmente intenso. España, con un máximo del 54% en algunas regiones, rebasa ese límite teórico.

Este nivel de gravamen tiene implicaciones económicas relevantes. Las tasas marginales elevadas afectan principalmente al último tramo de ingresos, pero influyen en las decisiones de inversión, de localización profesional y de planificación fiscal.

La comparación con Europa y los países emergentes

La brecha es todavía más evidente cuando se observa el mapa fiscal europeo en su conjunto. Países como Hungría aplican un tipo único del 15% sobre la renta, mientras que Estonia sitúa su máximo en el 22% y la República Checa en el 23%.

En Europa del Este y en economías que no forman parte del núcleo de la OCDE, las tasas máximas suelen ser aún más reducidas y, en muchos casos, se estructuran bajo modelos de tipo plano.

Bulgaria y Rumanía gravan la renta con un 10%, Moldavia aplica un 12% y Georgia un 20%. Aunque estas economías tienen estructuras productivas distintas, el contraste refleja la amplia dispersión de políticas fiscales en el continente. 

En comparación, el 54% español destaca como uno de los porcentajes más elevados del entorno desarrollado.

Un sistema descentralizado con grandes diferencias territoriales

El diseño del IRPF en España combina un tramo estatal común con un tramo autonómico cuya regulación corresponde a cada comunidad. Esta estructura genera diferencias notables entre territorios. El tipo máximo del 54% se alcanza en la Comunitat Valenciana, que suma el tramo estatal al autonómico más elevado del país.

Otras regiones también superan o rozan el 50%. Navarra alcanza el 52%, La Rioja el 51,5% y comunidades como Asturias, Canarias, Cataluña y Aragón aplican tipos que se sitúan en el 50%. Por debajo de ese umbral se encuentran Cantabria y el País Vasco con el 49%, Andalucía, Castilla-La Mancha, Galicia y Murcia con el 47%, Castilla y León con el 46% y Madrid, que fija el máximo en el 45%.

Estas diferencias no son menores. La dispersión territorial implica que un mismo nivel de renta puede soportar cargas fiscales distintas en función del lugar de residencia.

En un país con libertad de circulación interna, la variable fiscal adquiere un peso creciente en la toma de decisiones de profesionales y directivos.

Competitividad fiscal y rankings autonómicos

El debate sobre la presión fiscal no se limita al IRPF. El Índice Autonómico de Competitividad Fiscal elaborado por centros de análisis económicos muestra cómo las distintas comunidades configuran entornos más o menos atractivos desde el punto de vista tributario.

En la edición más reciente, Madrid encabeza el ranking con una puntuación superior a siete sobre diez, aunque con una ligera reducción respecto al año anterior.

La capital destaca por su menor carga en el tramo alto del IRPF y por bonificaciones amplias en figuras como Sucesiones y Donaciones. Además, ha anunciado medidas de deflactación de los tramos del impuesto sobre la renta para ejercicios futuros, lo que podría mejorar su posición relativa.

En el extremo opuesto se sitúa Cataluña, que acumula un número elevado de tributos propios y mantiene una presión significativa sobre patrimonio y transmisiones patrimoniales.

Aunque ha introducido ajustes en algunos tramos bajos del IRPF y ha deflactado parcialmente las tarifas iniciales, el conjunto de su sistema fiscal continúa siendo uno de los más exigentes del país.

Imágenes | Pixabay, Expansión

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