La inflación se come casi un 25% del ahorro parado en 10 años. La pregunta no es si meterlo en depósitos bancarios, sino en cuáles

A unos niveles normales, la subida de precios se come un 25% del ahorro parado a 10 años. Mover el dinero es clave, pero no en cualquier producto.

Pablo Rodríguez

Colaborador

La inflación es un término que nos lleva acompañando casi a diario desde hace años, particularmente desde el estallido de la guerra de Ucrania, cuando se disparó tras un periodo bastante baja. La mayoría entiende que esa palabra explica por qué la gasolina está más cara o por qué llenar la cesta del súper ahora te cuesta 20 euros más que hace un año, sin que tus hábitos hayan cambiado lo más mínimo. Sin embargo, no son tantos los que comprenden el verdadero impacto a largo plazo de la cifra que suele acompañar al término inflación.

Si hacemos números, el golpe para nuestros bolsillos es demoledor: a diez años, en un escenario optimista con una inflación que ronde el 2% anual, que es el objetivo del Banco Central Europeo (BCE), la pérdida del ahorro acumulada sería de alrededor del 18%. Y si nos vamos a un escenario algo peor, y tal vez más realista, en la que de media en la década la inflación se sitúe entre el 2,6 y el 2,9% anual, nuestro dinero valdría cerca de un 25% menos para 2035.

Una pérdida de poder adquisitivo que se entiende mejor con cifras concretas. Para un ahorro de 20.000 euros, una inflación anual media del 2% se come casi 3.600 euros en diez años, dejando esos 20.000 euros con un valor real para entonces de 16.400 euros de hoy. Y en un escenario realista, con una inflación de entre el 2,6% y el 2,9%, la pérdida sería de unos 4.700 euros, con lo que el ahorro valdría en una década el equivalente a 15.300 euros actuales.

Para defendernos de esta depreciación de nuestros ahorros, una fórmula habitual es recurrir a productos de renta fija, entre los que destacan los depósitos bancarios por su mejor rentabilidad respecto a otros como las cuentas remuneradas o las cuentas de ahorro. Sin embargo, aunque es una estrategia acertada y coherente, hay que tener cuidado, porque si pensamos que con contratar cualquiera de estos instrumentos con rentabilidades cercanas o por encima de la inflación es suficiente, nuestro dinero seguirá perdiendo mucho valor a largo plazo.

Depósitos bancarios para combatir la inflación


banca sistema

mano bank 

HAITONG

ferratum

klarna

duración

6 meses

1 año

2 años

3 años

4 años

rentabilidad

2,31%

2,94%

2,76%

3,20%

2,90%

importe

5.000€ - 100.000€

20.000€ - 100.000€

10.000€ - 100.000€

50€ - 100.000€

1 € - Sin máximo

frecuencia de pago

Al vencimiento

Al vencimiento

Al vencimiento

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Al vencimiento

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La letra pequeña de los depósitos bancarios

La oferta de depósitos bancarios disponible en España es amplia, y en muchos casos las rentabilidades que ofrecen se acercan o incluso superan a las cifras de la inflación. Por ejemplo, el depósito a plazo fijo de Ferratum a tres años (el más rentable del momento) ofrece un 3,2% TAE, mismo número de la inflación en el mes de abril de 2026, según los últimos datos compartidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Un empate que nos puede llevar a pensar que estamos bien defendidos, en particular si somos conscientes de que esa cifra de inflación es más abultada de lo que venía siendo en los últimos meses por culpa del conflicto en Oriente Próximo, y que podría bajar si la guerra concluye pronto. Pero no, la realidad es bien distinta.

Porque las cifras con las que todos los bancos promocionan sus depósitos a plazo fijo son brutas, por lo que no incluyen los impuestos que el beneficiario tendrá que pagar por el dinero que ha generado su ahorro. Después de los tributos, que de base son del 19% para este tipo de ingresos, la rentabilidad real se queda bastante por debajo de la anunciada y es en la mayoría de los casos insuficiente para frenar por completo la pérdida de poder adquisitivo.

Si volvemos al ejemplo del depósito a plazo fijo de Ferratum al 3,20% TAE y le aplicamos los impuestos base del 19%, la rentabilidad neta se nos quedaría en un 2,59% TAE. Y eso con el producto de renta fija bancaria que mejor rentabilidad ofrece en estos momentos sin vinculaciones. Porque algunos de estos instrumentos exigen contratar otros servicios que restan aún más beneficios. 

Depósitos a plazo fijo: una ayuda, no un escudo

Los depósitos bancarios, por lo tanto, no son un escudo que nos proteja al 100% de la inflación, o al menos no suelen serlo. Y, de hecho, es un error atribuirles ese papel, porque sus virtudes son otras: ofrecer una seguridad a sus titulares que otros productos más lucrativos, como los fondos de inversión o las acciones, no pueden garantizar.

Con los depósitos a plazo fijo el dinero no se pone en juego, por lo que la posibilidad de sufrir pérdidas es prácticamente nula. El único peligro real es que la entidad a la que pertenece el producto se declare insolvente y no pueda devolver los ahorros a su dueño. Pero en ese caso existe un mecanismo de protección en todos los países de la Unión Europea que cubre esa eventualidad: el fondo de garantía de depósitos, que cubre hasta 100.000 euros por cliente y entidad.

A cambio de esa enorme seguridad, la rentabilidad neta de los depósitos bancarios es modesta y no suele batir a la inflación. Por eso hay que pensar en ellos como una ayuda, no como un escudo total: reducen el golpe, algunos de ellos considerablemente, a cambio de asegurar los rendimientos y no poner en riesgo tus ahorros.

No obstante, como los depósitos bancarios fijan el interés durante toda la vida del producto, si se contrata uno a largo plazo y con una rentabilidad alta, existe la posibilidad de que la inflación se reduzca en un tiempo y sí se bata con lo que da ese instrumento. Pero esto, claro, es especular con la evolución de la economía. Lo normal es que los depósitos a plazo fijo no batan la inflación.

Depósitos bancarios: ¿qué hacer?

Como ya apuntábamos en el titular, con una inflación que amenaza con comerse casi el 25% de nuestros ahorros en una década, la pregunta no es si hay que contratar un producto de renta fija o dejar el dinero en la cuenta corriente, sino qué instrumento de renta fija contratar. Porque la alternativa es perder mucho poder adquisitivo. Los depósitos bancarios son una de las mejores opciones para mantener el valor de nuestros ahorros por sencillez, seguridad y rentabilidad, pero su elección depende de las preferencias de cada usuario y se debe llevar a cabo después de analizar las distintas variables y productos del mercado.

Si se decide que, efectivamente, los depósitos bancarios son el producto que mejor se adapta a nuestras preferencias, hay que ser conscientes de que no todos son iguales, y que elegir con criterio puede acercar o alejar considerablemente el objetivo de combatir la inflación. 

En primer lugar, hay que tener cuidado con la cifra de intereses anunciada por la entidad. No sólo porque se trate de una cantidad bruta que, como hemos visto antes, es menor de la que efectivamente va a llegar a nuestros bolsillos. También porque, en algunos casos, se trata de remuneraciones bonificadas para las que hay que cumplir con algún tipo de vinculación: domiciliar la nómina, contratar un plan de pensiones, un plan de inversión, una hipoteca, etc.

Cuando esas vinculaciones implican la contratación de un producto adicional, la rentabilidad del depósito a plazo fijo se puede ver reducida considerablemente, porque el instrumento vinculado suele tener un coste adicional que puede anular la bonificación de intereses. Y, en ocasiones, incluso restar remuneración en lugar de sumarla.

Por eso, es importante comprobar si los intereses anunciados por la entidad requieren algún tipo de vinculación, y si la exigen, si implica contratar algún producto con un coste adicional. Si el usuario ya tiene un plan de pensiones o de inversión con la entidad, no altera sus gastos y todo serán beneficios. Pero si debe contratarlos exclusivamente para conseguir la bonificación, es posible que no le salga a cuenta. 

Otro criterio importante es el plazo elegido. Los depósitos bancarios a tres, cuatro o cinco años suelen tener intereses más altos, pero hay que tener cuidado con ellos porque el titular no podrá disponer de ese dinero hasta el vencimiento, lo que puede hacer que tenga serios problemas en caso de una emergencia monetaria. En el mejor de los casos, el banco le dejará retirarlo antes de tiempo si paga una comisión por cancelación anticipada.

Por eso, aunque suene tentador un depósito bancario con unos intereses altos, hay que pensar si se puede prescindir de ese dinero hasta la fecha de vencimiento del producto. Porque de nada sirve una rentabilidad neta que roza la inflación si, en un momento determinado, hay que cancelar el producto y pagar por ello. O, peor, si no se puede recuperar y hay que recurrir a un préstamo. 

Así pues, es aconsejable elegir un depósito bancario sin vinculaciones, o con vinculaciones que se adapten naturalmente a nuestro perfil financiero, y con plazos cómodos que no pongan en peligro la estabilidad de la economía familiar en casos de emergencia. Y dentro de los que cumplan con estos criterios, claro, el que ofrezca unos intereses más altos. 

 

 


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