
Albañiles, fontaneros y electricistas figuran entre los perfiles más difíciles de encontrar, lo que retrasa la ejecución de obras.
El retraso en la llegada de los materiales o de trabajadores que hay días que no acuden a la obra es otro problema que se repite.
Es la tormenta perfecta. Faltan profesionales como albañiles, fontaneros, electricistas, yeseros y, a la par, se multiplica la gente que quiere hacer algún tipo de reforma en casa. ¿La consecuencia directa? Que esta puede volverse una tarea interminable.
Y claro, lo que comienza con ilusión termina, en demasiadas ocasiones con una enorme frustración, acumulando meses de retrasos, cambios de presupuesto, problemas para encontrar profesionales y esperas interminables para que lleguen los materiales. “Lo que más tardó fue el suelo y la cocina”, comenta Raquel Pérez, una “víctima” de esta situación que se repite en muchos hogares.
Retrasos que convierten una reforma en una prueba de paciencia
Raquel compró una vivienda en 2022 convencida de que en poco tiempo podría instalarse en ella. Sin embargo, este periplo duró mucho más de lo que esperaba. De hecho, durante gran parte de la obra tuvo que vivir con familiares y ni siquiera pudo llevar consigo a sus dos gatos.
"Por seguridad, no han podido venir al piso conmigo hasta que hemos casi acabado la reforma, habiendo riesgo de que se hiriesen o saltasen por la ventana", explica.
Entre los principales problemas señala los continuos retrasos en la llegada de materiales. "Lo que menos me esperaba era un problema de materiales. Resulta que con la guerra de Ucrania los precios no han parado de subir y eso me lo han dicho varias personas. Entonces, el carpintero tarda porque no tiene material y si el carpintero no viene, no puede venir el albañil, y así con todo".
Faltan profesionales en casi todos los oficios
El sector de la construcción lleva años alertando sobre la dificultad para incorporar nuevos trabajadores cualificados. Albañiles, fontaneros y electricistas figuran entre los perfiles más difíciles de encontrar, provocando que muchas ofertas permanezcan abiertas durante semanas o incluso meses.
Además, el envejecimiento de la plantilla y la escasa incorporación de jóvenes agravan todavía más la situación.
La propia Raquel lo conoce de cerca por la experiencia de su padre, dedicado desde hace décadas a la construcción. "Mi padre siempre comenta que los oficiales de primera son gente bastante mayor", asegura. "Él, con 63 años, es de los más jóvenes. Los últimos con ese nivel de formación tienen 58 o 59. Y como hoy en día no está bien pagado, nadie quiere meterse en la construcción. Es un trabajo duro y complejo". También recuerda que "en albañilería tienes que saber de muchos palos", porque las reformas obligan a dominar distintas especialidades.
Un retraso genera otro
La falta de profesionales provoca un efecto dominó que afecta a toda la planificación de las obras.
Nacho Fernández, director de desarrollo técnico de Lumon España, explica que resulta habitual que un cliente no pueda avanzar porque todavía espera la intervención de otro gremio.
"Muchas veces hay retrasos en nuestra planificación porque el cliente nos dice que esa obra no está completa, que no consigue un albañil, que no consigue un contacto o un manitas que le haga el apaño para poder continuar", afirma.
Según el directivo, esta situación perjudica tanto a clientes como a empresas, ya que "sufre el cliente, sufre el profesional. Hay una merma en la mano de obra específica".
Además, advierte de que las prisas por cumplir plazos pueden afectar directamente a la calidad del trabajo. "El primero es la calidad: si una empresa tiene que cumplir plazos, contrata lo que pase por delante, sepan o no sepan. Eso baja la calidad y la satisfacción del cliente".
Cuando la coordinación también falla
A la escasez de mano de obra se suma, en muchos casos, una planificación deficiente. La experta en marketing Henar Plaza vive una situación similar durante la reforma de su vivienda en Brunete. Según explica, la empresa encargada de la obra dejó de acudir en numerosas ocasiones.
"La empresa responsable de la obra se ha ausentado en múltiples ocasiones", señala. "En algunos casos avisando previamente de que no acudirían y en otros sin ofrecer ningún tipo de comunicación".
La consecuencia fue que numerosos días de trabajo se perdieron completamente. Más adelante aparecieron problemas de coordinación entre proveedores y diferentes equipos de obra, ralentizando aún más los trabajos.
En su caso, además, existía un importante condicionante personal. "Nuestro objetivo era finalizar la obra antes de la llegada del bebé. Sin embargo, el plazo previsto no se ha cumplido: el bebé ya ha nacido y tiene un mes, la reforma continúa en proceso y nosotros seguimos residiendo temporalmente en casa de un familiar".
Tener un plan... y mucha paciencia
Quienes han pasado por una reforma prolongada coinciden en ofrecer recomendaciones similares. "Mi primer aviso sería: ten dinero y otra casa en la que vivir", resume entre risas Raquel Pérez. "Cuanto más das, más rápido vienen y más hacen. Y si te puedes permitir no vivir en el piso mientras lo reformas, mejor".
Más allá del aspecto económico, considera fundamental asumir que aparecerán contratiempos.
"Lo realmente importante es armarse de paciencia y rodearse de gente que te acompañe y soporte en los malos momentos", explica.
También recomienda disponer de un presupuesto suficiente para evitar que las interrupciones prolonguen todavía más un proceso que "genera un estrés que no te imaginas hasta que estás en ello".
Imagen | Olek Buzunov, Julia Taubitz
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