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La factura de la IA inquieta a los inversores y convierte a Microsoft en símbolo del nuevo nerviosismo del mercado tecnológico: invertir sin retorno ha terminado

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Sergio Delgado

Durante meses, la inquietud por el desembolso necesario para sostener la carrera de la inteligencia artificial ha permanecido latente en Wall Street.

No era un miedo visible en los gráficos, pero sí una duda real en los despachos de los grandes fondos. El mercado asumía que el gasto sería elevado, siempre que viniera acompañado de un crecimiento claro y sostenido que lo justificara.

Ese delicado equilibrio acaba de romperse. La última temporada de resultados ha actuado como catalizador de un nerviosismo que ya no se disimula y que ha puesto a una de las grandes referencias del sector en el centro de todas las miradas.

La cuestión ya no es si la inteligencia artificial transformará la economía, sino quién será capaz de rentabilizarla sin que la factura termine pasando factura en bolsa.

Microsoft y el despertar del escepticismo inversor

Microsoft presentó unos resultados operativos sólidos, pero el foco del mercado se desplazó rápidamente hacia dos factores clave.

Por un lado, la desaceleración del crecimiento de Azure, su negocio de computación en la nube, y por otro, un volumen de inversión de capital que supera los cien mil millones de dólares previstos para el ejercicio.

La reacción fue. Una caída bursátil cercana al 10% en una sola sesión y la peor semana para la compañía desde los primeros compases de la pandemia en 2020.

El ajuste supuso la destrucción de cientos de miles de millones de dólares en valor de mercado en apenas dos jornadas. Más allá del golpe puntual, el movimiento dejó al descubierto una nueva sensibilidad del inversor tecnológico, mucho menos dispuesto a pagar valoraciones exigentes si el crecimiento no acompaña al ritmo del gasto.

El contraste con Meta y la cuerda floja del sector

La reacción del mercado ante los resultados de Meta Platforms ilustró bien esa tensión. La compañía sorprendió con la previsión de su mayor crecimiento trimestral de ingresos en más de cuatro años, lo que impulsó sus acciones con fuerza en un primer momento.

Sin embargo, el entusiasmo se enfrió cuando el mercado digirió que el grupo planea elevar de forma significativa su inversión de capital en los próximos ejercicios, un recordatorio de que la expansión tiene un precio elevado.

Este vaivén refleja la estrecha cuerda floja por la que caminan las grandes tecnológicas tras varios años de rally alimentado por la promesa de la inteligencia artificial.

El mercado tolera desembolsos masivos siempre que los resultados acompañen. Cuando la visibilidad se reduce, la penalización llega sin contemplaciones.

La era de la monetización obligatoria de la IA

El mensaje que se impone entre los profesionales del mercado es claro. La etapa de invertir sin rendir cuentas ha terminado y ahora se exige demostrar cómo ese capital desplegado se traduce en ingresos reales y sostenibles.

La inteligencia artificial ha dejado de ser una narrativa futurista para convertirse en una prueba de fuego para las valoraciones actuales.

Esta presión será especialmente visible con la publicación de resultados de otros grandes actores del sector. Alphabet y Amazon se enfrentan a unas expectativas elevadas tras años de inversión agresiva en infraestructura y modelos de IA.

En conjunto, las principales tecnológicas destinarán más de quinientos mil millones de dólares a inversión de capital este año, una cifra que pone a prueba la paciencia del mercado.

Valoraciones exigentes y expectativas al límite

Alphabet llega a este momento como el valor más destacado del grupo de grandes tecnológicas en los últimos meses, impulsado por el éxito de sus desarrollos en inteligencia artificial y por la expectativa de que sus chips propios refuercen el crecimiento de su negocio en la nube.

Sin embargo, la acción cotiza a múltiplos que no se veían desde hace casi dos décadas, lo que eleva el listón de forma considerable.

Amazon, por su parte, afronta el reto de mantener el impulso de Amazon Web Services tras registrar la mayor expansión en casi tres años.

En ambos casos, el mercado observa con lupa si el crecimiento será suficiente para absorber el aumento del gasto sin deteriorar la rentabilidad a medio plazo.

Señales de rotación y cansancio en el mercado

El nerviosismo no se limita a movimientos puntuales. En los últimos meses, los inversores han empezado a reducir exposición a las grandes tecnológicas y a buscar alternativas en sectores más cíclicos.

El índice que agrupa a los denominados Siete Magníficos, que incluye también a Apple, Tesla y Nvidia, ha mostrado un comportamiento más débil que el conjunto del mercado desde sus máximos recientes.

Casos como el de Oracle, que tras un rally espectacular ha sufrido una corrección profunda, refuerzan la idea de que el entusiasmo por la nube y la IA empieza a ser examinado con mayor rigor.

La duda sobre si los compromisos de gasto de clientes emergentes se materializarán completamente añade incertidumbre a un escenario ya exigente.

El papel de los grandes inversores y fondos

Las señales de cautela también se reflejan en el posicionamiento de gestores y fondos de cobertura. Datos recopilados por Bloomberg muestran que la tecnología ha sido uno de los sectores más vendidos recientemente por este tipo de inversores.

Informes de Barclays y Deutsche Bank apuntan en la misma dirección, con una rotación progresiva hacia sectores considerados menos expuestos al ciclo de gasto en IA.

Las principales mesas de corretaje, incluidas las de Goldman Sachs, reflejan un aumento de las ventas netas en tecnología de la información durante varias semanas consecutivas, una señal de que el mercado está recalibrando expectativas.

La inteligencia artificial sigue siendo vista como una de las grandes palancas de crecimiento de la próxima década pero ¿a toda costa?

Imágenes | Pixabay, Unplash

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