Dar el paso de empezar a invertir no es fácil. Por mucho que leas, te informes y formes, creo que el primerizo siempre sentirá el cosquilleo de los nervios en el estómago al enviar su primera orden de compra. Al menos a mí me pasó. Porque ninguna formación, por sólida que sea, te salva de un revés inesperado del mercado (son las mismas guías educativas las que te advierten sobre esto). También, porque nunca antes había puesto mi dinero en juego (ni la lotería echo). Y porque no es que en mi cartera sobrasen los billetes.
Pero había decidido empezar a invertir e iba a hacerlo a pesar de mis temores. Y opté por una estrategia que, según había leído, era ideal para personas con pocos ingresos y sin demasiados conocimientos o experiencia: el Dollar Cost Averaging (DCA), también conocida como Euro Cost Averaging en Europa, o inversión sistemática. Consiste en destinar todos los meses una cantidad fija y pequeña a la compra de uno o varios activos, independientemente de si el mercado está al alza o a la baja.
Consulté varios estudios de referencia sobre el DCA de Vanguard Research y de Morningstar Research antes de empezar a invertir, aunque el que más llamó mi atención fue el titulado “Does Market Timing Work? (¿Funciona el market timing?) del Centro de Estudios Financieros Charles Schwab. En éste se explicaba que la eficiencia de esta estrategia se acercaba mucho, según sus investigaciones, a la de un hipotético inversor que comprase siempre en el momento exacto en el que el mercado está más bajo. Algo sorprendente si tenemos en cuenta que conseguir entrar siempre en ese momento es imposible, pero invertir todos los meses la misma cantidad de dinero no sólo era factible, sino muy cómodo y fácil, porque ni siquiera hay que seguir la evolución del mercado.
¿Había descubierto la gallina de los huevos de oro? Ni mucho menos, porque hay muchos matices que es importante explicar para que el Dollar Cost Averaging sea realmente eficiente. Pero he de decir que, después de casi cinco años destinando 150 euros todos los meses a este plan, no puedo estar más satisfecho de mi decisión. A continuación detallo los porqués.
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¿Qué es el DCA?
Antes de explicar los detalles del Dollar Cost Averaging es importante tener claro lo que es. Se trata de una estrategia de inversión que consiste en aportar una cantidad de dinero fija a intervalos regulares, por ejemplo, todos los meses, ignorando si el mercado está marcando máximos o sufriendo una caída. De este modo, el inversor adquiere activos en todos los escenarios posibles (baratos y caros), obteniendo un precio de compra promedio muy competitivo que mitiga el riesgo del momento de entrada y elimina los sesgos emocionales.
Esta estrategia se apoya en dos premisas: asume la tendencia alcista natural del mercado a largo plazo y reconoce la imposibilidad de adivinar el futuro a corto plazo. Al automatizar la compra, utilizamos la volatilidad del mercado a nuestro favor para construir un patrimonio rentable con el paso de los años.
La lógica del DCA en inversiones: no vale para todos
Lo primero que tengo que subrayar es que a mí el DCA me ha funcionado muy bien porque desde el principio se adaptó a mis particularidades financieras y personales: cuando empecé tenía poca capacidad de ahorro, mis aportaciones salían necesariamente del sueldo que cobrara al final de mes y no disponía de tiempo para estar siguiendo la evolución del mercado, ni conocimientos suficientes para hacer interpretaciones acertadas. Para un perfil como este, el Dollar Cost Averaging puede ser una estrategia excelente.
El mismo informe del Centro de Estudios Financieros Charles Schwab, así como otros de Vanguard y Morningstar, señalaban que para alguien que dispone de un buen ahorro es ligeramente más eficiente entrar de lleno con esa cantidad, incluso si el mercado está en máximos, si la intención es operar a largo plazo. La razón que esgrimen esos estudios es que al tener el mercado de valores un sesgo alcista natural, conviene entrar en él cuanto antes si ya se dispone del dinero y se está convencido de la inversión.
Esa teoría está muy bien, pero hay que tener en cuenta una variable que va más allá de la puramente matemática: el factor humano. Los datos dicen que entrar de golpe con tus ahorros en activos que te convenzan (previo análisis y reflexión) suele ser más eficiente. Pero si dispones de 25.000 euros para invertir y al día siguiente de comprar el mercado sufre un batacazo y cae un 20%, no hay estudio que vaya a amortiguar el terror de ver que en cuestión de horas han volado 5.000 euros de tu ahorro. Es frecuente que, en estos casos, el pánico lleve a vender ante el temor de perder aún más y la operación acaba siendo un auténtico desastre.
Por eso el DCA es interesante para los inversores principiantes, además de para los que tienen pocos ahorros: aunque entrar de golpe es más eficiente, hacerlo con aportaciones mensuales más reducidas es psicológicamente más llevadero y suele evitar vender por pánico a perder todos los ahorros que tanto han costado atesorar. En cualquier caso, conviene recordar algo muy importante: en el mercado de valores nunca pierdes hasta que vendes. Por eso es fundamental destinar a estas operaciones dinero que no se va a necesitar, porque en caso de caídas importantes, es probable que el valor se recupere con el tiempo si tenemos algo de paciencia.
Otro aspecto que hay que subrayar es que no todos los activos funcionan con esta estrategia. Aunque el sesgo alcista natural que los estudios atribuyen al mercado de valores es, en general, correcto, hay determinados instrumentos de inversión que pueden no seguir esa tendencia por problemas empresariales (acciones) o por la volatilidad propia del producto (criptomonedas). Por ello, los activos ideales para una estrategia DCA son los ETF y los fondos indexados de índices.
Invertir en ETF de índices para la estrategia DCA
La razón es sencilla: tanto los ETF como los fondos indexados de índices capturan la tendencia media del mercado, que sí que suele ser alcista a largo plazo, en lugar de la de una sola empresa, que puede tener problemas de ventas, proveedores, reputación, etc. Y ni hablar de las criptomonedas, que son activos mucho más volátiles e imprevisibles.
Cabe recordar que índices como el S&P 500, el Nasdaq, el Eurostoxx 50 o el Ibex 35 están formados por las empresas de mayor capitalización bursátil y solvencia de sus mercados, y que tienen estrictas normas económicas para que cualquier compañía forme parte de ese selecto club. En el momento que uno de los miembros deja de cumplir con los requisitos, es sustituido por otro en crecimiento que llegue a los números exigidos. Esto implica que el índice siempre estará formado por las empresas más solventes y, por lo tanto, sí cumplirá a largo plazo con ese sesgo alcista natural.
Los fondos indexados y ETF de índices tratan de igualar o batir la cotización del mercado que toman como referencia, para lo que compran acciones de las empresas que los componen en la misma proporción que peso tienen en el índice, o al menos una selección representativa de dichas compañías. Por lo tanto, estos activos sí capturan ese sesgo alcista y encajan a la perfección en una estrategia Dollar Cost Averaging.
En mi caso particular, aposté por un ETF del S&P 500 y otro del Eurostoxx 600: el Invesco S&P 500 UCITs ETF (ISIN: IE00B3YCGJ38) y el Amundi Core Stoxx Europe 600 UCITS ETF (ISIN: LU0908500753). Para quienes estén interesados en ellos, ambos se pueden adquirir en los brókers del cuadro de más abajo. Pero esto, en ningún caso, es una recomendación de inversión: si te parecen interesantes, investiga, compara y saca tus propias conclusiones antes de invertir, teniendo siempre en cuenta que el riesgo de perder dinero es alto.
Estrategia DCA: ineficiencias que matan la rentabilidad
Para exprimir al máximo la rentabilidad de la estrategia DCA hay que tener en cuenta algunos aspectos más: los costes y los impuestos. En lo que se refiere a los costes, los brókers y las sociedades de inversión que crean y gestionan los ETF y los fondos indexados cobran por sus servicios, por lo que hay que tratar de encontrar la solución más económica para ganar más.
Aquí hay que diferenciar a los ETF de los fondos indexados, porque funcionan de forma diferente y sus costes también lo son. En general, los ETF más baratos suelen tener tarifas de gestión más económicas que los fondos indexados más económicos, pero los fondos indexados permiten a los inversores hacer aportes periódicos sin comisiones y en los ETF esto depende del bróker: los hay que no cobran por comprarlos, y otros que sí.
Yo me decidí por los ETF de índices porque el bróker con el que opero no cobra comisiones por adquirirlos. Por lo tanto, no tengo que pagar un peaje mensual que, dado lo reducido de la inversión, podría comerse entre un 1% y un 3% de mi ahorro sólo por entrar. En el caso de que el bróker cobre por la compra, los fondos indexados son mucho más eficientes.
Otra diferencia importante entre ETF y fondos indexados para esta estrategia es la fiscalidad. La legislación española permite a los propietarios de fondos indexados traspasar su capital más sus ganancias de un fondo a otro sin tributar: los impuestos se pagan cuando el inversor hace la retirada definitiva para quedarse con los beneficios. Esto da mayor flexibilidad al propietario porque puede cambiar el dinero de un instrumento que haya perdido eficiencia sin dejar de aprovechar al máximo el interés compuesto.
Los ETF, a pesar de ser también fondos (concretamente, fondos cotizados), no se pueden acoger a esta normativa porque sus características son ligeramente diferentes. Esto supone que cada vez que se quiera cambiar de un ETF a otro habrá que pagar los correspondientes impuestos sobre las ganancias obtenidas. Yo opté por los ETF porque me parecían más líquidos (se pueden vender con mayor facilidad) y porque estaba y estoy convencido de que los instrumentos que tengo en cartera son los más eficientes para mi estrategia.
Acumulación o de distribución
Un último aspecto que se debe tener en cuenta al elegir fondos indexados o ETF de índices es que los hay de dos tipos en relación con los dividendos que reparten las empresas que los conforman: de acumulación y de distribución. Los primeros se quedan con ese dinero y lo reinvierten, favoreciendo el crecimiento del valor del instrumento, mientras que los segundos los entregan a los inversores, proporcionándoles pequeños ingresos regulares, normalmente cada tres meses.
Para una estrategia DCA, lo más probable es que la mejor fórmula sea la de acumulación, porque favorece el interés compuesto: al no salir del fondo, ese pago no genera obligaciones tributarias en ese momento, por lo que se puede utilizar íntegramente para favorecer el crecimiento del ETF o fondo indexado. Sin embargo, hay inversores que prefieren conseguir unos ingresos extras cada cierto tiempo por sus ahorros, por lo que se trata de una decisión muy personal.
¿Por qué es lo mejor que pude hacer con mi dinero?
La estrategia DCA me ha permitido crear un patrimonio muy interesante después de algo menos de cinco años invirtiendo religiosamente 150 euros todos los meses sin tener ingresos altos y, al principio, con pocos ahorros. En este tiempo, el capital aportado, unos 8.000 euros, me ha generado una rentabilidad del 35% aproximadamente, lo que se traduce en un poco menos de 3.000 euros. Tal vez haya quien piense que la cifra no es muy elevada, pero conseguir 3.000 euros extra para alguien que ahorraba muy poco y tenía ingresos bajos es mucho.
Además, la estrategia DCA reforzó mi disciplina de ahorro. Los 3.000 euros conseguidos más los 8.000 euros ahorrados hacen que ahora tenga más de 11.000 euros en dos instrumentos eficientes que siguen creciendo y que, gracias al interés compuesto, pueden seguir dándome muchas alegrías en el futuro sin que tenga que dedicarles ni mucho tiempo ni muchos fondos.
Ha habido momentos malos, no voy a negarlo. En 2022, cuando la cartera cayó cerca de un 20%, me entró algo de miedo. Y digo algo porque por aquel entonces llevaba muy poco invertido y al no tener mucho dinero en juego, no cundió el pánico. Aposté por seguir la lógica que señalaba el estudio del Centro de Estudios Financieros Charles Schwab: el promedio del mercado de esta estrategia funciona porque sigue invirtiendo en las caídas, de tal forma que en éstas adquieres más participaciones en el ETF por menos, y compensa los momentos en los que se compra en máximos. Así ha sido en mi caso.
Además, conforme mi inversión fue aumentando con los aportes periódicos, el hecho de tener ya una suma considerable en dos activos incentivó mi curiosidad e hizo que me siguiese formando en el mercado de valores. Esto me ha permitido entrar en otras operaciones de naturaleza distinta y seguir aprovechando las distintas oportunidades que brindan estos productos. Pero esa es historia para otro artículo.
En definitiva, la estrategia DCA es muy interesante para quienes quieran empezar a invertir sin muchos ahorros, con ingresos bajos y conocimientos básicos del mercado de valores. Por sus características, los fondos indexados y ETF de índices son idóneos para esta forma de operar. Pero es importante tener en cuenta que se trata de renta variable, por lo que es posible que el valor de los activos adquiridos caiga por debajo del precio de compra en determinados momentos, provocando pérdidas. Antes de invertir mediante esta estrategia o cualquier otra, es muy importante analizar bien los activos, la operación y los riesgos a los que exponemos nuestro dinero para determinar si lo entendemos todo bien y si es lo que estamos buscando.
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