¿Es exagerada la venta de software o estamos viviendo el comienzo del desmoronamiento de la burbuja de la IA? Los signos de alarma no dejan de crecer

Sergio Delgado

Wall Street ha empezado el año temblando y no de forma artificial, sino real. La brusca corrección que sufre el sector del software no solo ha borrado meses de euforia bursátil. También ha reabierto el debate sobre si la IA está entrando en una fase de ajuste profundo tras años de expectativas ¿infladas?

El detonante ha sido una combinación de valoraciones exigentes, mensajes prudentes de las compañías y la irrupción de nuevas capacidades de IA que amenazan modelos de negocio muy consolidados.

En apenas unos días, el sector ha pasado de liderar el mercado a convertirse en el epicentro de la volatilidad, alimentando el temor a que la burbuja de la IA empiece a perder aire antes de tiempo. Y que lo haga, además, en 2026.

El desplome del software sacude el relato optimista

Las acciones de software han encadenado una semana especialmente dura, con el principal ETF del sector acumulando caídas superiores al 9% en apenas unos días.

El movimiento no es aislado. Desde sus máximos recientes, el sector ha llegado a ceder cerca de un 30%, un ajuste que contrasta con el rally vivido en ejercicios anteriores, cuando el crecimiento superó ampliamente al del resto del mercado.

El giro ha sido abrupto porque el consenso estaba muy posicionado en estas compañías. Tras subidas superiores al 50% en 2023 y avances relevantes en 2024, muchos inversores asumían que la expansión ligada a la IA aún tenía recorrido. La corrección ha puesto en cuestión ese relato y ha evidenciado que el comercio estaba saturado y con múltiplos difíciles de justificar.

La IA de agentes y el miedo a un cambio estructural

Uno de los factores que más inquietud ha generado es la rápida evolución de la llamada IA de agentes.

Las últimas mejoras anunciadas por algunos desarrolladores han reavivado el temor a que estas tecnologías reduzcan drásticamente la necesidad de licencias de software tradicionales, un pilar básico del modelo de ingresos del sector.

La idea de que sistemas autónomos puedan ejecutar tareas complejas sin depender de múltiples herramientas de software ha sembrado dudas sobre la sostenibilidad de muchos negocios. Para algunos inversores, no se trata de una amenaza coyuntural, sino de un posible cambio estructural que podría redefinir la cadena de valor tecnológica.

Argumentos que defienden que la caída es excesiva

No todos comparten la visión más pesimista. Una parte del mercado considera que la venta masiva ha ido demasiado lejos y que se está castigando de forma indiscriminada a empresas con posiciones sólidas.

Gestores como John Campbell, responsable de renta variable sistemática en Allspring Global Investments, sostienen que los grandes actores no van a ser desplazados con facilidad.

Desde esta óptica, las compañías consolidadas ya están integrando sus propios agentes de IA para reforzar sus productos, mejorar la eficiencia y ampliar márgenes.

El paralelismo con episodios anteriores, como el impacto inicial de modelos disruptivos que luego se diluyeron, refuerza la tesis de que el ajuste puede ser más emocional que racional.

Valoraciones todavía exigentes pese a la corrección

Sin embargo, incluso entre quienes ven oportunidades, persiste la cautela. Muchas empresas de software siguen cotizando con múltiplos elevados. El sector se mueve en ratios de beneficios cercanos a cuarenta veces, un nivel que históricamente no suele marcar suelos de mercado.

Greg Swenson, cogestor de un fondo industrial de referencia, ha advertido en palabras a la BBC de que este tipo de liquidaciones rara vez se detienen en medias históricas.

En su experiencia, los procesos de ajuste tienden a ir más allá, especialmente cuando están impulsados por un componente emocional y por un cambio de narrativa tan profundo como el actual.

Resultados sólidos que no convencen al mercado

Paradójicamente, la corrección se produce en un contexto en el que muchas compañías siguen presentando cifras de crecimiento relevantes. El problema no es tanto el presente como el futuro.

El mercado empieza a cuestionar si los incrementos de inversión en infraestructura, talento y desarrollo ligados a la IA se traducirán en retornos suficientes.

El aumento del gasto de capital y el uso intensivo de compensación basada en acciones han vuelto a situarse bajo el foco. Para algunos inversores, estas dinámicas erosionan la calidad de los beneficios y justifican una revisión a la baja de las valoraciones.

Señales de rotación hacia la economía real

Más allá del software, el movimiento ha tenido efectos colaterales. Sectores vinculados a la economía real, como la industria, la energía o los materiales, han mostrado mayor resistencia al beneficiarse indirectamente de la construcción de centros de datos y de la demanda física asociada a la expansión tecnológica.

Este cambio sugiere una rotación de capital desde los valores más ligados a expectativas futuras hacia actividades con flujos de caja más tangibles. Incluso dentro del mercado estadounidense, los índices con mayor peso industrial han aguantado mejor que los dominados por tecnología.

¿Corrección saludable o ruptura del comercio de IA?

El gran interrogante sigue abierto. Algunos estrategas creen que el mercado se ha adelantado y que la caída acabará siendo recordada como un ajuste necesario tras años de euforia. Otros temen que sea la primera fase de una revisión más profunda del papel de la IA en los beneficios empresariales.

Imágenes | Pixabay, Unplash

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